Noviembre 10 de 2008

Generación sin Nombre perdura 40 años después

Bajo su abrigo se reunieron jóvenes poetas colombianos que, sin pasar de los 24 años, compartían el amor por la palabra, la fecha de nacimiento y opiniones políticas.

Cuenta el poeta samario Álvaro Miranda que una noche, hacia 1970, su colega Henry Luque Muñoz invitó a un grupo de amigos a cenar. Conocido por su gusto refinado, Luque dispuso sobre la mesa cinco ejemplares de ¡ohhh! (Antorcha, 1970), antología de poemas de Juan Gustavo Cobo Borda, Darío Jaramillo, Henry Luque, Álvaro Miranda y Elkin Restrepo que debía su nombre a la interjección que da inicio a la estrofa "Oh gloria inmarcesible" del Himno Nacional. En la cabecera de cada libro una vela iluminaba el particular título y dejaba entrever que la intención de Luque era hacer de aquella cena una ceremonia de consagración a la poesía.

Esa consagración marcaría el rumbo de la Generación sin Nombre, bajo cuyo abrigo se reunieron jóvenes poetas colombianos que, sin pasar de los 24 años, compartían, cada uno a su manera, el amor por la palabra, la fecha de nacimiento -entre 1940 y 1950-, la época de publicación de sus libros, la participación en la revista Golpe de dados, la actitud desencantada y su coincidencia con el Frente Nacional.

"En 1967 surge como generación un grupo de poetas cuyo mayor punto de unión fue la voz personal e individualizada -anota la ensayista y profesora de literatura Luz Mary Giraldo-: desde un comienzo sus formas y sus temas dependen de su yo íntimo, de su manera de expresarse frente al mundo y de su actitud vigilante ante la literatura y la creación". En el marco del llamado 'boom' latinoamericano y de la publicación en Colombia de Cien años de soledad el 3 de diciembre de ese año, Álvaro Burgos Palacios escribió el artículo Una generación busca su nombre, en el que incluía, en sus palabras, "un panorama representativo de la poesía más nueva en lo que hace a tendencias, grupos, regiones de procedencia y actitud poética".

La Generación sin Nombre, que en un primer período incluyó a Augusto Pinilla, Juan Gustavo Cobo Borda, Henry Luque Muñoz, José Luis Díaz Granados, Álvaro Miranda, Manuel Hernández, David Bonells y Darío Jaramillo, fue heredera de los movimientos nacionales Piedra y Cielo, Mito y Los Nuevos, así como de los versos de José Asunción Silva, Jorge Zalamea, Álvaro Mutis y, en especial, de Aurelio Arturo, a quien el español Jaime Ferrán dedicó Antología de una Generación sin Nombre (Rialp, 1970) como reconocimiento a su influencia en estos.

Generación sin escándalo

Miranda afirma que, sin ser un movimiento -pues la producción literaria es diversa y no redactó un manifiesto-, su generación fue el último de los grupos colombianos con un nombre, pues después de ellos los poetas no se han unido en torno a un colectivo. De hecho la intención no era otra que tener un bautizo para arrancar y para que la prensa les diera espacio.

"Con nosotros no nació el mundo; nuestra generación no cometió parricidio", afirma Miranda al referirse al vínculo con el pasado literario, del que, sin embargo, no tomaron la idea de tener un título rimbombante. Al respecto Ferrán comenta que fue "una generación de escritores jóvenes que quería pasar sin nombre a la historia literaria de su país, quizás porque querían aminorar con este gesto de humildad la tendencia un tanto grandilocuente que había llamado a las generaciones de sus mayores los Nuevos, los Piedracielistas, los Cuadernícolas y los Nadaístas".

Con este último, el Nadaísmo, movimiento inmediatamente anterior a la Generación sin Nombre, hubo una distancia, si no abismal, considerable, debido a que la preocupación del grupo sin nombre no estaba en el rostro de sus integrantes, sino en el diálogo con la palabra poética. Sin necesidad de manifiestos -recuerda el poeta Jaime García Maffla- su unión giró en torno al trabajo literario, pues siempre dieron más importancia a las palabras que a los escándalos.

En torno a una fotografía

En 1968 los jóvenes poetas se reu-nieron con Fabio Henker, director de la revista Lámpara, en la casa de Cobo Borda, ubicada en el barrio Chicó, en el norte de Bogotá. La ocasión sirvió para que los amigos allí presentes, ya contagiados de un espíritu festivo auspiciado por el bar personal del padre del anfitrión, posaran para una foto (sobre la que se basa la ilustración de este artículo) que se convertiría en la más representativa de la Generación sin Nombre.

