JAMES BOSWELL registró en extenso su trato con Samuel Johnson a lo largo de 21 años. Durante la mayor parte de ese tiempo tuvo claro que iba a escribir la biografía de Johnson. Esa biografía, que se tituló Vida de Samuel Johnson, tiene (este reseñador no pretende persuadir al lector de folletín) 1.989 páginas.
La presente edición, íntegra por primera vez en español, ha sido tomada de la edición que realizó Birbeck Hill en 1887. No sobra decir que se trata de un libro exhaustivo. Pero esto no inhabilita a ningún fanático para leer la Vida de Johnson de Hawkins o las Anécdotas de la señora Piozzi o los comentarios triviales de la señorita Thrale.
En el extenso terreno biográfico, los apóstoles de Samuel Johnson (poeta, lexicógrafo, biógrafo; el autor más citado en lengua inglesa después de Shakespeare) se han disputado un lugar en el altar del reconocimiento. Indudablemente, el señor Boswell (el San Pablo de esta iglesia) ha obtenido las más altas calificaciones. Y eso que apenas se vio con Johnson 425 días; acaso ese era el tiempo necesario para conocer a quien está considerado como el mayor crítico literario en lengua inglesa de todos los tiempos.
Boswell describe así al hombre en cuestión: "Mide un metro ochenta, tiene violentas convulsiones de la cabeza y el cuello, y distorsiona los ojos al mirar. Habla con aspereza, en voz muy alta, y no presta atención a la opinión de nadie, siendo absolutamente pertinaz en las suyas. Mana de su boca el sentido común en todo cuanto dice, y parece poseído de una provisión prodigiosa de conocimientos, que no tiene el menor empacho en comunicar al primero que se le ponga delante, aunque con tal obstinación que da a sus parlamentos un aire falto de gentileza, algo zopenco, desagradable e insatisfactorio. En dos palabras, no hay palabras para describirlo".
Pero hay un libro. Un libro monumental, donde la inteligencia y la ironía se dan la mano de una manera nada complaciente.
POR LUIS FERNANDO CHARRY