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TAL ES EL PREJUICIO con el que suelen mirar los espectadores estadounidenses el arte que se produce al sur del Río Grande, que después de recorrer la exposición "Nuevas perspectivas del arte latinoamericano", que por estos días anda colgada en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, una visitante local atinó a decir: "Esto no parece arte latinoamericano".
La ausencia de lugares comúnes es, precisamente, uno de los aciertos de la muestra del MoMA. Consta de 200 obras de artistas como los argentinos León Ferrari y Victor Grippo, los brasileños Helio Oiticica y Sergio Camargo, los venezolanos Gego y Jesús Rafael Soto, y el colombiano Álvaro Barrios, que recorren una fracción considerable del modernismo latinoamericano, incluida una paleta de movimientos asociados con la corriente constructivista y abstracta en América latina, y una sección de fotografía en la que participa el colombiano Leo Matiz.
La exposición cubre 70 años de historia, pero no quiere decir que sea cronológica. Se trata de una selección de las recientes adquisiciones del Museo que dan cuenta de los nuevos parámetros de selección. "Estamos poniéndole atención a artistas, movimientos y períodos que quizás en el pasado no vimos con tanta atención como ahora", dice Luis Pérez-Oramas, curador de la exposición.
El experto organizó la muestra en función de su familiaridad, en sus propias palabras "de lo que a mí me parecía que ellas convocaban como diálogo con nuestras obras, y creo que quedó bastante bien". El resultado fue dividido en dos unidades, instaladas en pisos distintos. "Una va de una representación sólida de obras del neoconstructivismo latinoamericano, a trabajos que hablan de temas como el espacio público, el espacio político y social y, literalmente, de la construcción. La otra es una unidad que se mueve desde temas relativos a la gestualidad, a la línea libre y orgánica, y termina en un arte contemporáneo un poco más político".
Ciertamente la exposición, sin la etiqueta de "arte latinoamericano" bien podría pasar como una muestra de arte de otro continente. Pero esto sólo sirve para evidenciar las temáticas de la región evolucionaron hacia la universalidad, integrándose con el modernismo de otras latitudes.
Tal es el caso del arte óptico, presente en la muestra gracias al trabajo de artistas como el venezolano Jesús Rafael Soto, el cual, si se compara con la obra de Bridget Riley, del Reino Unido, la ejecución, en esencia, no dista mucho una de la otra. Algo parecido sucede con artistas como el brasilero Vik Muniz, cuyas obras pueden no ser muy diferentes de cualquier artista conceptual de otras latitudes.
Si algo tiene de interesante la exposición es su capacidad para plantear respuestas al desarrollo del arte en América Latina. Al menos eso es lo que descubrió Pérez-Oramas durante el proceso de curaduría. "Hay tres cosas que me llaman mucho la atención como problemas plásticos. Primero, que hubo en América Latina desde los años 30 del siglo XX, una continuidad de las vanguardias europeas del constructivismo y la abstracción geométrica, que dejaron como legado formas artísticas que las instituciones de Europa y Estados Unidos desconocían hasta muy reciente data". Según el curador, hubo en América Latina artistas que anticiparon investigaciones de los minimalistas o de los artistas del arte povera (pobre). "Sin ir más lejos, alguien decía comentando la Estructura móvil articulada de Gyula Kosice del año 48 que fue la primera escultura de arte povera en la historia del mundo", comenta.
En segundo lugar, la muestra arroja luces sobre la diferencia entre el arte conceptual latinoamericano y el anglosajón, en el sentido en que aun cuando muchas de sus estrategias fueron basadas en el lenguaje, no parece que ninguna de ellas estuviera dirigida a subrayar la idea o la ilusión de la desmaterialización del arte. "El arte conceptual latinoamericano es también, o sigue siendo, un arte de la materia, del arte como objeto, de la presencia del objeto y del cuerpo, y eso está muy claro en las obras de León Ferrari y en la obra de Victor Grippo, por su importancia dentro del contexto argentino".
Por último, Pérez piensa que no existe en América Latina una confrontación entre figurativismo y abstracción, o entre imaginario y estructura, sino que desde siempre las formas artísticas trabajan el tema de la imaginación, de la imaginería y de la representación mimética. "Son formas que trabajan el tema de la autorreflexividad, de la autonomía formal y plástica de las estructuras y de la abstracción, y eso es una cosa que muy claramente se ve sintetizada, como resuelta, en la obra de artistas más contemporáneos, como Carlos Amorales, Gabriel Orozco, Ernesto Neto y Fernando Bryce".