Febrero 13 de 2008

Obra de Palazuelo en el MamBo muestra similitudes con el trabajo de Eduardo Ramírez Villamizar

LA EXPOSICIÓN DE Pablo Palazuelo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, curada por el recién nombrado director del Reina Sofía, Manuel J. Borja Villel, y la historiadora de arte y co curadora del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, Teresa Grandas, no resulta desconocida para un observador colombiano. Incluso detona ciertas relaciones. Una inevitable es con el trabajo de Eduardo Ramírez Villamizar, de quien el MamBo sacó algunas esculturas. Hay algunos puntos en común que son sorprendentes.

El uno nació en Madrid en 1915, el otro en Pamplona en 1923. Ambos debieron vivir momentos de violencia política en sus países, razón por la cual los abandonaron por períodos, el uno por los estragos de la Guerra Civil Española, el otro por la Violencia en Colombia. Uno y otro tuvieron como primera formación la arquitectura. Los dos exorcisaron el sentimiento de la época a través del arte, la pintura, y las esculturas abstractas y geométricas. Es posible que se hayan conocido en la escena artística parisina de los años 50. Ambos desaparecieron, pero son ya parte de la historia y los homenajes empiezan a llegar. 

LO QUE PIENSAN SOBRE EL ARTE

Eduardo Ramírez Villamizar: 

 "(...) más tarde tuve una reacción a esa violencia, pero no describiéndola, sino mostrando todo lo contrario de la violencia, como es el construir, el orden, la civilización." 

 "La violencia entre los años 40 y 55, sinónimo de barbarie, deja un saldo único y convergente como es el de fundar una sociedad de enfermos. Contra un miedo que reviste todas las características del pánico, el arte colombiano no podía tener más que alternativas radicales: o negar o denunciar de plano.[...] En el año 46, al iniciar su obra, Ramírez Villamizar revela una extraña compenetración con el caos; sus primeras pinturas expresionistas, enlodadas por un empastelamiento anárquico, crucifican personajes macilentos". Textos de la exposición en el Sofia Imber, de Caracas. 

Pablo Palazuelo: 

 "Toda forma viva es, al propio tiempo, imagen o espejo de la vida, y la vida misma".

 "La operación de los puntos, líneas, superficies y colores es larga, lenta, tortuosa, llena de errores, de cegueras, de dudas, angustia y peligro, pero también se dan, a lo largo de ella, paz, equilibrio, profunda satisfacción, placer y libertad exhilarante, porque se trata de cifrar la convergencia del afecto del que pinta con el sentir de la naturaleza".

 "Yo no quiero representar, sino manifestar o, al menos, colaborar en el acto de la aparición. Esto ya implica, de parte de quien contempla la obra, una lectura que puede y debe ir más allá de la simple interpretación o traducción formalista. Puesto que son cosas que se manifiestan, el mejor medio de conocimiento, del lado del contemplador, sería una atenta contemplación o escucha prolongada e intensa que le hiciera posible sentir, conectar, conocer a fondo aquello que contempla: tener la verdadera visión (en el sentido, justamente, de ver visiones)".

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