Nuevos museos trabajan de la mano con las comunidades

(Página 2 de 2)

Y también es pertinente mencionar el Museo Zenú de Arte Contemporáneo, Muzac, en Montería, Córdoba, que tiene como objetivo recuperar, desde las expresiones artísticas, el respeto por la institucionalidad en un departamento que ha tenido nueve gobernadores en tres años.

Tú me necesitas, yo te necesito

En América Latina también hay ejemplos relevantes. Un caso es el del Museo da Maré, en Río de Janeiro, Brasil, localizado donde fue la primera favela brasileña. Siguiendo la estética de las precarias construcciones sobre palafitos, el museo empezó a armarse con el apoyo de la comunidad, que fue invitada a participar activamente y a donar objetos que le gustaría ver allí. La gente llevó desde cuadros hasta ollas y muebles, y el espacio se convirtió en un resguardo de los lugareños.

Es evidente que las comunidades necesitan de los museos como los museos necesitan de las comunidades. Tan importantes resultan en algunos lugares que, por ejemplo, a comienzos del año pasado distintos grupos británicos protestaron por la idea del Gobierno de cerrar algunos de ellos para recortar gastos estatales.

Incluso muchas veces se convierten en bastiones políticos. Sheila Watson cuenta que el primer ministro británico Gordon Brown invitó a varios especialistas para pensar en hacer un museo nacional del Reino Unido. "Esto significaba incluir a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte como una unidad, pero el consejo que le dimos fue no hacerlo. Esa no era la mejor manera de resolver los conflictos".

Más bien, las preguntas que deben responderse las instituciones hoy día son aquellas que formula el investigador estadounidense Ivan Karp, una de las voces más autorizadas en museología en el mundo: ¿Qué pueden hacer los museos por las comunidades? ¿Les están dando el espacio para explorar su identidad? ¿Ayudan a construirlas? Los museos del siglo XXI darán las respuestas.

LA VOZ DEL PUEBLO

Según el profesor Ivan Karp, la participación de las comunidades en los museos implica responder una serie de preguntas nada fáciles: ¿Qué es una comunidad? ¿Quién habla por ella? ¿Qué hecho determina que cierta persona pueda arrogarse ese derecho? Un ejemplo puntual de los errores que pueden cometerse por no contestar esas preguntas se dio en el Museo de Historia Natural del Smithsonian, en Washington, donde había una vitrina que tenía como título 'Sociedades secretas del Bajo Zaire, África'. En ella se leía que estas sociedades eran muy poderosas y que sus miembros se reunían en clubes, desenterraban cadáveres y se movían entre el canibalismo y las orgías. "Nadie notó esa ficha por 25 años, pero cuando alguien lo hizo la noticia se regó por 125 periódicos -cuenta Karp-. Aunque la ficha se curaba en salud diciendo que la gente del Bajo Zaire era la que decía esas cosas, la pregunta que hay que hacerse es por qué ese hecho fue escogido para representar a esa comunidad".

Página 2 de 2 « Anterior 12

Anuncios Google

Publicidad