Aterrada por la indiferencia de los estadounidenses ante la evidencia de que sus gobernantes habían apoyado las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX, Laurel Reuter, investigadora y directora del Museo de Arte Contemporáneo de Dakota del Norte, decidió armar una exposición que abriera los ojos de sus compatriotas. El resultado bien puede ser considerado una bofetada a una sociedad que acolita las guerras -Irak incluida- y que lleva por título una condición frecuente en Suramérica: Desaparecidos. La muestra ha recorrido cinco ciudades estadounidenses desde 2006 y estará haciendo su paso por el Museo de Arte Moderno de Bogotá hasta el 24 de septiembre.
"Muchos escritores latinoamericanos habían trascendido sus fronteras al denunciar las situaciones de violencia desde la palabra, pero los artistas no habían tenido la misma suerte", dice Reuter. Por eso se hizo a la tarea de recorrer el continente suramericano en busca de expresiones que mostraran la crisis de una época y de artistas latinos que en sus países hubieran hecho una protesta con su arte. Por desgracia, en su investigación la palabra que más se le apareció fue 'desaparecido', razón por la cual empezó a buscar obras que representaran esa ausencia.
Desaparecidos es un grito de dolor de las víctimas. Los hombres negros que registró el colombiano Juan Manuel Echavarría hacen el recuento triste de una matanza a manera de canto fúnebre; la figura fragmentada de Nicolás Guagnini, que vista desde un ángulo preciso logra completarse, es el recuerdo del padre del artista desaparecido durante la dictadura argentina; las placas dentales encontradas por la venezolana Sara Maneiro en fosas comunes son la evidencia de que en algunos lugares esa es la única marca para reconocer los restos de una víctima; los nombres impresos en luces de neón por el chileno Iván Navarro quieren encender la alarma sobre aquellos miembros de la fuerza pública que violaron los derechos humanos, además de la complicidad y apoyo a los nazis...
Por su parte, mediante bicicletas, impresas y multiplicadas en livianas telas, Fernando Traverso representa la ausencia de aquellos miembros de la resistencia que desaparecieron paulatinamente en las calles de Rosario, Argentina. También lo hace en fotografías de bicicletas aparentemente sin dueño, como advirtiendo un mal presagio, pintadas en las paredes de la ciudad. Mientras tanto, el colombiano Óscar Muñoz ha representado el tema a través de rostros que se niegan a fijarse, desvaneciéndose sin parar sobre la piedra caliente.
En Desaparecidos también están presentes Luis González Palma, Ana Tiscornia, Arturo Duclos, Luis Camnitzer, Antonio Frasconi y un grupo de artistas argentinos que reconstruyó los expedientes de cientos de desaparecidos y expuso sus fotos para que sus hijos los reconocieran.
Varios de los artistas invitados a la muestra han padecido ellos mismos episodios personales de violencia. Es el caso del argentino Marcelo Brodsky, a quien le desaparecieron a su hermano Fernando, 'Nando', y a quien le dedica su trabajo. A partir de ese episodio, que lo obligó a exiliarse en España, necesitó reconstruir muchos años después lo que había sido de sus compañeros de la clase de 1967 en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que años después también terminó convertido en escenario de desapariciones de estudiantes contrarios al régimen del dictador Jorge Rafael Videla. Lo que hizo entonces fue retomar la fotografía del anuario de ese año, en donde todos tendrían 13 años, y empezó a repasar qué había sucedido con cada uno de los integrantes: encontró a la mayoría y los fotografió; de los otros supo que habían sido desaparecidos.
"El arte se convirtió en esos tiempos en un nuevo circuito de comunicación -explica Reuter-. El reto de los artistas era cómo pasar la censura, y lo hicieron con mensajes cifrados y hasta con recetas publicadas en los periódicos". Por ejemplo, la obra conceptual de Cildo Meireles muestra tres botellas de Coca-Cola: una llena, otra a medio llenar y la última vacía. Si el espectador se acerca se dará cuenta de que cada una tiene impresa, con la misma tipografía de la etiqueta de la multinacional, un mensaje que dice: "Yankees go home, marca registrada de fantasía". Una serie de botellas de este estilo empezó a circular por Brasil durante la dictadura y fue una manera de criticar una situación de violencia, no en museos y galerías, sino en la calle misma.
Reuter sostiene que no utilizó la exposición para "darle en la cabeza a nadie". Más bien, permitió que el arte hablara por sí mismo para enfrentar el pasado. "Todos los artistas presentes son profundamente morales. Por eso no necesité que me dieran explicaciones de nada. Curé la exposición con mis ojos, no con mis oídos".
EN RECORRIDO
EL CENTRO CULTURAL RECOLETA
Buenos Aires, Argentina
Septiembre 8 - Octubre 15, 2006
EL MUSEO DEL BARRIO
New York, NY, EE.UU.
Febrero 22 - Junio 17, 2007
SITE SANTA FE
Santa Fe, NM, EE.UU.
Octubre 11, 2007 - Enero 20, 2008
CENTRAL CULTURAL MATACUNA 100
Santiago de Chile
Marzo 8 - Abril 30, 2008
CENTRO DE COOPERACIÓN ESPAÑOLA
Antigua Guatemala
Mayo 24 - Julio 20, 2008
MAMBO
Bogotá, Colombia
Agosto 9 - Septiembre 24, 2008
MUSEO DE LAS AMÉRICAS, OEA
Washington, D.C. , EE.UU.
Octubre 19, 2008 - Enero 22, 2009