Un solo lugar reúne el escenario de libertad que no todos tienen en Beirut. Se trata de una peluquería. Allí, sus cuatro empleadas son las encargadas de tejer la complejidad de cuatro universos femeninos y el recorrido por una cultura muy distinta a la nuestra. La una (Nadine Labaki), que por cierto es la directora del filme, bellísima, está encaprichada con una relación imposible con un hombre casado; la otra (Yasmine Elmasri) está a punto de casarse con un hombre tradicional que por ningún motivo del mundo dejaría que su futura esposa no llegara virgen al lecho de bodas; una más (Joanna Moukarzel), se debate en el dilema de aceptar por fin sus sentimientos por otra mujer, y la última y no por ello menos interesante (Gisele Aouad), se rehúsa a comprender que la juventud no es eterna.
Ninguna de ellas es actriz profesional. En ese salón de belleza puede suceder todo, al calor del azúcar hirviente que vuelto caramelo es el mejor depilador. Puede llegar la esposa engañada, puede entrar el policía enamorado que no recibe más que insultos por las multas que pone, o la costurera que vive con su hermana medio loca, pero no tanto como para no darse cuenta que su vieja hermana tiene un pretendiente.
Es una película amorosa, que exhibe la vida en sus minucias, en sus dolores e intensidades, que nos muestra el jolgorio de un matrimonio tan distinto a los nuestros, que nos da un paseo por una ciudad de verdad, en donde los carros están chocados, a los hoteles no dejan entrar a una mujer sola sin identificación matrimonial, las paredes se descascaran y la gente no vive en un nido de rosas. Una conmovedora historia, creíble, sin pretensiones y con un fantástico equilibrio de humor y drama.
Por: Dominique Rodríguez D.
CARAMEL
Directora: Nadine Labaki.
Guión: Nadine Labaki, Jihad Hojeily y Rodney Al Haddad.
Países: Francia y Líbano.