SU HISTORIA CON LA MÚSICA empezó a los tres años y medio de edad. Su abuelo era violinista aficionado y tocaba también el tiple, la bandola y la guitarra. Su tía Olga Chamorro, una importante pedagoga musical colombiana a quien le dedicó un premio de violín en 2006, lo introdujo de manera profesional en la música, en el violín. A los 18 años fue becado por el Conservatorio Tchaikovski, en Moscú, y después de nueve años allí se convirtió en el primer colombiano con diploma de esta institución. Luego siguieron Francia, Inglaterra, España, Portugal, giras y más giras, tríos, cuartetos y como violinista en la importante orquesta des Champs Elysées. Pero nunca se desvinculó de Colombia. Venía permanentemente a dictar cursos o como director invitado de diversas orquestas.
Pero fue en 1985 cuando descubrió de qué manera quería hacer música. Oyó las Suites de Bach interpretadas por el violonchelista holandés Anner Bijlsma. "Al oírlo supe que debía hacer la música así", cuenta. Lo que hizo Bijlsma estaba dentro de la corriente de la renovación de la interpretación musical, un movimiento que comenzó a finales de los 50 en Austria y Holanda. Su tarea fue rastrear el sonido barroco tal y como debió de haber sonado siglos atrás y tocarlo en su forma original. Eso significó estudiar los tratados escritos por los grandes músicos de esa época que decían cómo se tocaban los instrumentos, cuáles eran los materiales con los que los construían y cómo se leían las partituras en ese entonces. Esto obsesionó tanto a Chamorro que tocó las Suites para cello en viola que era el instrumento que más se acercaba al sonido original de la obra.
Durante 20 años, los músicos que siguieron esta tendencia fueron el hazmerreír del mundo musical porque los instrumentos no sonaban bien y los instrumentistas no sabían cómo tocarlos, pero después, cuando la técnica estuvo dominada, el sonido que salió fue como revivir el Barroco. Para Chamorro, tercera generación que ha seguido con la teoría de la música antigua, es importante hacer hincapié en que después del clasicismo cambiaron los instrumentos, y eso acostumbró a los públicos de generaciones posteriores a un sonido que no era con el cual se había concebido una obra. "Con este trabajo de teoría de la música antigua no se puede tocar a Haydn o a Beethoven como hace 40 años, eso ya no le interesa a nadie y el público no se equivoca", dice.
Justamente eso es lo que quiere hacer: mostrar que la música clásica no es estática. Y como tiene vocación pedagógica, lo primero que hizo fue concentrarse en un disco muy especial, que acaba de publicar con la Orquesta Barroca. Son dos obras de Bach y Vivaldi interpretadas por jóvenes de las universidades Javeriana, Nacional y Corpas, en el Museo de Arte Colonial. Después de 25 años afuera, siente que debe retornar a Colombia y lo quiere hacer dirigiendo. "Tocar el violín no me da la misma satisfacción que dirigir".