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LOS MONUMENTOS se construyen, por lo general, en nombre de los vencedores, los héroes, los mártires... De ahí que la primera acción que se ejecuta a partir de un cambio político sea la de removerlos. Basta recordar las estatuas de Lenin y Hussein cayendo, y el debate por la remoción de la del general Franco de una plaza en Madrid, casi 30 años después del fin de la dictadura.
En Colombia los monumentos se caen, sobre todo, por el vandalismo y la negligencia ciudadana. Se aproxima el Bicentenario y muchos clamarán por la restitución de las memorias heroicas de la Independencia. Pero mientras surgen esas discusiones, cabe reflexionar sobre otras memorias que no pueden ser ignoradas y que debemos construir. No parece ser el momento de erigir obras que conmemoren acciones heroicas. Cabe mejor preguntarse sobre qué hechos o actores quiere hacerse memoria.
En el marco del Plan Nacional de Reparación a las víctimas del conflicto, la discusión apenas comienza. La construcción de monumentos es solo una dimensión de la llamada "reparación simbólica". El artículo 8° de la Ley de Justicia y Paz la define como acciones a favor de las víctimas y la comunidad para la "preservación de la memoria histórica, la no repetición de los hechos victimizantes, la aceptación pública de los hechos, el perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas".
Las medidas de reparación simbólica no son accesorias, hacen parte de la reparación integral y deben cumplir una finalidad de reconciliación. No es un tema de decretos. Si poco han hecho los desmovilizados en materia de reparación económica, han sido aun menores los alcances en materia simbólica. Por lo pronto, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación ha emprendido dos acciones: creó la Comisión de la Memoria Histórica, coordinada por Gonzalo Sánchez, cuyo reto es dar a conocer una historia del conflicto armado que incluya los relatos de las víctimas, y en 2007 reunió a un grupo de artistas, publicistas, académicos y otros trabajadores de la cultura, para discutir sobre qué debería ser un programa de reparación simbólica.
Entre la diversidad de opiniones se destaca la necesidad de generar espacios que incluyan, sobre todo, los de las comunidades afectadas. Pero la dificultad del tema es tal, que, por ejemplo, mientras algunos especialistas consideran que debe erigirse un monumento de gran tamaño, otros piensan que antes de encargar a un artista una obra monumental en Bogotá, es necesario pensar en las necesidades de los afectados y si en realidad la sociedad se apropiará de una propuesta cuya finalidad es sanar un duelo colectivo.
Los memoriales
El historiador de arte Neville Dubow, que ha hecho una reflexión sobre el caso de Sudáfrica y las secuelas del Apartheid, sostiene que el acto de rememorar no se consigna solo en un objeto estático -un monumento-, sino que se manifiesta permanentemente en intervenciones artísticas, publicaciones, conferencias y "contramonumentos" -intervenciones en el espacio que no son de escala monumental-. Diferencia entre el monumento que "proclama" y el memorial que "invita a la reflexión" y a activar un acto moral continuo. Concluye que Sudáfrica no necesita monumentos de grandes héroes, como una estatua de Nelson Mandela de 110 metros proyectada y patrocinada por un consorcio comercial en Port Elizabeth, y que más allá del cliché del gigantismo, los sudafricanos necesitan pensar si la memoria debe tener relevancia en la reconstrucción del país.
Los debates sobre cómo recordar han sido materia de continua reflexión en el mundo, como la que se dio en los Estados Unidos a mediados de los años 70 sobre un proyecto para el memorial de los veteranos de Vietnam. La propuesta de Maya Lin de abrir una grieta negra donde se leen los nombres de soldados que participaron en la guerra, generó gran controversia porque un sector de la población no concebía que no tuviera las figuras de los héroes. Por eso, cerca del monumento, inaugurado en 1982, instalaron algunas esculturas figurativas.
Pero el caso emblemático de las tensiones entre memoria e historia es el del Holocausto. Desde cuando fueron construidos los primeros monumentos, hasta el desarrollo de complejos museos como el de Washington y el de Berlín por Daniel Libeskind, la memoria de las víctimas y de los sobrevivientes del genocidio sigue en construcción. Y si bien los artistas se han manifestado y deben seguir haciéndolo a través de documentales, cine o intervenciones artísticas, no son los únicos responsables de generar estas formas de reparación.