ESTE GRAN MÚSICO que hace parte de los 12 solistas invitados al Festival Internacional de Música de Cartagena, habló con CAMBIO de su vida, sus influencias y el significado que tiene para él estar en Colombia.
CAMBIO: ¿Por qué un ingeniero mecánico termina dedicado a la música?
Romero Lubambo: En realidad la música siempre ha estado presente en mi vida y ha sido mi verdadera pasión. Desde muy pequeño empecé a estudiar piano y cuando cumplí 13 años guitarra. Además, en mi familia la música siempre fue algo muy natural: mi mamá tocaba piano, mi tío guitarra, mi abuela violín y mi abuelo todos los instrumentos de cuerda. Pero en aquellos tiempos, en los años 60, los brasileros teníamos que tener una profesión 'seria', y la música no lo era. Por eso mi padre me dijo que debía ser ingeniero o médico, y a mí siempre me gustaron mucho los carros, los aviones y todo lo relacionado con la ingeniería. Así que terminé la carrera para darle gusto a mi padre y una vez recibí el título me dediqué a la música.
¿Cómo empezó su formación en la guitarra?
A los 13 años empecé a seguir la técnica de los guitarristas populares brasileros porque, a pesar de que me gustaba mucho el jazz, en Brasil no había profesores dedicados a este género. Entonces me tocó estudiar conmigo mismo, solo, en mi casa, con los discos que ahí había. El resultado: una técnica propia, muy mía que me diferencia de otros guitarristas.
¿Quiénes fueron los músicos y los sonidos que más influyeron para desarrollar ese estilo?
George Benson y, en particular, Wes Montgomery porque fue el primer guitarrista americano con el que me apasioné y con él conocí el verdadero sonido del jazz. Por otro lado, guitarristas brasileros como Baden Powell y Luiz Bonfá me mostraron una nueva forma de ver la música de mi país. En cuanto a los sonidos, siempre he tenido la inquietud de estudiar instrumentos como el piano, el saxofón y el vibráfono para incorporarlos a la técnica de la guitarra.
Usted es de los pocos guitarristas que usa la guitarra acústica en el jazz. ¿Por qué lo hace?
Siempre tocaba con guitarra eléctrica géneros como el bossa nova y la samba, hasta que entré a estudiar guitarra clásica en la Escuela Villa-Lobos de Sao Pablo en donde era necesario el sonido acústico. Cuando llegué a Estados Unidos empecé a usar la guitarra acústica en mis presentaciones de jazz, y en una de ellas conocí al flautista Herbie Mann quien se enamoró de su sonido porque, según él, era diferente y cargado de sensualidad. Lo curioso fue que esa misma sensación tuvieron las personas que asistían a mis conciertos y por eso decidí hacer mis solos de jazz con guitarra acústica.
¿Cómo fue la experiencia de tocar con el afamado chelista Yo Yo Ma?
Es una persona maravillosa, muy sensible y humano. Además como músico es fantástico y para mí fue muy importante compartir y aprender de él. Ahora somos grandes amigos y cuando nos encontramos en cualquier parte del mundo hacemos una gran fiesta.
¿Qué significado tiene para usted la música latinoamericana y en particular la colombiana?
Yo pienso que todas las músicas: colombiana, peruana, cubana, tienen algún elemento importante. Por ejemplo los Gaiteros de San Jacinto con esa explosión de tambores y flautas expresan el folclor de Colombia de una manera muy linda. Para mí es muy significativo ver este tipo de músicas porque aprendo de ellas y me enriquezco de sonidos que antes no conocía.
¿Qué viene para este año?
En marzo va a salir un disco que grabé con mi grupo Trio da paz en Alemania en junio de 2007. Es la grabación en vivo de un concierto en el que tocamos con el vibrafonista Joe Locke. Además, viene un tour de guitarra con los hermanos Assad (el dúo más importante de guitarristas en el mundo) su hermana Badi Assad y Celso Machado, cinco músicos brasileros por los Estados unidos en ciudades como Chicago, Boston, Los Ángeles y San Diego.
¿Qué representa para usted estar en el Festival de Música de Cartagena?
Realmente estoy impresionado por la calidad y el profesionalismo de los músicos que vienen a este evento. El público es maravilloso, sabe apreciar el alto nivel que muestran los intérpretes y los respetan hasta el final de las presentaciones. Este es el segundo año que vengo y espero volver para muchos festivales.
¿Qué le va a mostrar al público cartagenero hoy?
Voy a tocar con la flautista Paula Robison y el percusionista Cyro Baptista composiciones originales, algunos de los temas más representativos del Brasil y una canción colombiana que descubrió Paula.
TRAS BAMBALINAS
Casa sol es una vieja casona colonial de tres pisos y dos balcones que dejan ver las tejas ocres de las casas de la ciudad amurallada. Su enorme sala con muebles de cuero curtido y dos espejos de un metro y medio de largo queda justo encima del patio central que oculta sus columnas de madera detrás de las enredaderas de plantas nativas. Ahí está hospedado Romero Lubambo.
En el primer piso, muy cerca de su habitación, hay un salón de unos 45 metros cuadrados en donde él y su compatriota Cyro Baptista ensayan. Estuches de guitarras, una pandereta y decenas de instrumentos de percusión están regados por el suelo. Pero en el extremo del salón hay una maraña de tubos amarillos de pvc ordenados del más grande al más pequeño. Se trata de un instrumento que, durante el segundo día del festival, Baptista y Lubambo construyeron para la presentación de hoy.
Con dos suelas de zapato el percusionista golpea las bocas de los tubos y así consigue un sonido único que, junto a la guitarra de Lubambo, logra una atmósfera brasilera realmente innovadora.