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EN EL SUNTUOSO Palacio de Whitehall, de techos pintados por Rubens, residencia del Rey de los ingleses, fue presentada por primera vez La tempestad, de William Shakespeare. De ese lugar no queda nada: un fuego devoró, en 1698, las 1.500 habitaciones del Palacio y borró del mapa londinense el escenario original de la que es probablemente la última obra del más grande dramaturgo de la historia.
Desde que la compañía The King's Men la actuó para el rey Jacobo I, aquel 1 de noviembre de 1611, la obra ha recorrido un largo camino y ha sufrido profundas transformaciones. La tempestad hizo parte de la celebración del matrimonio de Isabel Estuardo y Federico V. Inspiró a hombres de teatro como Peter Brook, a músicos, pintores, escritores y cineastas. Incluso es la base de Planeta prohibido, una película de ciencia ficción.
En la versión de 4D Art, grupo canadiense invitado al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, el mundo de Próspero se divide en dos... y se divide de manera contundente: la isla, donde convive con personajes interpretados en escena por actores; y su imaginación, interpretada por hologramas. Una propuesta que ha sido calificada una y otra vez como "mágica" y una proeza técnica y poética -de los "multidisciplinarios" Michel Limieux y Victor Pilon, directores artísticos de Delirium (Cirque du Soleil)- premiada por la crítica y aplaudida sin pausa desde su estreno.
William Shakespeare, cuatro siglos después de su tiempo, no ha sido desbancado de los escenarios teatrales. Sigue allí, inamovible, con piezas clásicas como Romeo y Julieta, Hamlet,
Macbeth, El sueño de una noche de verano, Ricardo III... Echarle un vistazo a la programación de la edición XI del FITB basta para comprender la vigencia, la atemporalidad y la proyección del dramaturgo inglés: cinco obras, todas de países distintos, y todas con una propuesta propia, incluida la de 4D Art y los hologramas de La tempestad.
Cimbelino, en una versión contemporánea que arrasó en el Reino Unido, país invitado, da inicio al Festival el 7 de marzo, a las 8:00 pm, en el Teatro Colón. La visión del Kneehigh Theatre, compañía fundada hace 25 años, de la tragicomedia shakesperiana incluye un escenario nada convencional con pinta de jaula, música electrizante y hasta gafas oscuras como parte del vestuario. Claro que la base de la historia se mantiene intacta: el matrimonio de Imogena, hija del Rey Cimbelino, con Leonato Póstumo, un plebeyo; la furia del padre y los deliciosos malentendidos que caracterizan los trabajos del autor y que, en este caso, resultan en una guerra. Asistencia obligatoria.
Macbeth es, por su parte, una de las tragedias más sobresalientes de la extensa, y en sí misma sobresaliente obra de Shakespeare. Su historia, atiborrada de traición y ambición, ha sido adaptada por las compañías de teatro más lúcidas del mundo y por genios como Orson Welles para el cine. A la propuesta que llega desde Alemania se le debe reconocer, para bien o para mal, que no es como ninguna.
El Macbeth de Jürgen Gosch es descarnado, atrevido, violento, brutal, un poquito repugnante y oscuro. El alemán, odiado y amado por la crítica, con baños de sangre, excremento y siete actores impecables, hombres todos y desnudos la mayoría del tiempo, logra llevar a las tablas lo más grotesco de la naturaleza humana. Es un ejemplo típico del llamado "antiteatro" del nuevo teatro. Para Artez, revista especializada en teatro, se trata de "uno de los mejores espectáculos alemanes de la década".
Dice la historia que una de las primeras piezas para teatro de Shakespeare es Ricardo III, catalogada como una obra histórica, aunque sin duda una obra que también pertenece al género de la tragedia pura. En ella se retrata a un monarca envidioso y acomplejado, dispuesto a asesinar a todo el que se interponga entre él y la corona, hermanos, sobrinos, cualquiera. Grandes actores se han medido a interpretar al complejo personaje, entre ellos John Barrymore, Kenneth Branagh, Ian McKellen, Laurence Olivier y Al Pacino.