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El tema alrededor de la Segunda Guerra Mundial no solo no ha terminado, sino que desde la perspectiva actual, apenas empieza. Porque tal y como lo plantea Judt, está vigente el viejo cuento según el cual un oyente llamó a una emisora armenia para preguntar si podían predecir el futuro. "Sí, no hay problema -fue la respuesta-. Nuestro problema es predecir el pasado, que siempre está cambiando".
EL PECADO Y LA CULPA
Entrevista con el profesor Rüdiger vom Bruch, del Instituto de Ciencias Históricas de la Universidad Humboldt, en Berlín. Vom Bruch es el director del grupo de investigación de historia de la DFG, que realizó la exposición "Wissenschaft, Planung, Vertreibung - Der Generalplan Ost der Nationalsozialisten" (Investigación, planeación y desalojo - el plan general nazi en Europa del Este).
¿Por qué, después de tanto tiempo, Alemania está desentrañando la verdad sobre la Segunda Guerra Mundial?
Porque ha sido la catástrofe más grande que ha vivido el país. Por un lado, por el nacionalsocialismo; por el otro, por la derrota del Estado nacional. Una segunda razón es que el final de la Segunda Guerra Mundial es el comienzo de la llamada 'era europea'. La Segunda Guerra Mundial fue tan fatal para Europa, que permitió dar forma a la Comunidad Europea.
¿Qué buscan las recientes investigaciones y versiones artísticas al respecto?
Mucho, en especial aclarar el papel de la población civil alemana en la planificación, la actuación y la ejecución de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945 el esclarecimiento de los hechos fue relativamente escaso. La generación del 68 hasta lo dificultó, en vez de fomentarlo. Desnudar la verdad ha sido posible desde hace apenas 20 años, desde la unificación de Alemania. Y ha sido posible porque la generación que nació durante la guerra ya anda jubilada, mientras la que la vivió ya está prácticamente enterrada.
Últimamente hay más investigaciones sobre la victimización de la población civil alemana. ¿A qué se debe este fenómeno?
Primero fue analizado el papel de los líderes. Ahora el enfoque es más hacia la población civil. Pero la victimización es solo un lado de la medalla, también se investiga el papel de la población como coautora, tal como describí antes. Hace 20 años no hubiera sido posible investigar tan profundamente el destino de las obras atroces o del sufrimiento de los pueblos que participaron en la Segunda Guerra Mundial. La generación de la guerra no lo hubiera permitido.
¿Cómo interpreta que cada día salgan más investigaciones sobre el antisemitismo en los países vecinos?
La dificultad de investigar el papel de la población alemana como autora es la misma que aparece en relación con el antisemitismo vecino, ya que las generaciones que vivieron la guerra no lo permitieron. El antisemitismo era popular en muchos países, entre otros en Checoslovaquia y Polonia. Solo así se puede explicar el gran número de ayudantes que tuvieron los nazis en estos países. En Varsovia, por ejemplo, la población ignoró lo que pasaba en el gueto judío. No intervino frente a la brutalidad de los nazis. La generación vieja tenía su culpable: los alemanes. Apenas ahora es posible despejar los prejuicios y reconocer la culpa propia. Apenas hoy la distancia en el tiempo permite analizar los acontecimientos.
LA GUERRA Y LOS LIBROS
Sobre Alemania y la guerra han aparecido títulos como El Tercer Reich, de Michael Burleigh; Una guerra de exterminio: Hitler contra Stalin, de Laurence Rees; Las conversaciones privadas de Hitler, con introducción de Hugh Trevor-Roper; La conciencia nazi, la formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich, de Claudia Koonz; Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, de Rosa Sala Rose, y El enigma Hess, de Martin Allen, sobre el viaje de Rudolf Hess a Escocia en 1941.
Sobre el tema judío han aparecido los libros Auschwitz: los nazis y la solución final, de Laurence Rees, Las benévolas, de Jonathan Littell (novela); La llave de Sarah, de Tatiana de Rosnay (novela); El cuaderno de Rutka, diario de una joven judía en el gueto de Varsovia.
Sobre la guerra en el Este, se han publicado Stalingrado, de Anthony Beevor; Stalingrado 1942-1943. El cerco infernal, de Stephen Walsh, y las novelas De los vivos y los muertos, de Konstantin Simonov, y Vida y destino, de Vasili Grossman.
Sobre Francia hay varios: La caída de París, de Herbert Lottman; Suite Francesa, de Irene Nemirovsky y París después de la liberación, de Anthony Beevor y Artemis Cooper, entre otros.