Se trata de 'El centurión de la noche', escrita por el periodista Mauricio Silva Guzmán. CAMBIO regala varios ejemplares.
EL PRÓXIMO 30 DE ABRIL se lanza la biografía del popular cantante y compositor cartagenero Álvaro José Arroyo, más conocido como 'el Joe' Arroyo, 'El centurión de la noche', escrita por el periodista Mauricio Silva Guzmán. CAMBIO publica un fragmento de la obra que se refiere al paso del cantante por los burdeles de Cartagena cuando comenzaba su adolescencia.
De putas y rones
La fábula construida en torno a la pubertad y adolescencia de Álvaro José Arroyo ha estado alimentada por una imagen tan poderosa y bella como inexacta. Una imagen que en luces de neón se podría titular: "Alvarito, el niño cantante de las putas".
En efecto, el púber del barrio Nariño fue un adelantado cantor de burdeles, pero no con la frecuencia ni la edad que él mismo recuerda o quisiera recordar. 'El Joe' ha dicho varias veces que desde los 10, 11 o 12 años (según el día y el humor, cambia la versión), animaba a los borrachos que visitaban los 'puteaderos' de La Heroica. Pero no fue así. El pichón negro llegó al cinematográfico mundo de la mancebía a la edad de 14 años y anduvo allí, según cuentos y cuentas, por algo más de un año, lo cual es más que suficiente para entender a profundidad la estructura del amor cancelado a cuotas.
Antes de animar los tragos de burdel, Álvaro José había hecho parte de la orquesta del 'Mincho' Anaya, una agrupación tropical que ofrecía toques en diferentes hoteles de la ciudad, entre ellos El Americano, y muy al estilo colombiano, llevaba al niño como atracción turística. Entonces el negro ya tenía un gran sentido del entretenimiento.
Volvamos a la estampa del pelado cantando entre las mujeres públicas. La historia va así: en el puerto de la Cartagena de esa época había una zona de tolerancia que se llamaba Tesca. En aquel sitio, en el que hoy se alza una orgullosa estación de gasolina y un inocente colegio, se erigían por entonces las siguientes escuelas del combustible del amor: Big Fox, Club Verde, El Príncipe y El Bambú, entre otras. Eran prostíbulos inmensos, cada cual con un promedio de cuarenta habitaciones -claro está que Enrique Muñoz, muy exacto, asegura que El Príncipe tenía ciento dos cuartos-, todos engalanados por un amplio salón donde se presentaban orquestas casi a diario.
Allí aterrizaban gringos, franceses, holandeses, chinos, japoneses y libaneses, entre otras prestigiosas nacionalidades, que forrados en sus uniformes de marinos bajaban de sus barcos a cumplir con una de las más exigentes obligaciones de su profesión. La clientela local, cartageneros de todas las pelambres, también era bienvenida.
'El Joe' llegó allí por los buenos oficios de un personaje que con el tiempo sería su aliado inseparable en la música y en las tarimas del mundo. Ese es Víctor Meléndez, conocido en el mundo de la música colombiana como 'el Guachi', el corista canoso que, para más señas, siempre revoloteó en las tarimas a la mano izquierda de 'el Joe'.
Quién mejor que 'el Joe' para contar su debut en la más novelada versión que tiene la noche: "Esa bola de que yo era un buen cantante se regó y llegó a los músicos de la ciudad. Así fue que 'Michi' Sarmiento, el de Michi y su Combo Bravo, me convenció para cantar una noche en esos lugares". Hoy 'Michi', como muchas de las cosas que dice 'el Joe', lo niega y jura que nunca fue así, que sí se vieron por allá, pero que no fue él quien lo llevó. Sin embargo, es probable, ya que 'el Nene' del Real, que por entonces era timbalero de varias orquestas, cuenta que fue él mismo quien los presentó una noche y que 'Michi' lo dejó cantar en El Príncipe. Falso o verdadero, 'Michi' hizo amistad con el adolescente y mucho tiempo después sería el arreglista del álbum que lo lanzó a la fama mundial, en el que se grabó el himno de su canto: Rebelión.
