(Página 2 de 2)
Claro, porque la idiosincrasia es totalmente diferente a la norteamericana, le estás hablando a un latino que habla inglés pero que conserva cierto tipo de costumbres familiares. Esto trasladado a la literatura vuelve al éxito que están teniendo los autores que escriben en inglés para este tipo de público, un público que ya es lector. Sin embargo lo que yo planteaba ayer en la charla es que ese tipo de literatura no se puede considerar literatura latinoamericana... esa literatura puede ser llamada "chicana", o de inmigrantes, pero no es una literatura latinoamericana, que es muy diferente no sólo por el hecho de que esté escrita o no en español, sino porque el escenario latino en los Estados Unidos, que es donde se crean muchas de esas historias, es diferente al de los países de origen.
¿Podría ser entonces que estemos frente a una "nueva literatura latinoamericana", que tiene otro tipo de lenguaje?
No. Yo lo veo más bien como una corriente de la literatura norteamericana, una literatura mucho más cercana a lo americano que a lo latinoamericano, una literatura sobre una historia que está ocurriendo en Norteamérica. Es un poco como este tipo de literatura de los inmigrantes que llegaron en la Segunda Guerra Mundial, o a comienzos del siglo XX, esa es una literatura "de ellos", literatura de italianos, de judíos, de toda esa gente que llegó acá, pero eso ya forma parte de la historia de la literatura norteamericana, por eso yo creo que ahí no hay vínculo con nuestra literatura.
Confrontando la literatura latinoamericana con lo que se está haciendo en este momento y con su obra, hay algo que se ha logrado hacer, como vencer el estigma del Realismo Mágico, y en ese camino se está refrescando la manera como los norteamericanos nos pueden ver a nosotros... Se ha logrado por ejemplo avanzar en temas como las historias de nuestros caudillos, nuestra realidad política, nuestros mundos reales pero muy irreales a la vez...
Es paradójico, porque todo eso nos abrió las puertas de la literatura e hizo que se mirara hacia Colombia, hacia Latinoamérica de una manera muy positiva, pero fue como un gran árbol, y el problema era cómo crecer bajo la sombra de ese gran árbol, y ese es el trabajo tan difícil que se ha venido haciendo poco a poco. Pero es muy claro que han cambiado los temas, que ha cambiado el tono de las historias, que ahora hay más conexión con las grandes urbes. Una historia contada en Bogotá perfectamente puede suceder en Nueva York o en Buenos Aires, o en cualquier otra ciudad. Antes los escenarios que se tocaban eran muy exclusivos, y de ahí viene el exotismo, porque eran escenarios desconocidos para el lector del primer mundo, pero ahora los escenarios son grandes ciudades. Hay diferencias entre Bogotá y Nueva York, pero Bogotá sigue siendo una ciudad grande, cosmopolita, pluricultural, donde si un joven quiere contar una experiencia vital en una novela, resulta que esa experiencia perfectamente puede sucederle a un joven acá en Nueva York o en Medellín... entonces el punto es cómo decir "ya no somos exóticos" (o por lo menos ya no somos tan exóticos) a pesar de que los gringos parecen querer conservar esa visión anticuada a toda costa... dáte cuenta por ejemplo lo que sigue haciendo Hollywood con Latinoamérica... parecen querer conservar esa visión a toda costa; siguen creyendo que Bogotá es una plaza de mercado, y así lo recrean, y probablemente ellos sepan que no es cierto, pero de pronto no les interesa mostrar algo que no asombre o que no cause risa o gracia al espectador.
¿Usted cree que renovar los temas, hacer que dejen de ver nuestras sociedades desde ese punto de vista tan "rural" es una responsabilidad de los nuevos escritores?
Sí, pero yo diría que ese no es ningún tipo de compromiso, es algo que básicamente está sucediendo muy naturalmente, porque nuestro escenario ya no es el campo, son las ciudades y lo que estamos contando es porque no tenemos otra cosa para contar. Las historias que nos cuentan suceden en la ciudad, y esas historias del campo ya nos resultan muy ajenas. En mi caso con Rosario Tijeras por ejemplo, comencé a contar una parte de la historia de Medellín, y simplemente traté de ponerme en la piel de ese personaje, en la época en que eso sucedía, y así lo conté. Para mí la sorpresa ha sido que algunos lectores siguen con ese deseo de encontrar el exotismo, y lo buscan como con lupa. De Rosario Tijeras por ejemplo me decían que hay elementos en la historia que parecen prolongación del Realismo Mágico, caso del mausoleo con música 24 horas o salpicar las balas con agua bendita... pero para quien conoce la realidad colombiana sabe que son elementos tomados de la realidad sin ninguna pretensión literaria, que están ahí más como aporte, como información al relato.
Hay algo que se decía ayer que me parece muy a tono con el hecho del sentir "rural", frente al "urbano" y es que el ver la realidad de cada uno de nuestros países desde afuera nos hace confrontarla... Por eso siento que el relato del inmigrante es muy importante para nuestra literatura en este momento.
Ahora hay un grupo bien importante de escritores colombianos que viven fuera de Colombia, que escriben desde Europa o desde Estados Unidos, y algunos abordan la temática nacional, otros prefieren rechazarla, pero yo creo que la distancia siempre es útil, la distancia y el tiempo son útiles. Incluso en la misma Colombia. Por ejemplo yo escribo Rosario Tijeras cuando ya estoy en Bogotá, seis años después de haber salido de Medellín... creo que tomar distancia es algo muy necesario. Escribir sobre los inmigrantes colombianos es un hecho mucho más difícil, porque requiere una investigación para poder contarlo. Para Melodrama por ejemplo, me fui a París un tiempo, no exactamente para hablar con los inmigrantes, porque no quería ver a mis personajes así, pero sí quería ubicarlos geográficamente, ver dónde podrían vivir, qué podrían hacer, y traté de tener ojos allá también, y para ello me ayudó mucha gente, tenía que ser verosímil acerca de lo que estaba narrando de París...
Bueno, y ya que mencionamos París, pensemos que en la década de los 50 era como la ciudad soñada para los escritores latinoamericanos, pero ese espacio lo parece estar ocupando Nueva York en este momento....
Sí. Yo creo que Nueva York hoy en día tiene una oferta cultural mucho más amplia, más rica que la París actual, a pesar de que el 11 de Septiembre cambió muchas cosas acá. Mira que incluso una de las intenciones con Melodrama era derrumbar un poco esa imagen idílica de París... por eso preferí hablar por ejemplo de esos "bloques de cemento" donde vive la clase obrera francesa.