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'CONCIERTO PARA DOS PUEBLOS', fue el nombre de la más reciente presentación del maestro Daniel Barenboim. Fue en Jerusalén, al frente de la Orquesta Judía-Árabe de Mozart, integrada por 33 jóvenes músicos palestinos e israelíes. "Fue un reconocimiento de que el conflicto es antes que nada un conflicto humano que debe resolverse como tal", dijo Barenboim, de 64 años, y actual director de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Ocho días antes, en la frontera colombo-venezolana, se había celebrado el concierto Paz sin fronteras, organizado por Juanes a raíz de la crisis que desencadenó el ataque colombiano al campamento de 'Raúl Reyes' en territorio de su vecino Ecuador. Un mes antes, el 26 de febrero, los 300 miembros de la Orquesta Filarmónica de Nueva York se presentaron en el Gran Teatro de Pyongyang, Corea del Norte. Para iniciar su presentación interpretaron los himnos de los dos Estados y, al final, un tema popular en las dos Coreas: Arirang.
Estos tres conciertos son apenas recientes botones de muestra de una tendencia que toma cada día más impulso en el mundo y que se deriva de la convicción de que si bien la música no soluciona los conflictos ni las guerras, es un medio que, como sostiene Barenboim, "acerca a las personas porque les da una oportunidad de conocerse".
Uno de los primeros conciertos de este tipo fue One Love Peace, el 22 de abril de 1978 en el Estadio Nacional de Kingston. Jamaica estaba al borde de una guerra civil. Los partidos enfrentados, el izquierdista Partido Nacional de la Gente y el conservador Partido Laborista, alquilaban pistoleros del gueto para matar a sus opositores. La situación se hizo tan insostenible, que dos conocidos pistoleros creyeron que por medio de la música podían unir al país y organizaron un concierto de reggae, la música que habían hecho popular Bob Marley y Peter Tosh. Así, Marley, el ya mítico cantante, guitarrista y compositor, frente a miles de personas llamó al escenario a los rivales políticos, el izquierdista Michael Manley y el conservador Edward Seaga, y pidió que unieran sus manos mientras cantaba Jamming.
Ya en 1971 el Concierto por Bangla-desh en el Madison Square Garden de Nueva York, había hecho historia. Organizado por el ex beatle George Harrison para ayudar a las víctimas de la guerra en ese país, reunió a artistas como Eric Clapton, Bob Dylan, Billy Preston, Ringo Starr, Don Preston, Joey Molland, Alla Rakha, Kamala Chakravarty, Chuck Findley, Marlin Greene, Dolores Hall y Claudia Linnear, entre otros.
Los conciertos por la paz, que en los años 70 inspiraron a John Lennon a escribir su famosa canción Imagine, tal vez uno de los himnos pacifistas más famosos de la historia, suman ya más de 500 en los últimos 30 años, tiempo en el cual, según la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad de Barcelona, se han presentado 30 guerras y 70 conflictos, algunos de los cuales aún subsisten. Entre los que más se recuerdan están el de Managua en 1983, The Wall, de Roger Waters después de la caída del muro de Berlín en 1989, y Free Tibet en 1998.
Los eventos han sido promovidos por Naciones Unidas, Amnistía Internacional, ONG, empresas privadas y los propios artistas, como Bono (U2), Annie Lennox, Eric Clapton, Billy Joel, Paul McCartney, Beastie Boys y el nigeriano Fela Kuti, entre muchos otros, han aprovechado su poder de convocatoria para invitar a la reflexión sobre la inutilidad de las guerras y la necesidad de buscar puentes de acercamiento entre los pueblos por medio de la música.
En esta misma dirección está orientado el proyecto de One Voice, una ONG con sede en Nueva York, cuyo propósito es presentar, a partir de julio de este año y en el curso de 10 años (el tiempo que calculan que toma recorrer el mundo), una serie de concursos en los que participen grupos y solistas comprometidos con la causa. El arte y la cultura al servicio de la paz en el mundo.