Pero 'el Joe', en otra versión, corrige y llega a una más exacta en la que todos concuerdan: "Víctor Meléndez, que durante tanto tiempo fue corista mío, era por ese entonces el cantante de base de El Príncipe, el burdel de Tesca. El hombre estaba 'remamado' porque cantaba de lunes a lunes y cuando se sentía muy barro, me tiraba ese trabajo con los respectivos cien pesos del pago. ¿Tú sabes lo que son cien barras a esa edad? Así que él le pedía permiso a mi mamá: 'Seño Ángela, que yo le cuido al pelao, mire que es para que cante esta noche'. A mi mamá no le gustaba para nada el cuento de la noche, pero la realidad es que necesitábamos la plata y yo cantaba de nueve de la noche a tres de la mañana y estudiaba de siete de la mañana a una de la tarde".
Álvaro José -aún no era 'el Joe', pero estaba cerca de serlo-, ya estaba mucho más metido en el tema de la música tropical, y en aquellas noches de putas, ron y marinos cantaba temas rumberos de la época: "Bomba en las navidades, pa¿que gocen bomba, en las navidades...", "Chumba la casera maquino landera", "Vamos a gozar la murga, la murga de Panamá", entre muchas otras.
Enrique Muñoz jura haber presenciado en uno de esos burdeles otra escena sui géneris para la música colombiana: "Una noche vi cantar a 'el Joe' acompañado de un piano. ¿Y quién era el pianista?, el mismísimo Alci Acosta, a quien yo llamo 'el Serrat de las putas' ". Si la historia es cierta, habrá que agradecer al destino que hizo lo suyo y ambos músicos siguieron su propio camino.
Por supuesto, hoy media Cartagena jura haber visto a 'el Joe' en Tesca. 'El Nene', que andaba en las mismas de su compañero de colegio, asegura que cuando llegaba la policía les tocaba esconderse en los cuartos de las cortesanas, porque si los veía por ahí, la 'tomba' se los cargaba. "Hay que recordar que por entonces ambos éramos menores de edad".
Pero sin duda la más célebre anécdota de aquellas noches prohibidas, la cuenta el propio Joe cada vez que puede y lo dejan: "Un día, cuando yo era el cantante líder de los Seven del Swing, llegó al Club Verde el profesor de Física del Colegio Santo Domingo a quien le decíamos 'Meteorito'. Él me reconoció e inmediatamente terminé de cantar se me acercó y me dijo: '¿Y tú qué haces aquí?'. A lo que yo respondí: 'Y ¡ajá! La pregunta aquí es: ¿y tú qué haces aquí?'.
Total, como lo confirma el propio Alfonso 'Meteorito' Pérez, hoy rector de la Ciudad Escolar Comfenalco de Cartagena, él mismo puso la queja al rector del Santo Domingo y la máxima figura de aquel seminario no solo regañó a Alvarito frente al grueso del colegio y lo pintó como "un lamentable ejemplo de vida irregular", sino que lo echó.
La santísima doña Ángela, madre del corruptísimo adolescente Álvaro José Arroyo, esa noche le partió una sartén en la cabeza al pobre negro y le dijo una frase muy puntual: "Los cantantes son bandidos". Pero los curas siempre buscan a los niños para alcanzar el cielo y, a un mes de la pillada, el arzobispo de Cartagena anunció su visita al colegio para tocar las puertas del paraíso con el coro. "Fue así como el propio 'Meteorito' fue a mi casa a buscarme: 'Vengo a decirte que quedas perdonado', me dijo. Yo volví al colegio y mi mamá se contentó. Ahora 'Meteorito' es un buen amigo mío. Hoy nos reímos de eso", dice feliz 'el Joe'.
1964 - LA HOSTIA. Por entonces, a sus 9 años, Álvaro José Arroyo ya era un cantante conocido en su barrio.
1969 - DOBLE VIDA. De día, un juicioso y silencioso estudiante. De noche, un tremendo cantante de burdeles.
