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"Llegamos a Guaduas, un pueblo bellamente situado sobre una llanura bordeada de montañas -escribió Church a su padre-. Este lugar es frecuentado por los bogotanos como sitio de descanso, para calentarse. En Guaduas, el termómetro siempre marca 25 grados, mientras que en Bogotá no varía de 15 grados desde que llegamos, día y noche (...). Allí alquilamos unas mulas para dirigirnos a Bogotá. El paisaje es espléndido. Nuestro recorrido consistió invariablemente en ascender una montaña y descender la siguiente. Todo cuanto veía me encantaba. Las flores que crecen a la orilla del camino hubieran sido un deleite para cualquier botánico".
Durante seis meses viajó por el país y llegó a Ecuador, pues tenía la obsesión de conocer sus volcanes increíbles: el Chimborazo y el Cotopaxi. Sin embargo, estuvo poco tiempo. Al parecer el clima no ayudó mucho y los picos estaban colmados de nubes. Regresó a Estados Unidos y en 1857 volvió a emprender la travesía. En esta ocasión sí le hizo el homenaje al Chimborazo y al paisaje suramericano que luego llevaría a la tela en The Heart of the Andes.
En 1859 se lo mostró al público como un gran espectáculo en Nueva York, tal como lo cuenta Navas en los recortes de prensa y relatos que encontró al respecto. "Como algo muy novedoso, el cuadro fue exhibido en un marco de madera muy elaborado y con un planteamiento escenográfico bastante sofisticado -escribe-. Manejando el color de las paredes, las luces del recinto y la iluminación del cuadro, se logró convertir este en 'la fuente de luz aparente, magnificando su capacidad de ilusión, como los panoramas y dioramas de la época, y anticipándose al ilusionismo de las imágenes del cine actual' ".
Gracias a los 25 centavos pagados por los cientos de visitantes, logró recaudar 3.200 dólares, además de los 6.000 adicionales por los grabados realizados de la pintura en Londres. Valores nada despreciables pues el cuadro fue vendido por 10.000 dólares.
Beatriz González asegura que algún cuadro de Church vino a Colombia en los años setenta, pero lastimosamente había caído en el olvido, por lo cual celebra la publicación del libro de Navas. Sus cuadros majestuosos y sus elaborados dibujos dan cuenta de un delicado pintor que se enamoró de estas tierras y gracias a quien muchos pudieron darse una idea de la riqueza del trópico. Un paisaje idealizado e imposible de encontrar, al menos en un mismo plano, pero que no buscaba otra cosa que demostrar que la naturaleza es una creación superior, algo en lo que creyó fervientemente.