Pequeña muestra de poesía Nadaísta

La salvaje esperanza
 
Éramos dioses y nos volvieron esclavos.
Éramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata.
Éramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.
Éramos felices y nos civilizaron.
Quién refrescará la memoria de la tribu.
Quién revivirá nuestros dioses.
Que la salvaje esperanza sea siempre tuya,
querida alma inamansable.
 
Gonzalo Arango
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Cuando el general...

Cuando el general Bolívar se dio cuenta
estaba todo lleno de cucarachas
La casaca estaba llena de cucarachas
Y los hombros ¿como medallas
Las cucarachas tenían nombres sonoros
Santander ¿Páez ¿Piar
o casi poéticos ¿Florentino ¿Juan Flores
o bellos nombres bobos ¿Lorenzo María Lleras
¿Mariano Ospina ¿José Restrepo
Entonces ¿don Simón
desanudó su sueño
y se fue a morir
a la casa del cónsul español
                            en Santa Marta
Oyendo rumbar cucarachas sobre el queso
de la República
¿y
        debajo de la ventana
                                                el mar
                                                               arando
 
Eduardo Escobar
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Caballos

Si se reparten 18 caballos
Entre 4 niños
A cada niño le corresponden
4 caballos
y sobran 2
uno de los cuales
se le puede dar al Presidente
para que todas las mañanas
llegue
montado a caballo
hasta Palacio
y el otro a Don Quijote
- que no es ningún Presidente -
para que deje descansar
por algún tiempo
a Rocinante
 
Elmo Valencia 
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Desagravio a Simone

¡Amor! Todos los días te visto y te desvisto,
veo tu ombligo, los dedos de tus pies, tu trasero.
ieres que te ame!
Sartre

Todos los días tomo tu caldo,
tu café, tu cerveza;
en tu baño me baño,
me enjabono con tu jabón,
con tu peine me peino,
seca mi cuerpo tu toalla.
Todos los días por tu teléfono
me comunico con el mundo,
con mi madre, con mi oficina.
Todos los días como la carne
que me ofreces, las ensaladas,
el arroz o los frijoles,
el pescado, las ahuyamas,
pongo música de tu estéreo,
en tu silla me siento,
veo el cielo por tu ventana.
Todos los días en ti me acuesto
y de ti me levanto y vuelvo a tu cuerpo.
¿Es posible que no te ame?
Jotamario
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Visita de la ballena

He aquí que una ballena ha venido a visitarme.
Desde lejanas regiones del mar ha venido a visitarme y me saluda con tres surtidores de niebla,
deteniéndose a la entrada de mi cueva para solicitar audiencia.
Acudo a recibir a la ballena (a quien Dios salude) y habiendo entrado ambos en intimidad inmediatamente,
le hablo de mi juventud en una gruta del alto pico del Aconcagua,
y de la salida del sol detrás de mis orejas,
y, dándole palmadas en su impenetrable piel nos reímos como dos amigos,
la ballena, bus de los mares, y yo que recibo su visita a la entrada de mi cueva,
y charlamos hasta el atardecer, descansando sobre el brillante tapiz de las arenas penetradas de luz.

Ella me cuenta lo que ha visto en las profundidades de los océanos,
los náufragos viviendo en los barcos sumergidos y sus extrañas costumbres,
y lo que sucede en el mar durante la noche.

Después de que la ballena ha hecho uso de la palabra según las leyes de la hospitalidad,
y de las normas que rigen los actos de los visitantes,
yo comienzo a hablarle de las profundidades de mi alma y cuando hago una pausa, a la hora del crepúsculo,
no me responde.

Entonces la arrastro y la deposito a la orilla del mar para que éste la recoja,
y al alba, cuando la marea se retira, la despido con mi mano en alto.

La ballena (a quien Dios respete y salude) se aleja rápidamente mar afuera y va a estrellarse contra el disco
del sol que acaba de aparecer en el horizonte.

Dando la espalda a este espectáculo regreso a la cueva para besar los escorpiones de mi angustia,
¡Oh monstruo que me habéis recluido en este monte,
a fin de proteger al mundo de mi extraña maldad!

Jaime Jaramillo Escobar
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Plegaria nuclear de un cocacolo

Señor que te tienes
que me tienes
que tienes la galaxia
que tienes el uranio.
Señor, yo no me tengo.
Señor que habitas el átomo más azul
el más extenso el más redondo
el bastante construido.
Estoy sentado en este bar
y bebo coca cola
para poder hablarte:
ya tengo mis blue-jeans
de azul como de rosa submarina
desteñidos como un lavadero
donde terneros asexuados lavan
monedas falsas de oro y condecoraciones.
Ya tengo mi correa del este o del oeste
mi correa con chapa de sol
a medio día a la orilla del río
prolongada como el camino lechoso
que pintaste con yeso
sobre las nalgas la espalda el muslo
o el pecho de la noche.
Ya tengo mis mocasines de sur o norte
desalmados inherentes
ya llevan 15 días finos
y ellos como una bomba de jabón
y estos largos como el estornudo
del fusil más ahumado.
No tengo un automóvil que brille mejor
que dos naranjas en el refrigerador
que ruede mejor que dos bolas de billar
sobre el cielo verde que habita cuatro patas
pero tengo mis huesos largos
forrados de músculo brillante
que hacen caminar
pero no tengo cómo poner el brazo
contra la espalda de una coca-cola
pero no tengo cómo sentir
mientras voy por el camino
el caballo castaño que me rueda -cola-de caballo-.
yo no me soy
yo no me tengo
pero yo he oído que hieren las estrellas
con esquirlas de granadas radioactivas
y lloran sus pestañas y sus párpados
yo he visto que juegan con fósforos enormes
y encienden el tabaco estratosférico
el cigarrillo
la ionosfera
yo he visto que juegan un billar circunterrestre
y hacen carambola con vanadio
que ensaya un ritmo largo
- que aúlla un perro con antenas-
he sabido que los perros orinan
contra el eje de la tierra
que ladran radiaciones a millares
de nudos de cometas
yo no me tengo
yo no me soy.
Señor, yo te confieso que bailo rock and roll
que me baño desnudo y solo
que una vez he fumado marihuana.
Señor, sólo te pido cigarrillos extranjeros
que me conserves los blue-jeans desteñidos
los mocasines largos
la coca cola helada
que me dejes ir al cine porque no tengo automóvil
sólo te exijo: yo no soy ni pienso ser.
Tiéneme, señor, que habitas el átomo más azul
y más extenso
y más redondo.
 
Amílcar Osorio
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