1970 - EL PROFESIONAL. A los 15 años, el músico Rubén Darío Salcedo lo contrató para su banda.
1973 - EL AFRO. La onda 'hippie' en los primeros años con Fruko y sus Tesos. Salsa, paz y amor.
1975 - 'EL AUSENTE', 'Tania', 'El Caminante'. La salsa de Fruko y sus Tesos tenía convulsionado al país.
1976 - EL TRÍO DEL SABOR . 'El Joe', 'Fruko' y 'Saoko'. Cartagena, Medellín y Cali. Salsa 100 % colombiana.
EL RESTO DE ESTA HISTORIA fotográfica la podrá usted seguir en el libro "El centurión de la noche".
EL CANTANTE POR EL AUTOR
¿Quién es 'el Joe'?
Uno de los personajes más fascinantes de la historia colombiana. Primero, por ser negro rebelde; segundo, por ser genio; tercero, por haber sido un niño que a los 10 años ya estaba en el profesionalismo de la música, y cuarto, por la sabrosura. Joe le dio al país sabor. Joe, como lo puse ahí en el libro, le dio vacaciones a Colombia de sí misma gracias a toneladas de baile.
¿Por qué considera que es el mejor músico vivo de Colombia?
Por el poder de su inspiración, que siempre es sabrosura. Es el único músico que ha tenido 40 éxitos en las primeras posiciones de las listas, a pesar de ser música tropical. Tiene el poder para hacer rumbear, pero, más allá de eso, en las letras de sus canciones están las pistas para entender su tragedia.
¿Qué fue lo que más le impresionó de 'el Joe'?
Su genialidad. El hecho de que haya llegado tan lejos sin ninguna educación musical o académica.
¿Qué le disgustó de la vida de 'el Joe'?
El manejo que le dieron. A pesar de ser un genio de ese calibre, no lo impulsaron lo suficiente. Los videos de sus canciones son una muestra de eso, son ridículos. Él recibió coqueteos de la Fania y de El Gran Combo; habría podido llegar más lejos.
¿Para usted cuál es la mejor canción de 'el Joe'?
La mejor letra es la de El centurión de la noche. La mejor melodía la de Palenque.
¿De dónde nace la idea de hacer un libro de Joe Arroyo?
Él ha sido parte definitiva de la banda sonora de mi vida, y en 2003, mientras vivía en Santa Marta, me puse a oír muy detenidamente toda su música y a anotar cosas. Cuando tuve muchas dudas busqué en Internet y no había nada del tipo, entonces sentí que, modestia aparte, me tocaba a mí contar su historia. Primero hice un perfil de él para la Rolling Stone con el que gané un Premio Simón Bolívar y, a raíz de eso, muchos colegas y amigos me dijeron que yo de ahí podría sacar un libro. Lo perseguí durante cuatro meses y puedo decir, con mucho orgullo, que hasta me subí en la tarima y canté una canción con él. Recogiendo sus pasos en Barranquilla, Cartagena, Medellín y Cali, me hablaron todos los protagonistas de su vida y creo que alcancé a entrevistar a unas 100 personas.
¿Cómo es la estructura del libro?
Son siete capítulos y todos tienen nombres de canciones famosas de 'el Joe'. En ellos hablo de lo que significa el nacimiento del negro más bailado en la historia de la música tropical colombiana; de su afición al humo; de sus enfermedades; de sus mujeres; de su relación simbiótica con Barranquilla; del poder de su música y la trascendencia histórica que ha tenido su arte. Además viene un álbum con fotos de él y un CD con 16 de sus éxitos.
¿Qué fue lo más difícil de la investigación?
'El Joe'. Él se contradice, cambia las versiones de sus propias historias, y eso me obligó a corroborar todo con otros protagonistas de los hechos. Sin embargo, ese obstáculo me ayudó a ampliar las posibilidades periodísticas y llegué a unas versiones fantásticas de una misma historia.
Para llevarse 'El centurión de la noche' y álbumes del artista, si vive en Bogotá, responda este cuestionario.