La muerte negra se expone en el Museo Nacional

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Esta etapa concluye cuando el cuerpo es llevado al cementerio en medio de llantos y reclamos. A los pies del féretro -que debe colocarse diagonal a los muros mirando hacia la puerta y contar con suficiente espacio para que el difunto pueda irse sin tropezar- la familia pone un vaso de agua para que el muerto no padezca sed.

En San Andrés existe una clara influencia bautista, cantan himnarios en inglés y los sacerdotes de diversos cultos acompañan a los deudos.

ENTIERRO

En las islas, las casas tradicionales de madera tenían dos puertas, y era por la trasera que sacaban el cadáver para que el espíritu no se devolviera. Así mismo, debe salir de casa con los pies hacia delante, y el cuerpo debe enterrarse con los pies mirando hacia la lápida. Camino al cementerio, la gente exclama las virtudes del difunto, se despide y le hace reclamos, si los tiene. Años atrás, en el archipiélago hubo manifestaciones extremas de dolor, el de las histerics y el de las heart sick, caracterizadas por movimientos bruscos de mujeres que incluso terminaban en el suelo gritando por la partida de un ser querido.

En Quibdó, las personas que acompañan a los deudos hacen bolas de tierra y las tiran al muerto para quitarle las culpas que aún tenga. En el Baudó, los niños que van al cementerio se pintan cruces de barro en la frente. Para que el espíritu no se devuelva por su nieto preferido, cuando muere un viejo en San Basilio y en San José de Uré representan la presencia del menor con cabuyas que disponen dentro del féretro, y corean frases como "abuela, aquí está tu nieta".

NOVENA  O 'NINE NITES'

El quinto período dura nueve días, contados desde que los familiares del difunto regresan del cementerio. Durante las ocho noches siguientes, familiares, amigos y vecinos se reúnen con el "cuerpo ausente" a través de un altar sencillo frente al cual rezan salves y rosarios, además de cantar alabaos para lavar sus pecados.

ÚLTIMA NOCHE  O 'NINTH NITE'

Los ritos de la última noche comienzan a las 8 o 9 p.m. con cantaoras y rezanderos que no paran de exclamar salves y rosarios y de entonar alabaos, cantos e himnos frente a un altar solemne, construido ese mismo día. Termina a las 5 a.m. con la partida definitiva del ser querido. Para evitar que los espíritus se queden rondando la casa, en las esquinas echan agua bendita y sal marina.

La novena noche es la más concurrida. En el noveno rosario toda la concurrencia se reúne en torno al altar porque las oficiantes comienzan a apagar las nueve luminarias que lo adornan, lo que representa el desvanecimiento de las existencia entre los vivos y el paso al mundo de los muertos. La tristeza llega a su clímax cuando queda solo una vela encendida. Cuando terminan las oraciones, se inicia el último canto, con el cual apagan la vela y las rezanderas levantan el altar en medio de la oscuridad y de los llantos de los dolientes. Las personas que estaban paradas en la puerta de la casa se hacen a un lado para permitir que el alma salga.

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