Ganadores de los premios Planeta y Alfaguara 2008 hablan sobre letras, dictaduras y otras cuitas

(Página 2 de 3)

¿Todavía puede creerse en las revoluciones?

La especie de los ilusos es persistente. Creo que la revolución es un sueño válido lo que, con frecuencia, deriva en una pesadilla.

El boom se acabó pero los localismos siguen siendo la marca de la literatura producida en estas latitudes para diferenciarse del resto del mundo, ¿es su prolongación lógica o es un nuevo tipo de movimiento literario? 

El boom siempre me ha parecido un fenómeno sospechoso. Fue indiscutiblemente un momento de un esplendor singular en las letras latinoamericanas y fue un lujo que coincidieran autores en el esplendor de sus facultades como un Lezama Lima, Carpentier y jóvenes escritores de aquel momento como Vargas Llosa o el mismo García Márquez, y su producción hizo pensar que América Latina era un mundo distinto y que se escribía distinto. Sin embargo creo que hay mucho de mercadeo en el boom y la prueba es que grandes escritores de los años 60 quedaron excluidos del boom por sus posiciones ideológicas. El boom era un "club de izquierdas", entonces si piensas que escritores de la talla de Reinaldo Arenas, o  Manuel Mujica Laines, uno en Cuba y el otro en Argentina, no se asocian con el boom pese a que lo más espléndido de su producción se produce en esos años, y son prácticamente ignorados, te da la medida que el boom fue un poco el acceso a una fiesta pero con invitación.

¿Cuál es su diagnóstico de la literatura latinoamericana post boom?

Creo que hay autores de mucha calidad, sin alcanzar las cúspides que tuvieron los autores que estamos mencionando, pero si te refieres a los autores más recientes de la última década, no he podido darme el lujo de seguirlos de una manera muy continua porque para escribir este libro estuve cinco años leyendo solamente libros de historia o sobre cultura cubana o que se desarrollaban en Nueva York o en la Cuba del siglo XIX que pudieran servirme. Leí en función de eso. Ahora estoy llegando a cada país preguntando qué ha pasado en los últimos cinco años porque estoy detenido en las crónicas de José Martí sobre el puente de Brooklyn y me cuesta mucho llegar a la actualidad.

Latinoamérica produce muchas novelas, pero da la impresión de que los escritores publicaran sin revisar, como si no hubiera nadie que los ayude a pulir. ¿Será el afán de la fama o existe una crisis de editores?

Creo que las editoriales eran mucho más exigentes en aquella época y creo que ahora se convierte en figuras a escritores de muy mediana calidad con frecuencia a veces relegando a escritores de mayor talento pero que quizás abordan temas de formas menos atractivas para el mercado. Creo que esos desniveles son resultado de una industria que cada vez apuesta a más a lo fácil, a la literatura express y quizás, no sea tanto un problema de calidad, sino un problema de promoción y circulación de autores. Cuando he tenido el desatino de leerme algunas páginas de un libro francamente malo, con toques sensacionalistas, morbosos que creen las editoriales que pueden llamarle la atención al público, me digo que es imposible que en Chile, en Colombia o en Argentina no haya autores de más calidad que estos que acaba de publicar una gran editorial.

¿Considera necesario abordar las realidades históricas latinoamericanas para situar a los personajes de su novela?

Disfruto mucho esbozando el contexto histórico de los personajes. Me resulta inspirador recrear otros tiempos y espacios. En los últimos años me he vuelto un adicto al pasado y a la historia tanto que me cuesta imaginar historias que se desarrollen en la actualidad. Me siento más cómodo en el pasado, sobre todo en los tránsitos del siglo XIX hacia el XX, un momento de muchas transformaciones políticas y sociales que ayudan a entender muy bien el panorama actual y las locuras contemporáneas.

Su libro está lleno de pies de página, recuentos y anécdotas históricas, ¿es riguroso o tiene ingredientes de ficción?

De este lado del océano las cosas más inverosímiles suelen suceder, la fantasía encuentra las cosas más delirantes sobre todo en los países de América Latina. Su realidad es tan rica que coquetea con el absurdo. Lo que Carpentier llamó lo real maravilloso aludiendo a lo geográfico, a la naturaleza, creo que es también aplicable a las costumbres y a las situaciones sociales. En mi novela hay un episodio que casi todo el mundo piensa que es fantasía porque hay camellos trabajando en los campos de caña de Cuba, pero es cierto. Me gusta mucho ubicar mis historias en contextos históricos y hago una investigación lo más minuciosa posible, pero uso del contexto histórico como un detonante para la fabulación, para mezclar libremente lo real con lo fantástico. Disfruto mucho haciendo ese tejido donde se una lo maravilloso, el acontecimiento histórico y se entremezclen de tal modo que no se vean las costuras. Incluso, las notas al pie también son parte del artefacto de ficción a pesar que algunas veces pueden ser realistas.

En el mundo tal como está hoy ¿es posible todavía soñar con ser artista de vaudeville?

Yo creo que sí. Hay personas que tienen esa capacidad de seducir al público. Creo que el vaudeville es uno de los reductos de libertad que quedan en el teatro. Es un género que le da a los artistas la posibilidad de explotar su creatividad y talento al máximo y con un contacto más arriesgado con el público. He tenido la suerte de ver muchos artistas, como a Josephine Baker cuando era niño, y eso fue toda una experiencia, era la sobreviviente de los locos años 20 en París y a pesar de sus años tenía sus lentejuelas y el espíritu de una quinceañera. Y más recientemente, hay dos artistas paradigmáticas que son Nacha Guevara y Cipe Lincovsky.

El más reciente escritor de culto en Latinoamérica ha sido Roberto Bolaño. Incluso hay quienes dicen que es el último escritor latinoamericano. ¿Qué opinión tiene de él?

Me parece un excelente escritor, pero me parece que la crítica y la industria tienen necesidad de erigir mitos y así dentro de 10 años también tengamos el "nuevo último escritor latinoamericano". Bolaño indiscutiblemente le dio un sacudón interesante a la literatura de estas latitudes pero de ahí decir que es el último es un poco exagerado. Él rescató una relación realidad-fantasía y un elemento lúdico y la composición de sus novelas es muy atractivo, en una época en que la novelística tiende cada vez más a la solemnidad y a una búsqueda pretendida de la trascendencia.

¿Por qué esa fascinación por Espiridiona Cenda, la liliputiense protagonista de Chiquita?

Es uno de esos personajes en donde adivinas un héroe o heroína de novela desde que tienes el primer acercamiento con ella. Una mujer muy singular no solo por su físico, o por ser una compatriota que triunfó en el extranjero, sino sobre todo por su carácter independiente, temperamental, por la posibilidad que tuvo de estar inmersa en lugares y momentos históricos clave en ese giro del siglo XIX al XX y además es un personaje muy susceptible a las metáforas, que se presta a muchas interpretaciones. Hay quienes me dicen que el personaje es una metáfora de la isla de Cuba, o una adelantada de la condición femenina moderna, porque es un personaje muy rico y con muchas aristas.

Página 2 de 3 « Anterior 123Siguiente »

Anuncios Google

Publicidad