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Antonio Orlando Rodríguez escribe un libro maravilloso acerca de la vida de una liliputiense cubana.
Premio Alfaguara 2008
Antonio Orlando Rodríguez, Ciego de Ávila, Cuba, 1956. Autor de la novela Aprendices de brujo (2002), de los cuentos Strip-tease (1985) y Querido Drácula (1989), de la obra de teatro El león y la domadora (1998) o de investigaciones como Literatura infantil de América Latina (1993), entre otras.
Chiquita es la historia de una liliputiense nacida en Matanzas, Cuba, que se convierte en la reina del vaudeville de los teatros de Estados Unidos. Transcurre en el cambio de siglo del XIX al XX y su figura extravagante y llamativa de muñeca viviente la convierte, a regañadientes, en la voz de quienes quieren declarar la independencia española de la Isla, pero también de los norteamericanos que quieren invadirla, para supuestamente salvarla.
CAMBIO: ¿Qué papel juega la literatura en una dictadura?
ANTONIO ORLANDO RODRÍGUEZ: Suele ser utilizada como un instrumento de domesticación. Es algo que se repite en todas las dictaduras. Lo que se publica apoyado por el gobierno está destinado a adormecer y lo que se queda sin publicar son las opiniones discordantes. Afortunadamente los autores escriben durante esas etapas oscuras para sus gabetas y en algún momento esa producción sale a la luz. En el caso de Cuba, los ejemplos paradigmáticos son Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas. Sin embargo, hay algo que no se puede descartar y es que a las dictaduras les encanta jugar a parecer democracias y muchas veces se usa a los escritores y se les permite publicar obras "contestarias" y ponerlas al servicio de su imagen pública internacional.
¿Qué tipo de sociedades aceptan la dictadura?
Diría que básicamente sociedades que no tienen memoria histórica. Ésta es algo muy útil pero muy poco frecuente. Se puede constatar que el refrán que dice que "el hombre tropieza dos veces con la misma piedra", sucede a lo largo de la historia. Un ejemplo de ello es que, por ejemplo, un presidente desastroso es reelegido a la vuelta de 10 años en su país. Eso da la medida de la fugacidad de la memoria.
¿Por qué cree que es tan difícil hablar sobre los regímenes incluso décadas después, y cómo la literatura logra desde la ficción ese efecto de catarsis?
Creo que los escritores hacen una suerte de pacto tácito de no remover el pasado porque son heridas dolorosas e incómodas, pero me parece muy sano que se haga esa revisión del pasado. En el caso de mi libro Chiquita, un siglo después, las cosas se pueden ver de manera menos dolorosa. Hay mucha distancia y eso permite poner las cosas en perspectiva. De las dictaduras recientes es más difícil hacer una aproximación porque están vivos los protagonistas de ambos bandos, son sus sobrevivientes.
¿La dictadura y la revolución explican de alguna forma lo que es el continente americano hoy día?
Sí y son las dos caras de la misma moneda. Indiscutiblemente, si revisas y miras la historia de América Latina es una sucesión de dictaduras-democracias-dictaduras-democracias, tal parece que todavía no hemos crecido lo suficiente para lograr democracias perdurables. Y son dictaduras de ambos signos, naturalmente, de izquierda y de derechas. A estas alturas no sé cuál de las dos es más peligrosa.
¿Qué piensa de los cambios que están viviéndose en Cuba?
Como buena parte de los cubanos anhelo que haya un cambio y creo que se impone uno, pero como mi carácter suele tender hacia el escepticismo, no soy tan optimista de que las señales que estamos viendo indiquen que ese cambio va a ser inmediato. Sigo creyendo que se trata de medidas cosméticas y de algún modo ilusorias en muchos casos con el objetivo de crear una ilusión de permisividad y en otros casos para quitarle presión a una olla que por momentos está a punto de estallar.
¿Qué lo hace sospechar?
Ahora se coquetea con la idea de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo que me parece muy meritorio, lo que sucede es que eso en Cuba sería una paradoja si se llegara a hacer, porque ¿qué resuelven unas personas del mismo sexo casándose si al salir del juzgado uno dice una opinión política y va presa? Creo que hay cosas que son esenciales y que se relacionan con los derechos civiles, y el ejercicio de la libertad. En Cuba hay un refrán y es que no se puede poner la carreta delante de los bueyes. Pero que puedan comprar computadores y teléfonos celulares es cosmético y doloroso, es algo demoníaco.
¿Cuándo salió de Cuba?
En el año 1991. Me invitó la Unesco a Colombia a impartir un taller de escritura para niños para autores de literatura infantil durante una Feria del Libro. Ahí se me presentó la oportunidad de quedarme fuera de Cuba y lo decidí, pues era algo que venía pensando desde hacía mucho tiempo porque nunca me tragué la píldora y fui un niño muy precoz. Como buena parte de la población cubana, durante muchos años me vi obligado a vivir una doble moral de pensar una cosa y decir otra porque la sobrevivencia es algo que a veces no entiende de ética. Por eso cuando de presentó la oportunidad, decidí vivir fuera de Cuba para hacer, decir y pensar lo que se me antojara.