Nuevos autores latinoamericanos llegan a latinos de segunda generación en Estados Unidos

Los autores argentinos Pablo de Santis y María Negroni. Foto: Adriana Groisman

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EL EVENTO Voces Literarias Hispanas en los Estados Unidos, celebrado el 14 de noviembre en la Universidad de Columbia en Nueva York, mostró el buen momento por el que pasa la literatura latinoamericana en el gigante del norte. El auditorio se llenó para escuchar a los autores argentinos María Negroni y Pablo de Santis, el chileno Roberto Ampuero y el colombiano Jorge Franco, cuyas obras ganan cada día más lectores.

La mayor acogida de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos no sólo la demuestra el hecho de que hay más libros en las tiendas, sino que la mayoría de los hispanos que viven en ese país prefieren el español como idioma: el 63% de los 44,3 millones, según datos de 2006 de la firma Simmons. Sin embargo, la iniciativa que sustentó el encuentro partió de la idea de que Nueva York ha adquirido la relevancia que tuvo el París de los años 50 para las letras latinoamericana, en particular para la generación del boom.

Para Claudio Remeseira, director del Hispanic New York Project de la Universidad de Columbia, hay tres factores que diferencian a la Gran Manzana de otros destinos de la diáspora y que le confieren a su experiencia un papel crucial en la renovación intelectual del mundo de habla española. Primero, Nueva York es hoy la capital cultural del globo. Segundo, la obligada confrontación con la cultura anglosajona es esencial para el enriquecimiento de perspectiva. Y tercero, es la más latinoamericana de todas las ciudades del Continente. "En cualquiera de nuestros países, América Latina es una abstracción -dice Remeseira-. Aquí es una realidad, sobre todo audible". 

La ciudad no sólo reúne la mayor variedad de acentos e influencias culturales. También están el contraste que ofrece el inglés y las posibilidades de reinvención del bilingüismo y el hecho de que allí reside una importante comunidad de escritores latinoamericanos, como Carmen Boullosa o Tomás Eloy Martínez, que están siendo testigos de estas dinámicas.

A la sombra de un gran árbol

El realismo mágico, es cierto, le abrió las puertas de Latinoamérica al mundo de las letras, pero también ha logrado el efecto de la sombra de un gran árbol en la medida en que cuando la literatura latinoamericana se enfrenta al público norteamericano, uno de los mayores retos es vencer el mito del exotismo. Por esta razón, la escritora argentina María Negroni, autora de La Anunciación, se preguntaba qué significa ser un escritor latinoamericano en los Estados Unidos y si tiene un espacio en este país. "La paradoja  es que en Estados Unidos a nadie se le niega un lugar en la cultura, pero tampoco se le otorga ¿dijo¿. La literatura latinoamericana como gueto debe responder a los estereotipos de la fórmula erotismo, culinaria, magia y retórica revolucionaria. Es muy triste porque nosotros somos mucho más que eso".

Por su parte, Pablo de Santis, autor de la novela El enigma de París, ganadora del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casa de América, recordó que las condiciones sociales y económicas de las culturas del sur permiten el desarrollo de una relación muy cercana entre la vida real y el relato fantástico. Algo que reiteró el colombiano Jorge Franco al mencionar que le han dicho que su literatura podría ser una prolongación del realismo mágico, gracias a que, por ejemplo, en su novela Rosario Tijeras incluye elementos propios de la realidad colombiana como un mausoleo con música 24 horas o el rito de los sicarios de rociar las balas con agua bendita.

Por todo esto los escritores buscan refrescar la manera de contar las historias. Roberto Ampuero, por ejemplo, encontró una forma de hacerlo en la novela policíaca,  y Franco destaca que ahora hay más conexión con las grandes urbes y que "una historia contada en Bogotá  puede perfectamente suceder en Nueva York o en Buenos Aires". El problema, dice, es que en Hollywood, para alimentar un supuesto mito, "no parece que les interese mostrar algo que no asombre o que no cause risa al espectador".

Pero escribir desde afuera no implica sólo retos. Como lo anota Negroni, una de las ventajas de escribir desde otro lugar es que "descubres una segunda niñez cuando te mudas a otro país". Y Franco agrega: "Yo creo que la distancia  y el tiempo siempre son útiles". Destaca que ahora hay un importante grupo de escritores colombianos que escriben desde Europa o Estados Unidos y que aunque algunos abordan la temática nacional, otros prefieren rechazarla.

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