ALGUNAS CREACIONES humanas parecen contenerlo todo: el ladrillo, la columna y el arco en la arquitectura; el Genji Monogatari, la Divina Comedia y El Quijote de La Mancha en la literatura. Estos son sólo unos cuantos ejemplos de la gran capacidad del hombre para erigir obras premonitorias y atemporales. Este es el caso de El Clave Bien Temperado (Das wohltemperierte Klavier) compuesto por Juan Sebastián Bach; obra monumental dividida en dos libros, cada uno de ellos con 24 preludios y fugas. El primer libro fue publicado en 1722, un año antes de que Bach abandonara la ciudad de Cothen. El cuaderno original de éste lleva escrito en su portada, con letra manuscrita de Bach: "El clave bien temperado, o preludios y fugas en todos los tonos y semitonos, ..., compuestos para la práctica y el provecho de los jóvenes músicos deseosos de aprender y para el entretenimiento de aquellos que ya conocen este arte". Casi dos décadas después, Bach publica con el nombre de Veinticuatro nuevos preludios y fugas, el segundo libro.
Interpretar El Clave Bien Temperado es una tarea que demanda gran sensibilidad, que reclama del intérprete una sutil delicadeza frente a cada uno de los 48 preludios y fugas. Claridad, precisión, sentido del fraseo, una actitud amorosa, ligereza del toque, esmerada sonoridad y un timbre suave, sumados a una habilidad técnica que vaya más allá de la pirotecnia del mero virtuosismo, dan como resultado un efecto profundo y refinado. Todo eso lo posee la gran pianista canadiense Angela Hewitt, una de las intérpretes más idóneas de nuestro tiempo para descifrar el bello legado del maestro de Eisenach.
Angela Hewitt ha logrado dejarnos absortos con sus interpretaciones dedicadas a Bach, que la han hecho merecedora de distinciones a nivel mundial como la de Artista del Año 2006 para la revista Gramophone. Su repertorio abarca desde impresionantes discos dedicados a Beethoven, Couperin, Messiaen y Ravel entre otros.
La Hewitt consigue en su interpretación desechar lo superfluo e inútil, dejándonos ante el fruto inmaculado que hay en el interior de esta prodigiosa obra. Escucharla requiere sentarse desprovistos de cualquier afán y tomar los 48 preludios y fugas con calma, disfrutándolos uno a uno, para descubrir que allí residen algunas de las obras maestras de la música de Occidente. Mas allá de ser un proyecto pedagógico o un ejercicio teórico, esta obra hace parte del patrimonio musical de la humanidad.
Al menos una vez en la vida todo ser humano debería darse como regalo el escuchar El Clave Bien Temperado, y si es mas de una... podría ser mejor.
POR CARLOS ALBERTO HEREDIA GALINDO