Momento de pánico

Por Fernando Gómez Garzón

Unos dicen que el miedo los paralizó y los dejó sin reacción; otros, que no saben cómo terminaron resolviendo el pánico a su favor, cuando nunca han sido especialmente valientes. En realidad nadie sabe cuál será la reacción en momentos extremos. Momentos como los que están a punto de vivir dos familias de un barrio de Boston una noche cualquiera.

En una curva del camino, por circunstancias que se juntan para construir la tragedia, Dwight Arno (Mark Ruffalo) atropellará con su camioneta al pequeño Josh, que se ha asomado al camino con el fin de liberar unas luciérnagas.

Para la familia de Josh (Sean Curley) todo sucede como si el tiempo se hubiera rasgado, como si todo aquello que soñaron se hubiera perdido para siempre en ese instante y tuvieran que empezar a vivir una vida que les tan ajena como tan dramática fatalidad: perder un hijo mientras echan gasolina, así no más.

Pero no es menos grave para Dwight, quien debe vivir con el peso de haber huido de la tragedia, de haberse convertido en uno más de los cientos de choferes que pegan y huyen.

El director y guionista Terry George, director de Hotel Rwanda (2004) y escritor de En el nombre del padre (1993), se cuida mucho de cruzar los límites del sensacionalismo. Sin duda, se trata de un drama de dimensiones colosales, pero un drama que no se regodea de sí mismo, como sucede en las telenovelas, sino que explora y acompaña a estas dos familias en las circunstancias que se desprenden de la tragedia: la descomposición del padre de Josh (Joaquin Phoenix) por no encontrar al autor del homicidio y por pretender solucionar la muerte de su hijo con un culpable; la desazón de Dwight por no tener el valor de confesar su crimen. Y la certeza de ambos de que cualquier cosa que suceda en adelante va a terminar mal.

Ruffalo, Phoenix y Jennifer Connelly alimentan con buenas actuaciones un drama que genera mucha angustia pero muchas satisfacciones desde el punto de vista cinematográfico.

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