El Teatro Colón será cerrado por tres años

El plafón está pandeado por el peso de la lámpara y la humedad. Foto: Rodrigo Sepúlveda.

QUE EL TEATRO COLÓN, de Bogotá, necesite remozarse es apenas natural. Al fin y al cabo desde su inauguración en 1895 es más bien poca la 'mano' que se le ha echado. Pero que su remodelación demore tres años significa que el teatro insignia de la capital necesita algo más que maquillaje.

La verdad, las directivas habían postergado la decisión desde que una consultoría sobre el estado del inmueble realizada en 2004 arrojó resultados  desalentadores. Total, el cierre no daba más espera. El Colón sufre de humedad y filtraciones en la cubierta; el plafón está pandeado por el peso de la lámpara de Baccarat, y los pisos están desnivelados. Además, tiene problemas de acústica, una tramoya anticuada y un escenario inclinado que no favorece en nada los montajes. Todo esto sin contar con las exigencias alrededor de la seguridad industrial y la sismorresistencia de la estructura, que la hacen altamente vulnerable en caso de incendio o terremoto. "Los teatros son tela y madera, los mejores ingredientes para un accidente", dice Rosario Salazar su directora.

De tragedias de este tipo está plagada la historia. El caso más cercano en el tiempo es el del Teatro San Benedetto de Venecia, más conocido como La Fenice, que fue rebautizado con ese nombre que alude al ave Fénix- justamente porque renació de las cenizas luego de ser devorado por las llamas en 1774.  A pesar suyo, el teatro le hizo honor a su nombre con demasiada frecuencia y ha sido consumido por el fuego tres veces más. El último incendio, que prácticamente hizo desaparecer el edificio, ocurrió la noche del 29 de enero de 1996 y fue producido intencionalmente por dos electricistas, aparentemente relacionados con la mafia.  Finalmente, el 14 de diciembre de 2003 La Fenice abrió una vez más sus puertas al público, luego de siete años y 90 millones de euros invertidos en la reconstrucción idéntica de cada uno de los detalles del antiguo teatro.

Manos a la obra

En Colombia la inversión no será tan grande, pero sí representativa $9.500 millones un monto que, sin embargo, no alcanza para un tratamiento de tanta envergadura. El director del proyecto es el arquitecto Max Ojeda, quien ya ha realizado las restauraciones de varios monumentos patrimoniales colombianos, entre ellos la iglesia de la Candelaria, La casa del Virrey de Cartago y el Teatro Valencia, entre otros. La idea es dotar al teatro de todas las especificaciones técnicas que le permitan ser un escenario seguro, cómodo, elegante y eficiente desde el punto de vista musical y del montaje teatral.

Aparte de las necesidades de refuerzo estructural que no interferirán en la decoración neobarroca y por eso se tornan más difíciles, uno de los principales problemas del Colón es la ventilación. Quien haya estado en el teatro puede dar fe de la falta de circulación del aire, lo que  no solo es incómodo sino que puede llegar a ser peligroso. En muchos teatros el asunto se ha zanjado con la instalación de aire acondicionado, pero la solución no ha recibido el beneplácito de los artistas, que encuentran siempre el escenario muy frío para sus gargantas, ni para los administradores, a quienes les resulta excesivamente costoso el mantenimiento. "Lo recomendable es utilizar aire por convección natural, es decir, que funciona como el tiraje de una chimenea, que hace circular el aire dependiendo del volumen de gente que se encuentre en el recinto", explica Ojeda. Lo malo es que todavía faltan los estudios correspondientes que avalen la propuesta del restaurador, pues en la práctica el acondicionamiento del teatro para esta tecnología no es tan sencillo como parece.

El otro problema es el del riesgo de heridos en caso de incendio, para lo cual es indispensable dotar al teatro de un telón cortafuego, que ayude a aislar el escenario de la silletería. El Teatro Municipal de Cali estrenó el suyo en noviembre pasado. Se trata de un elegante telón de boca diseñado por el alemán Gero Zimmermann, de la firma Buhnenplanung Wakter Kottke Ingenieure, contratado por su experiencia en el tema. Aunque no es garantía absoluta, sí es un importante elemento en la seguridad industrial de los grandes escenarios del mundo. Una triste excepción es el del Teatre del Liceu, en Barcelona, en la década de los 90. Durante varios años las directivas postergaron la remodelación de este gran teatro. Para muchos era un milagro que aún se mantuviera en pie. A pesar de ello, se mostraban tranquilos debido a su confianza en el telón de acero que, en caso de incendio, impediría que el fuego pasara del escenario a la sala. Pero en la mañana del 31 de enero de 1994 lo inevitable sucedió: mientras dos obreros trabajaban en la reparación del telón de acero, las chispas del soplete prendieron el telón de terciopelo, el fuego ascendió rápidamente al techo y devoró todo el teatro. El desastre temido y anunciado derrumbó la estructura en menos de media hora. El teatro volvió a abrir el 7 de octubre de 1999, luego de dotarlo de una infraestructura técnica muy avanzada. Justamente eso es lo que busca el teatro de Cristóbal Colón: adelantarse a los acontecimientos y remozar sus estructuras con el rigor que merece un edificio de su importancia cultural. En un país acostumbrado a curar en vez de prevenir, la idea ha resultado más que plausible. 

OTRAS INTERVENCIONES

1. Cambio de silletería. En una remodelación le pusieron espaldares abullonados a las sillas que se comían las voces y música proyectadas desde el escenario.

2.  Aislamiento de los entrepisos que, como son de madera, producen mucho ruido al caminar sobre ellos.

3. Nivelación del escenario. A pesar de la intervención realizada en los años 70 sigue siendo demasiado inclinado.

4. Reparación de toda la yesería dañada, en el taller de los Ramelli, descendientes de su creador.

5. Revisión a la platea. Es una caja de resonancia y por supuesto funciona si está vacía debajo, sin embargo tiene está llena de escombros. El resultado: Es como si dentro de una guitarra echaran aserrín y pretendieran que suene bien. 

- Recubrimiento sismorresistente, sin intervenir en la decoración neobarroca.

- Cambio y fumigación de la estructura de madera, que está plagada de hongos. 

- Nivelación del plafond, que por el peso de la lámpara lo pandeó.

Publicidad
Enlaces de texo