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EL PENSADOR catalán Xavier Rubert de Ventós dice que el pensamiento debe operar como un cuchillo de mesa, que permite discernir entre la suavidad de la carne y la dureza del nervio, a diferencia de los cuchillos de cocina cuyo filo no permite tal sutileza. Interesante analogía para reflexionar a propósito de la exposición Dibujos colombianos del siglo XX, de la galería La Cometa.
"Es una exposición de tipo histórico que apunta a visibilizar la mayor o menor importancia que tuvo el dibujo en el país en distintos momentos de la mencionada centuria", dice el curador Eduardo Serrano. Este objetivo, a pesar de la indiscutible diligencia de la galería, se pierde en la extensa y desordenada presentación de obras, que abruma al visitante.
Resulta contradictorio el criterio de selección, investigación, divulgación y exhibición de las obras, que son aspectos propios de la curaduría. Esta "selección" da pie a confusiones por la gran cantidad de dibujos que, en principio, parecen estar dispuestos en orden cronológico, aspecto que sólo un conocedor podría comprender. Tal organización se pierde después y da paso a otra: en el primer piso se encuentran las obras en pequeño formato sin enmarcar, situación que se invierte en el segundo.
Respecto al binomio investigación-divulgación, hay que ser consciente de que en un país que está en mora de construir su historia del arte, es necesario brindarle al visitante las herramientas necesarias, tanto críticas como históricas, para discernir el conjunto exhibido. De otra forma es muy difícil comprender "la mayor o menor importancia que tuvo el dibujo en el país", como lo requiere el curador.
La falta de fichas técnicas que informen al espectador sobre las fechas de nacimiento y muerte del autor, y la fecha de creación y técnica de las piezas, son unos de los aspectos más cuestionables de la muestra pues la circunscribe a un grupo de especialistas que puedan saber en qué momento trabajaron los autores y qué época específica de su obra está representada.
Qué es un dibujo
Para el visitante no versado en temas artísticos es importante hacer una diferenciación entre las categorías de obra preparatoria -estudio, apunte y boceto- y la obra final. Son estudios los trabajos de artistas como Coriolano Leudo, Ángel Loockhart y Juan Cárdenas, pues se acercan a un tema con el fin de explorar su forma. En la categoría de apunte entran algunos trabajos de Fídolo Alfonso González Camargo, Sergio Trujillo Magnenat y Beatriz González, porque dan cuenta del motivo de su interés y lo traducen al lenguaje del dibujo. En cuanto al boceto, no hay mejor ejemplo que el de Eduardo Ramírez-Villamizar que, al comparar la escala humana con la de la escultura proyectada en el papel, se aproxima a la obra en preparación. Lo mismo sucede con el dibujo de Umberto Giangrandi usado para un cartel político en la década de 1970, aquí sin la tipografía que luego se le adicionó.
La obra final es aquella concebida como pieza única que no se repetirá -necesariamente- en un lenguaje diferente al que empleado para su realización. La mayoría de las obras presentadas en el segundo piso ejemplifican este propósito que, como bien dice Serrano, tiene sus inicios hacia el decenio de 1960. Este punto es evidente en los trabajos de Pedro Alcántara Herrán, Luis Caballero, Santiago Cárdenas, Juan Antonio Roda, Arnulfo Luna, Miguel Ángel Rojas, Mariana Varela, Éver Astudillo, Álvaro Barrios y Óscar Muñoz, para nombrar sólo algunos artistas.
Resulta de gran interés ver la obra del escultor Tiberio Vanegas, de quien se conocen pocos dibujos a pesar de que, a principios de los años 70, su obra fue reconocida por el crítico y dibujante venezolano Juan Calzadilla en un Salón Nacional. Asimismo, los trabajos de Alejandro Obregón, Juan Antonio Roda, Augusto Rivera, Hernando del Villar, Carlos Rojas y Jim Amaral son aciertos de la exposición. Si se presentaran en un contexto histórico, cobrarían mayor interés las experimentaciones en los trabajos de Bernardo Salcedo, Antonio Caro, Eduardo Hernández e Isabel Llano, que exploraron el medio con recursos que van desde la caligrafía hasta el uso de un electroencefalógrafo.