Un vistazo a la Feria de Arte de Buenos Aires

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Marcelo Brodsky es una figura importante del arte en Argentina. En Nexo y Buena memoria metió el dedo en la llaga al hablar de frente y sin ambages de los resultados nefastos de la dictadura. Él mismo perdió un hermano, Fernando, en esos años de las desapariciones. Su autorretrato fusilado es una imagen inocente y juguetona que luego dejó de ser divertida. Su trabajo reconstruyó lo que sucedió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, tomando las fotografías de álbumes de sus compañeros de salón y escribiendo a su lado qué había sucedido con una y otra persona. El resultado fue dramático. Su trabajo más reciente, Correspondencia, establece diálogos con obras de otros artistas.

Gabriel Vasanti está trabajando sobre los archivos desclasificados de la Guerra Fría. Su obra A0800038 se titula así porque es el nombre de un archivo. La imagen inmensa y algo pixelada esconde tras de sí una verdad incontenible: el segundo antes de que una bomba explote.

Bruno Dubner es un maestro de la luz. Atraído por los objetos que resplandecen en medio de la oscuridad (una lámpara en la calle, el reflejo en las ventanas de un edificio, una claraboya), los trae a un primer plano que les altera el significado.

TODO SOBRE MI MADRE

El artista rosarino Mauro Guzmán se ganó el premio de adquisición ArteBA-Petrobrás con la obra Autocine Guzmán, entregado el jueves 29 de mayo. Haciendo un recuento de su vida, rememora graciosamente en una gran instalación de video cómo pudo haber nacido: en el acalorado encuentro de sus padres en un autocine, "mirando" la película Love Story, de Arthur Hiller. Recrea un autocine bastante artesanal con pequeños automóviles en donde la gente se sienta apretadamente a ver la proyección en una pantalla gigante. A la entrada, el nombre del cine en pomposas bombillas azules que dan la bienvenida. "Quise crear un espacio idílico donde proyectar películas de amor actuadas con amor; y a la vez, brindar un homenaje a mis padres y a los grandes autores del cine nacional", explicó el artista, cuya obra se exhibió en la galería Appetite y en Cultura Pasajera.

HIJA DE TIGRE...

El trabajo de Margarita Dittborn, 26 años, hija del reconocido grabador chileno Eugenio Dittborn, es tan complejo como el de su padre. Es representada por las galerías Animal y Florencia Loewenthal, de Santiago de Chile. Hace fotomontajes inspirados en el barroco flamenco y con clara influencia del claroscuro de Rembrandt y de Van Dyck. Construye naturalezas muertas dignas de Caravaggio y arma santorales como de Velásquez. Es tan extravagante que resulta profundamente irónica, pues exalta en gran formato todos los detalles como lo hicieran los maestros del siglo XVII: les pone gotas de silicona a las manzanas, busca un ratón de tienda de mascota, un puerco espín estrambótico, todo para saturar el verismo. Construye escenas, la caída de las telas, el golpe de luz, para luego fotografiarlas, generalmente incluyéndose en el retrato. Las que presentó en ArteBA son sacadas de la mitología religiosa. "No soy religiosa, pero me atrae profundamente su estética y sus símbolos", comenta. Por eso, leyendo y buscando, se encontró con Santa Margarita de Antioquía, pretendida en su juventud por un hombre romano que le obligaba a abandonar su fe y quien al rehusar la propuesta debió soportar el encierro en un calabozo. Allí se le apareció el demonio en forma de dragón y se la tragó. Santa Margarita, sin embargo, le abrió el vientre con un crucifijo. El año entrante presentará How exotic, sobre los primeros cronistas de Américas.

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