La adaptación a las tablas de Los hermanos Karamazov, la última novela del escritor ruso Fedor Dostoiesvki no es una copia idéntica del libro e incluso deja muchas escenas por fuera de la trama original, algo distinto a lo que sucedió con Crimen y castigo que no omitió detalle alguno, de la misma compañía del Teatro Libre. Tal vez porque la adaptación de Patricia Jaramillo logró extraer la fuerza del clásico en su esencia, resulta más contundente y ha tenido mejor acogida del público. La pretensión de su director, Ricardo Camacho, es hacer que el espectador 'lea' lo que sucede en el escenario y se contagie de eso que denomina 'la fuerza karamazoviana', que no es otra cosa que poner en escena el modo de actuar de una familia, llena de demonios y conflictos, que se debate permanentemente entre el bien y el mal y duda de su propia naturaleza.
La obra abre con una puesta en escena paralela, en la que de un lado se encuentra Dimitri, el hermano mayor, celebrando con Grushenka, una voluptuosa prostituta en sedas baratas y coloridas que al ritmo del acordeón, interpretado allí mismo, baila hasta caer exhausta. Justo en frente está Aliosha, el menor de los Karamazov, que, descalzo y vestido con una túnica roída, revela su condición de fraile piadoso. Todo ocurre, tal como en el libro, en un pueblo ruso durante el siglo XIX.
Dimitri, Iván y Aliosha son los hijos de Fiodor Karamazov, un viudo ya entrado en años amante del alcohol, cuya sarcástica filosofía se basa en que no hay una ley natural en el mundo que obligue a los hombres a amar a sus semejantes. El padre Karamazov persigue a Grushenka -la misma que baila al inicio- lo que le vale el odio de su hijo Dimitri. Iván es un joven ilustrado que piensa que Dios y el diablo son invenciones necesarias para que exista la civilización, y Aliosha, el fraile, es un convencido de la bondad de los hombres. De repente, en extrañas circunstancias, el padre es asesinado y, al decir de Iván, todos son culpables de su muerte, pues todos la desearon.
En dos horas y media, la puesta en escena de Los hermanos Karamazov pone al descubierto las almas de cuatro hombres, interpretados por cuatro actores que no desaparecen nunca del escenario. Gracias a la austeridad propuesta por el arquitecto Willy Drews, valiéndose de pocos objetos, una mesa y algunas sillas, la fuerza interpretativa de los cuatro personajes revela su transformación constante. Aliosha dudará de Dios; Iván, pese a su escepticismo, recibirá la visita de un demonio, y Dimitri se arrepentirá de haber profesado odio a su padre. El espectador asiste a una obra de ritmo vertiginoso en donde el bien y el mal caminan de la mano y cuya enseñanza es que nadie puede juzgar a los demás pues todo juez es él mismo un delincuente.
LOS HERMANOS KARAMAZOV
Teatro Libre Centro, calle 13 No. 2-44
Dirección: Ricardo Camacho
Reparto: Héctor Bayona, Christian Ballesteros, Diego Barragán, Angie Bueno, César Morales, Alejandra Guarín, Fabián Martínez, Germán Naranjo, Carlos Torrado, Wálter Suaza, Carolina González, Felipe Correa.
Compositor: Víctor Hernández, y el músico es Ricardo de los Ríos.