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CAMBIO: ¿Por qué decidió meterse con la religión en la obra que inició desde comienzos de la década?
JOSÉ ALEJANDRO RESTREPO: Vivimos un tiempo bien inquietante, en el que Dios le habla al oído a los presidentes, que hay guerras contra el mal, hay cruzadas santas, entonces el fenómeno teológico-político en este momento está en pleno fragor, no solamente en Colombia sino en términos globales, pero aquí es interesante por los antecedentes de este país católico apostólico romano recalcitrante, pero también por la historia del arte barroco colonial que es maravilloso. Cruzando todos estos signos se comienza a configurar un campo de investigación que me tiene muy entusiasmado.
¿Por qué ese interés tan particular en la iconografía religiosa?
Es una cosa muy rara, porque yo como tantos otros he sido educado de una manera laica, pero en un país profundamente católico. Y estudiando historia del arte tú tienes que acercarte a toda la producción artística del catolicismo y de la religión cristiana y allí encuentras un aparato de producción de imagen fabuloso. A partir del año 2000 me he ido acercando más a los referentes más precisos de América latina, del barroco latinoamericano y me he encontrado cosas maravillosas que por fortuna me volvieron a abrir la oportunidad de fascinación con la imagen, después de un largo período de crisis donde poco o casi nada me interesaba. Entonces esa apertura con el barroco me permitió acercarme a la historia de América Latina y de Colombia en particular así como también me interesa entrar dentro de todos estos dispositivos, de la retórica, del discurso, de la ideología católica que viene desde épocas de la Conquista.
¿Cómo se enmarca allí la imagen de 'El Santo'?
'El Santo' apareció como una figura histórico-mítica muy anclada en la tradición de la cultura popular mexicana, me pareció increíble que hubiera un luchador que se llamara El Santo, pero que además encarnaba todos unos ideales de justicia social, de reivindicación de los circuitos. De alguna manera no solamente era un santo en términos de la iconografía popular sino que además era un santo también en términos religiosos.
¿Qué diferencia tuvo el barroco europeo del latinoamericano en el manejo de la iconografía religiosa?
Las fuentes del barroco latinoamericano son las mismas que las del barroco europeo, pero hay una especie de operación de traducción que es muy interesante. Aquí los artistas que trabajaron no eran artistas, sino artesanos, entonces fue una especie de decalaje de tipo estético-plástico, porque no son grandes obras de arte y jamás estarán en un gran museo europeo, pero no solamente está esa traducción estética sino también esa traducción ideológica que también es muy interesante. Simbiosis, elementos nativos incrustados en la representación, sincretismos, y cierta ingenuidad dentro de las representaciones que me parecen muy fuertes, y en lo personal me parecen mucho más expresivas que gran parte del gran arte europeo. Y por otro lado son elementos retóricos del discurso de apropiación, de colonización, de catequización, que están allí presentes y que son material a descifrar.
¿Esa apropiación social de la imagen religiosa en la Europa actual es tan fervorosa y sacrificial como aquí en América Latina?
Precisamente parte del material que se ve en los pequeños monitores de la exposición todos son archivos de noticiero donde las protestas sociales pasan por ese tipo de puesta en escena de elementos católicos como crucifixiones, coserse los labios, enterrarse en el piso, cosas muy fuertes en términos de la performatividad del cuerpo y que son propios de América Latina, para poder visibilizar estas luchas. En Europa a lo máximo a lo que tú podrás asistir es a una huelga de hambre y eso en un caso muy descarado.
¿El cuerpo qué significa para uno y otro?
La tradición católica en América Latina sí está muy anclada en el asunto del dolor y del sacrificio, por eso la exacerbación de la visibilidad, de la visualización y del mostrar, que solamente en España se podrá ver hoy en día, aunque ejemplos remotos como Grunnewald, pero en términos contemporáneos quizá la referencia más interesante serían los accionistas vieneses en los años 70, que trabajaron mucho con ese contenido religioso y con elementos sacrificiales, con sangre, con teatro dionisíaco, volviendo a esas raíces míticas.
¿Qué es lo que le interesa del estigma, tan presente en 'Cuerpos gloriosos'?
Hay algunos que tienen referencias muy precisas como los estigmas de San Francisco, pero en otras obras no, porque son asociaciones de elementos como la espina de Santa Rita de Cassia pero que le sale de la sien, y la cabeza tiene cierta inclinación que tiene cierta coquetería del mostrar. Como decía Michel de Certeau, 'la locura de ver' es lo que caracteriza al barroco, y la religión y la producción artística se encarga de esto hasta el día de hoy. De pronto es la misma idea de la pornografía, esa locura por ver se complementa con esa locura por mostrar.
¿Para usted qué representa la Iglesia?
El Vaticano es el aparato mediático más poderoso que hay en Occidente desde el Renacimiento para acá, no solamente ideológico sino en términos de la producción y de la circulación de las imágenes, fuera de todo el poder económico y político.
¿Ha tenido contactos o estudios con teólogos?
Fíjate que no, yo no he ido a las fuentes directas, sino que he leído interpretaciones, hermenéuticas, estudios culturales, historia, pero salvo el libro de Job que sí lo estudié para esa obra, de resto soy parte de esa cadena de interpretación y de malentendidos. Contribuyo a esta cadena de interpretaciones. Pienso que el problema de las fuentes, o del origen más bien es un problema que no es tan interesante, porque incluso de las sagradas escrituras tú no sabes si son originales o si son recopilaciones, traducciones ficticias. Es más interesante la apropiación, el juego de la interpretación.