Hoy, 40 años después, los integrantes de la generación, a la que luego se sumaron los poetas Giovanni Quessep, Jaime García Maffla, Elkin Restrepo, María Mercedes Carranza y Harold Alvarado Tenorio, reconocen que la foto está revestida de una simetría especial que, al igual que los encuentros, se dio por azar. Después, en palabras de Miranda, "cada quien cargó con el morral de las dificultades de su vida".

La Generación sin Nombre existe hoy en sus poemas, pero como afirma Augusto Pinilla, profesor y poeta, aún está muy cerca para que pueda ser plenamente interpretada. "El presente es inabarcable", afirma. Por ello, si algo se puede agregar, es la reflexión de García Maffla: "Lo importante no es un estilo individual sino el lenguaje y la palabra de la poesía. El poder que un poeta tiene en su don no se le ha concedido exclusivamente a su nombre. Se le ha concedido en nombre de la poesía y, si hace buen uso de él, regala otra vez al mundo lo que en la memoria de los tiempos se ha vuelto ciego, sordo e insignificante".

BREVÍSIMA ANTOLOGÍA

Al blanco

Con una palabra
se puede matar.
Aunque haya en contra
toda clase de armas
Aunque se tenga en frente toda la
pólvora./
Basta con dispararla en el momento justo,/
lanzársela a la cabeza al enemigo
o dejársela para que la recuerde.
Henry Luque Muñoz

Autorretrato

Un poeta camina por los prados
hacia la cima de la niebla
Quiere atrapar el día
a la hora de su nacimiento
y darle una palmada
y que rompa a llorar
-por la primera vez-
entre sus manos
Un poeta se pasó la vida
en el umbral de niebla de los amaneceres tratando de
 atraparlo./
Al final,
todo el mundo lo vio aparecer
al extremo del bosque,
llorando,
con los zapatos llenos de rocío
y la primera luz
sonriendo entre los árboles.
Augusto Pinilla

The American Conquest

(...) Qué bello era para entonces caminar en el/
vértice del silencio y observar cómo la llama/
se transformaba en reverso de su fuego,/
O mirar por dentro un silencio prematuro
O raspar las palabras polvorientas de caminos
O cabalgar entre la sinfónica lluvia del Caribe (...)./
O comprar después, en un baratillo de golondrinas/ bequerianas, una gota de agua embalsamada (...).
Álvaro Miranda

El diluvio

Hizo correr el agua por la tierra
como un poeta hace correr el fuego
por sus viejos poemas
pero hubo uno
-un hombre o un poema-
y viendo que era bueno
lo presentó en el arca
para empezar de nuevo,
como un viejo poeta
que no logró librarse
de su invento.
Augusto Pinilla

Boris Karloff

Si usted regresa a nosotros,
que me traiga una pareja de
perros de pastor, de raza.
                    Ezra Pound

...PERO la gente hablaba de usted con misterio,
nadie nunca había sacado tanto horror a la vida,
su figura de otro mundo
en medio de la lluvia como un relámpago.
Era difícil pensar en usted
como un karloff que tiene que cumplir
sus cosas en la tierra,
si tenía que regresar a casa en el Metro
o el barniz blanco de sus uñas
le producía alergias en el cuello.
Usted era siempre una misma versión
de diferentes guiones, su rostro donde el miedo
no encajaba, su manera de surgir entre la niebla
cada noche cuando el misterio
aullaba en el campo de golf.
La gente hablaba de usted en el cine parroquial
casi a diario, apasionadamente.
Elkin Restrepo

Salario de poeta

vestido con hojas de retama
y ceñidos collares de amaranto
afilo hoy mis nuevas rutas
golpeando insomne el yunque de los árboles
queriendo brote savia
gastando pedernales
fugas a través de zigzagueantes barricadas
con el pecho vuelto trizas
desflecando
y el alma
inaugurando nuevos campos de batalla
las manos llenas de humo
adentro un maxilar
engendra ojos
charlan objetos habituales
irrumpen evidencias sin descanso
flota un iris
sobre gafas empañadas
lento suplicio
entre serpentinas y puñales
tan solo nos alivia
un vuelo de cantáridas
y el poema
náufrago de realidades espera cobrar aquello que le adeudan
sus hermanos
aún inéditos
ya temblando.
Juan Gustavo Cobo Borda.

Los amigos

II

El tiempo se ha hecho para que recordemos.
Si esta noche fuera más larga
Podrían los hombres guardar silencio
asombrados de ser ellos (...)
Darío Jaramillo Agudelo      

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2008 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.