Febrero 20 de 2008

Mayolo y Ospina: Libertad y Orden

Una semblanza de Carlos Mayolo escrita por uno de sus mejores amigos, a propósito de la aparición del libro póstumo 'La vida de mi cine y mi televisión'.

EN LAS VACACIONES del verano de 1971 Carlos Mayolo, amigo y vecino entrañable de infancia (vivíamos frente a frente en las épocas del rojaspinillismo), me propuso hacer Oiga vea.  Yo venía de adaptar Eróstrato, de Jean-Paul Sartre, en la escuela de cine de UCLA y me entusiasmó aproximarme a la realidad nacional y al documental. Por eso acepté de muy buena gana la oferta y aproveché la oportunidad para hacer el segundo proyecto cinematográfico de mi carrera en UCLA. Años atrás habíamos tenido la intención de hacer una película sobre la venida del Papa Pablo VI pero no pudimos reunir ni la plata ni el equipo para hacerla. En esta oportunidad Mayolo "tomó prestada" una cámara de 16mm de una  agencia de publicidad en la que trabajaba y yo le pedí prestada una grabadora al fotógrafo Fernell Franco. Y así comenzó el rodaje de Oiga vea. Yo era Oiga (sonido) y él era Vea (cámara). Gracias a un amigo que hacía comerciales revelamos la película por debajo de cuerda en un laboratorio, confundiendo subrepticiamente nuestros rollos con los rollos de cuñas publicitarias filmadas por nuestro amigo. Una vez finalizada la filmación yo me fui con las latas a Los Ángeles y en la escuela de cine edité y terminé nuestra primera película. Nos salió baratísima. Lo máximo con lo mínimo.

En un receso de la filmación Mayolo me llevó al Cine Club de Cali y me presentó a su director, Andrés Caicedo, antes de una función de 8 ½ de Fellini. En Andrés encontré un espíritu afín, un amigo desconocido. Habíamos compartido lugares comunes y vivido vidas paralelas que, sin nosotros saberlo, se habían cruzado; habíamos frecuentado las mismas películas, en los mismos teatros, sin nunca habernos conocido. Fue tal la correspondencia que cada uno se volvió el complemento directo del otro. Me integré, entonces, a la dirección del Cine Club de Cali, compartida con Hernando Guerrero y Ramiro Arbeláez. Luego Andrés, Mayolo, Ramiro y yo fundamos la revista Ojo al cine. Redescubrimos el cine colombiano digno de rescatar: las películas neorrealistas imperfectas de Arzuaga, el Julio Luzardo de Río de las tumbas y el trabajo documental de Jorge Silva y Marta Rodríguez. Sin olvidarnos, claro está, del cine europeo y americano que tanto admirábamos.

Cuando la crítica de cine escrita no fue suficiente, Mayolo y yo decidimos llevarla a la praxis en el cine mismo. Mayolo, en su nuevo libro La vida de mi cine y mi televisión, que contiene un DVD de Agarrando pueblo, explica así el origen de la película:

"Latinoamérica se había vuelto el mejor sitio para la pobreza. Por supuesto, el cine de esa época, el de los setentas, no podía ocultarla, ni desconocerla. La miseria se volvió el tema. Todo el mundo salía con una cámara a filmar los defectos, las malformaciones, las enfermedades, las cicatrices de una América Latina desigual y miserable... Todos le caían a los pobres con sus cámaras, creyendo que con el sólo hecho de filmarlos se volvían un documento sobre la realidad. Pero la verdadera realidad no estaba en constatar el hambre, pues los del hambre eran los filmados. La miseria se fue volviendo mercancía, cosa que Marx nunca pensó. (...) Hicimos Agarrando pueblo, película antídoto contra esos cineastas que volvían la miseria parte de la mala conciencia de los europeos. Actué, dirigí, produje y escribí una película desmadrada que, por lo menos, hizo conciencia de la relación filmado y filmador, vacuna a la inconciencia de asimilar o entender la pobreza, antídoto donde la misma enfermedad se inocula."

Por eso hicimos Agarrando pueblo en 1977, como respuesta a la proliferación de cine de pornomiseria en nuestro medio y en el Tercer Mundo. Y fue como un escupitajo en la sopa del cine miserabilista, y por ello fuimos criticados y marginados de los festivales europeos y latinoamericanos, acostumbrados a consumir la miseria en lata.

Agarrando pueblo fue una ruptura en más de un sentido. Fue la última película que correalizamos, después de varias codirecciones: Oiga vea, Cali: de película y Asunción. Luego cada uno (es)cogió rumbos y rumbas diferentes, aunque seguimos trabajando paralelamente. Cuando yo hice mi primer largometraje, Pura sangre, Mayolo participó como actor, y cuando él hizo Carne de tu carne y La mansión de Araucaíma, yo no sólo participé como actor sino también como editor. 

Mayolo decía que él y yo éramos como el escudo nacional: él era la Libertad y yo el Orden. Y nuestro método de trabajo siempre fue la risa.

Sobre nuestra amistad Mayolo escribió esto en su autobiografía ¿Mamá qué hago?:

"Somos los amigos más íntimos y que más nos hemos respetado en la vida. Gozamos de nuestros triunfos juntos y separados. Él ha sido el editor, o más bien el domador de mis películas. Hemos conservado una amistad llena  de risa y de júbilo. Hicimos no sé qué tantas películas juntos y hoy, cuando nos vemos, tenemos la sensación de ser los mismos muchachos hippies de siempre."

Lo extrañaré por siempre.

POR LUIS OSPINA,
director de cine 

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