Una mirada al teatro experimental colombiano

El cuarto de Isabela, de la Need Company, de Bélgica.

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CON LA IDEA DE ROMPER con lo establecido y en medio de la crisis crónica que vive el teatro en Colombia por falta de apoyo estatal y la poca asistencia a las salas, el teatro experimental, basado en tres ejes principales -texto, espacio y manejo del público-  se convierte en otra forma de aproximación al fenómeno dramático con montajes innovadores que no requieren grandes escenografías y que hacen énfasis en la gestualidad y no en la palabra, para crear experiencias más reales en el público.

La idea del teatro experimental nació de un movimiento liderado por Bertol Brecht, Antonin Artaud, Dario Fo y Samuel Beckett, cuyo objetivo era buscar una nueva manera de hacer teatro. La fórmula consistía en partir de la puesta en escena tradicional, pero cambiando el procedimiento escénico  y  la dramaturgia, manipulando la luz y el sonido, el maquillaje, los trajes y el decorado. Querían dejar de lado el teatro anecdótico para crear conciencia en el público, en forma más directa, sobre su papel en la sociedad.

Desde entonces, esa manera de concebir la creación  teatral -da origen al teatro cruel y del absurdo- ha tenido gran impacto en las visiones actuales de hacer teatro y muchos directores la aplican actualizando los formatos pero conservando la idea de vivir una experiencia irrepetible. Por ejemplo, para Fernando Montes, director del grupo Varasanta, el texto dramático, uno de los elementos que más ha evolucionado, se ha convertido más en pretexto de la creación que en el centro de la obra.

Además del texto, uno de los cambios más radicales se presenta en la concepción del espacio teatral. Las salas de teatro dejan de ser el lugar por excelencia de la presentación y, según las necesidades de cada montaje, se buscan escenarios que permitan darle al espectador una experiencia  más real. Por eso no es extraño que las obras se presenten en iglesias, cementerios, carnicerías, casas viejas...En Alemania, por ejemplo, el llamado "teatro libre" -hay 50 en todo el país- busca espacios con valor histórico o arrienda casas para presentar las obras.

Según Alexandra Pfeil-Schneider, una colombo-alemana que lleva ocho años haciendo teatro en Berlín con el grupo Oper Dynamo West, una de las obras que más impactó en el público fue la que se presentó en la estación de tren Zoologischer Garten, donde un grupo de espectadores, guiado por una asiática, era llevado a tres vagones distintos: en el primero estaba un cantante de ópera, en el segundo una bailarina y en el tercero una pareja de actores. La obra se desarrolló en medio de la actividad diaria de la estación y muchos, sin darse cuenta, terminaron interactuando y, de alguna manera, haciendo parte de la obra. 

Otras de las características del teatro experimental es la incorporación de otras artes como la danza, la ópera, la fotografía y el video, que abren nuevas posibilidades de diálogo con el público y enriquecen sensorialmente su experiencia. En Colombia, Mapa Teatro es uno de los grupos que más se ha arriesgado en la incorporación del video y de la música en vivo para lograr atmósferas distintas en cada montaje.

Hoy se piensa en los públicos desde la experiencia y no desde una dramaturgia racionalmente comprendida. Se trata de un rasgo generalizado del arte contemporáneo: lograr experiencias en los espectadores.  "La narración se la ganó el cine y la televisión, la posibilidad de crear experiencias la tiene el teatro".

La calidad

Aunque lo experimental busca una ruptura con los principios del teatro comercial y las fórmulas clásicas de hacer teatro, en la escena colombiana predominan las obras comerciales porque se corren menos riesgos económicos. "Hacer una obra experimental es un riesgo muy alto -asegura Fanny Mickey, directora del Teatro Nacional-. Por eso el espacio para nuevas propuestas se da en la Casa del Teatro Nacional, donde los costos son más bajos y el público está más abierto a estas experiencias".

Por su parte, el director del Teatro Libre de Bogotá, Ricardo Camacho, cuestiona la calidad del teatro experimental que se hace y dice que "por pretender ser experimentales se hacen espectáculos de una tremenda pobreza visual. Y agrega: "El  problema radica en la creencia de que montar los clásicos es repetir viejas fórmulas. ¿Qué puede ser más experimental y arriesgado que montar a Shakespeare en Colombia?".

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