Ganadores de los premios Planeta y Alfaguara 2008 hablan sobre letras, dictaduras y otras cuitas

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Impresionan las similitudes con la época actual a pesar de que la novela se sitúa a finales del siglo XIX

Hay muchas similitudes de eso que ocurría en 1896 con el presente: Esa gran curiosidad de la prensa en Estados Unidos por el devenir de Cuba, por la independencia, abrías un periódico y lo encontrabas lleno de editoriales, notas, columnas y cartas de lectores sobre el tema. En el Congreso un gran lobby para que los congresistas apoyaran la independencia de Cuba y dieran su apoyo oficial a los insurrectos. Más de 100 años después encuentras la misma curiosidad por el devenir de Cuba, el mismo quehacer de los exiliados cubanos en Estados Unidos y el mismo lobby en el Congreso para que se apoyen o depongan las medidas económicas relacionadas con Cuba. Esa es la historia.

¿Cree que los cubanos llegarán a leer Chiquita?

Siempre llegan alguno que otro ejemplar y el pueblo cubano es muy ávido de leer entonces sucede un fenómeno curioso. Pienso que los libros hallan los caminos para llegar a sus lectores. A pesar de que no circula por los canales oficiales de distribución hay personas que envían libros, que los llevan en maletas o los regalan y lo interesante es que el número de lectores que tiene un libro en Cuba es insospechado, porque lo pueden leer 10, 20 o 50 personas. Me encantaría que fuera leído por compatriotas y por supuesto que este premio te da la posibilidad de llegar a lectores de todo el mundo hispano y eso es un privilegio hoy en día, pero me queda la espinita de que los cubanos no puedan leerlo.

ANTONIO RODRÍGUEZ, PREMIO ALFAGUARA 2008

Nacido en Ciego de Ávila, Cuba, 1956. Autor de la novela Aprendices de brujo (2002), de los cuentos Strip-tease (1985) y Querido Drácula (1989), de la obra de teatro El león y la domadora (1998).

Chiquita es la historia de una liliputiense nacida en Matanzas, Cuba, que se convierte en la reina del vaudeville de los teatros de Estados Unidos. Transcurre en el cambio de siglo del XIX al XX y su figura extravagante y llamativa de muñeca viviente la convierte, a regañadientes, en la voz de quienes quieren declarar la independencia española de la Isla, pero también de los norteamericanos que quieren invadirla para "salvarla".

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