Virgen de Chiquinquirá: una imagen sagrada que la gente ha hecho suya

El mercadeo de la Virgen de Chiquinquirá es infinito porque todos quieren llevarse un pedacito de virgen. Foto: Cortesía Museo de Arte Colonial

LA VIRGEN DE CHIQUINQUIRÁ ("lugar de la niebla" en muisca), quién lo creyera, estuvo presente en la reciente crisis con Venezuela, Ecuador y Nicaragua. El presidente Uribe recurrió a sus favores y bendiciones para salir bien librado del lío diplomático y le rezó a la Virgen tal vez en busca de que le hiciera el milagrito de convertir a Chávez, Correa y Ortega, que no comulgan con sus políticas.

El Presidente hace parte de los millones de colombianos que le rinden culto a la milagrosa Virgen -la de las conversiones- que el 9 de julio de 1919 fue coronada como Reina de Colombia por el presidente Marco Fidel Suárez y el Arzobispo de Bogotá, monseñor Bernardo Herrera, y a cuya imagen le incluyeron en los años 50 el escudo nacional  y en 1955 el general Gustavo Rojas Pinilla le concedió la Cruz de Boyacá. 

La Virgen a cuyo templo de Chiquinquirá llegan todos los años miles de peregrinos, es hoy objeto de una exposición en el Museo de Arte Colonial: Chiquinquirá: devoción e identidad. Se trata de una selección que va desde magníficos retablos coloniales, óleos, pequeños altares portátiles, tallas en piedra, exvotos -promesas y agradecimientos- y grabados intervenidos a mano, hasta cuadros bordados, dulces, estampitas, agua embotellada y un par de videos. Una visión a través del tiempo de la llamada Virgen Milagrosa.

La leyenda

La historia de la patrona de Colombia se remonta a 1563, cuando Antonio de Santana, jefe español de Sutamarchán, lleva a la capilla del pueblo una imagen que el hermano dominico Andrés Jadraque ha mandado pintar en Tunja a Alonso de Narváez. El encargo era pintar a la Virgen del Rosario pero como había sobrado tela a los lados, el artista  pinta a la derecha a San Antonio con el Niño Jesús en brazos y a la izquierda al apostol San Andrés, cargando la cruz porque fue crucificado.

Con el tiempo el cuadro empieza deteriorarse por la humedad -el techo de la capilla es de paja- y años después apenas se distinguen las figuras. En 1578 el cuadro está en tan mal estado que el párroco lo quita del altar y lo envía a una finca que tiene Santana  en Chiquinquirá. Años después, en 1585, María Ramos, familiar de la esposa de Santana llega de España a trabajar como doméstica en la finca y encuentra el cuadro en un establo. Al enterarse de que tenía pintada una imagen de la Virgen, lo pone a secar, lo limpia, lo cuelga y pasa horas orando y rogándole a la Virgen que se haga más visible.

Según crónicas de la época, el 26 de diciembre de 1586 a las 9:00 a.m., una indígena cristiana llamada Isabel encuentra el cuadro en el suelo y para su sorpresa descubre que la imagen de la Virgen se ve nítida.  Desde entonces se conoce como la Virgen de Chiquinquirá y se le atribuyen muchos milagros. "Una aparición milagrosa del siglo XVII convertida en ícono político y religioso en el presente es un fenómeno interesante para estudiar -dice Constanza Toquica, directora del Museo de Arte Colonial-. Por eso, de cara al bicentenario, vale la pena mirar cómo en América Latina todavía hoy las imágenes marianas tienen una fuerza política impresionante".

Sentido de identidad

Si la Virgen de Guadalupe es para México "su" Virgen, la de Pomata es para el Perú, la de Copacabana para Bolivia, y la de Chiquinquirá para Colombia, todas tienen devotos en todo el Continente.

El objeto de la exposición del Museo de Arte Colonial es mostrar el recorrido de esta imagen. "Es una imagen que la gente hace suya, la usa y cree en ella sinceramente con lo cual genera un sentido de identidad en varios países latinoamericanos", dice el historiador Carlos Rojas, curador de la exposición. Por ejemplo, en tiempos de la Independencia fue secuestrada por el Ejército criollo para llevar su mensaje liberador al pueblo. Luego se la apropió el Ejército español para demostrar que aún mandaba. Y cuando Tunja sufrió la peste en el siglo XVI, la imagen fue llevada para detener la catástrofe.

Desde entonces, cada siete años la bajan de su altar para que la gente la venere. Las romerías son ya una tradición en Chiquinquirá.  La gente la siente tan suya que su imagen se ha comercializado y aparece desde en estatuillas de pasta, estampitas, escapularios y medallas, hasta en dulces y tableros de relojes. Cada devoto quiere tenerla cerca.  "A pesar de la secularización, en tiempos de crisis como los de hoy, la fe está presente -dice Toquica- Somos una sociedad en conflicto que todavía necesita recurrir a esas figuras que en el pasado se construyeron como milagrosas". 

LOS EXVOTOS:

En la Iglesia de la Renovación de Chiquinquirá, donde originalmente estaba la Virgen, que fue trasladada a una basílica que pudiera albergar más fieles, hay cerca de 300 lajas con escritos a mano: son los favores que la gente le pide a la Virgen.

También aparecen velas de cuerpos, ojos, piernas, brazos... Representan los órganos que la gente pide que la Virgen les cure. Y pequeños medallones con ovejas, vacas, marranos y otros animales, mediante los cuales los campesinos le piden protección para sus medios de vida.

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