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PUERTO SANTANDER, Meta, un pueblo de calles polvorientas y casas agrietadas, prácticamente perdido en el mapa y tan pobre como casi todos los del departamento, muy pronto será reconocido como algo especial por el Museo Guayupe, el lugar donde reposarán importantes piezas arqueológicas de una cultura hasta ahora desconocida.
Todo empezó en 1989, cuando el Fondo Nacional de Acueducto del Meta aprobó la inclusión de Puerto Santander en el programa de alcantarillado rural. Armados de picos y palas, obreros de la región empezaron la remoción de tierras. Dentro del equipo estaba Carmen Ruíz, quien tras días de remover y sacar tierra descubrió una olla de cerámica enterrada a 50 centímetros de profundidad. El inusitado descubrimiento desató gran curiosidad e interés entre los pobladores, que decidieron revolver el pueblo en busca de más cosas y así fueron apareciendo cerámicas, urnas fúnebres, restos óseos, piedras y semillas carbonizadas.
La noticia se fue difundiendo y, convencidos de que en las ollas podía haber oro, guaqueros de todo el país viajaron a Puerto Santander en busca del preciado metal. No sólo se llevaron una decepción, sino que al darse cuenta de que lo único que había en ellas era cenizas y huesos triturados, empezaron a destruirlas. Ni los guaqueros ni los habitantes del pueblo tenían idea de lo que tenían entre sus manos y por eso, durante casi un año, los recipientes que encontraban o fueron desintegrados o usados para cocinar.
Tabla de salvación
Por esa misma época, la Cámara de Comercio de Villavicencio extendió hasta Puerto Santander el programa Bibliojeep, una biblioteca ambulante que recorría los pueblos para promover la lectura. En una de las visitas, el coordinador del proyecto, Óscar Pabón, se dio cuenta de que las ollas podían pertenecer a alguna antigua comunidad indígena y, en consecuencia, tener valor patrimonial. "Reporté a las autoridades culturales del Meta sobre los hallazgos y éstos, a su vez, hicieron llegar la información al Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) -cuenta Pabón-. Poco después empezó la investigación".
El ICANH asignó a las antropólogas de la Universidad Nacional Elizabeth López y Ninfa Lozano para que adelantaran los estudios de arqueología y la toma de pruebas que ayudarían a determinar de cuándo databan las piezas. "Los estudios evidenciaron que la zona de Puerto Santander fue un cementerio de la cultura guayupe -explica Lozano-. Además, determinamos que lo que los habitantes habían tratado como simples ollas, eran urnas fúnebres donde guardaban las cenizas de sus muertos".
En mayo de 1992, establecida la importancia del hallazgo, la Cámara de Comercio de Villavicencio organizó en Puerto Santander una exposición con algunas cerámicas restauradas por la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural, Funcores, para lo cual donó vitrinas y convirtió una escuela rural en improvisado museo. Allí estuvieron guardadas las piezas cerca de 17 años, abandonadas por el Estado y olvidadas por el pueblo.
Al rescate
El pasado 16 de noviembre fue reportado el último de los cinco hallazgos hechos durante el segundo semestre de este año: una vasija pintada de blanco con un murciélago tallado en la parte superior. "Empezamos a sacarla poco a poco de la tierra para que el sol la fuera secando y así evitar que se resquebrajara", dice Antonio Ariza, un habitante del pueblo.
Según Santiago Giraldo, coordinador del grupo de arqueología del ICANH, este procedimiento empírico de extracción ha sido el gran problema que ha impedido que los investigadores puedan obtener información precisa sobre las piezas halladas recientemente. "Es como si a un médico forense le llevan un cadáver sin tener conocimiento del lugar de los hechos", señala Giraldo.
Sin embargo, han podido establecer tres tipos de cerámicas entre las que han encontrado: vasijas antropomórficas modeladas con apliques y pintadas de rojo y blanco; recipientes esféricos sin decoración, y pequeñas ollas, cuencos y platos. Son elementos que deberán ser investigados para descubrir más datos sobre la cultura guayupe.
Las 50 piezas hoy están guardadas en un cuarto oscuro, con poca ventilación y sin mayores cuidados en el centro de salud del pueblo, envueltas en bolsas plásticas para su conservación. Según las autoridades locales, es un lugar transitorio mientras son enviadas al museo que la Gobernación del Meta acondiciona para ellas en Puerto Santander: "Es el primero del pueblo y el único del departamento, con una inversión cercana a los 258 millones de pesos -le dijo a CAMBIO Antonio Lozano, coordinador de Bibliotecas y Museos del Meta-. Se le quiere dar al pueblo un lugar digno para exhibir las piezas".