'La invisibilidad es discriminación', dice ministra de Cultura

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LA PRIMERA MINISTRA negra que tiene Colombia saltó por casualidad al panorama nacional. Lo hizo cuando la bancada afroamericana de congresistas sugirió que colocar a una persona de color en un alto cargo nacional impulsaría la aprobación del TLC. El Presidente Uribe no lo dudó y retiró a la ministra Elvira Cuervo de Jaramillo para invitar al gabinete a una joven de 29 años que no venía del mundo de la cultura.

Graduada como ingeniera industrial de la Universidad Autónoma de Colombia y con estudios en Cambridge, Inglaterra y en Peruggia, Italia, Paula Marcela Moreno disfruta tanto del hip hop como de sentarse a contemplar los planos de las máquinas imposibles de Leonardo Da Vinci o leer algunos versos de Goethe en el mismo parque donde él se sentó siglos atrás. Llegó muy bien recomendada por personas como el ex ministro de Medio Ambiente Manuel Rodríguez, o el ex director de la Biblioteca Luis Ángel Arango Jorge Orlando Melo.

CAMBIO: ¿Qué encontró cuando llegó al ministerio de Cultura en mayo de este año?

Paula Marcela Moreno: Encontré un Ministerio con diez años de trayectoria. Diez años de éxitos y fracasos. Siento que después de todo este tiempo el Ministerio necesita ser mucho más relevante para la vida nacional. Y no sólo es una cuestión de presupuesto sino de conciencia de lo que le aporta la cultura a una nación: en el fortalecimiento de la identidad nacional, en los proyectos de vida individuales y colectivos. Estamos ante el desafío de ver la cultura como protagonista de la Nación.

¿Se ha sentido discriminada?

La gente me ha recibido muy bien en todas las regiones. Además, como soy ingeniera, creo que uno habla con sus resultados.

Pero sí es muy bueno que usted esté en ese cargo para que una comunidad que exige reparación, se sienta respaldada.

La invisibilidad es una forma de discriminación. Colombia tiene que ser capaz de decir que tiene una población afrocolombiana e indígena importante. En la medida en que uno los haga visibles, va a ayudar a ampliar la conciencia.

Su prioridad es llamar la atención sobre la diversidad cultural, ¿cuál es su enfoque?

El reconocimiento de la diversidad cultural es la base de la reconciliación. En la medida en que se haga visible la historia y la cultura de muchos sitios del país, la equidad social será más fácil de alcanzar. Es un tema que no se reduce solamente al tema del turismo. Nadie visita Vaupés porque simplemente no lo tiene registrado. Nuestra misión desde el Ministerio es hacer visible esa diversidad y mostrar su riqueza.

Sí, pero ¿cómo hacerla visible más allá de este discurso?

Por medio del fortalecimiento del sistema nacional de cultura y de la oferta cultural. Es importante hacerles saber a los alcaldes y gobernadores que la cultura es clave para el desarrollo social y un valioso instrumento de competitividad.

Pero esa era un poco la tarea que se impuso el Ministerio hace diez años y todavía no sucede mucho de lo que usted plantea.

Hay muchos sitios donde no hay oferta cultural, en efecto, pero hay casas de cultura que bien pueden cumplir ese papel. Por otra parte, hay ofertas que se desperdician. Por ejemplo, el país tiene 400 museos. Necesitamos fortalecerlos para que esa oferta sea atractiva y relevante desde el punto de vista de la apropiación social. El desafío es cómo hacemos que todos estos procesos se mantengan. En muchos casos no serán rentables, pero sí debemos hacerlos sostenibles.

Un tema de la ex ministra Elvira Cuervo fue el desarrollo de una Ley de Mecenazgo para vincular a la empresa privada en la cofinanciación de la cultura. ¿En qué va eso?

El tema es prioritario. Se trata de generar una política de emprendimiento cultural que ya ha tenido éxito con las leyes del Cine y del Libro. Así de bien tiene que andar esta iniciativa en otros temas desde el punto de vista legislativo, de comercialización, de fortalecimiento de la oferta. Hay que detectar los socios estratégicos que puedan nutrir estos procesos de creación y fortalezcan la competitividad del sector cultural.

En ese sentido, ¿cómo lograr el equilibrio en la financiación y evitar que la empresa privada se crea con el derecho de adueñarse de certámenes culturales como los carnavales populares?

Si bien la obligación del Ministerio es conservar y proteger todas estas manifestaciones culturales, hay un proceso de globalización que hace que sea inevitable el cambio. Uno de los componentes de emprendimiento cultural es el enfoque de responsabilidad social empresarial. Así como se ha hecho en materia ambiental, hay que mostrarle al sector privado cómo pueden ayudar sin afectar el patrimonio, bien sea tangible o intangible, para que su aporte sea integral y no ocasional. No se trata de solamente patrocinar un evento.

¿Vale la pena invertir millones de pesos en hacer un Congreso de la Lengua o en un pabellón inmenso en la Feria del Libro de Guadalajara?

La cultura debe ser el eje de la política exterior porque permite que la gente entienda qué es Colombia. En este sentido, ambos certámenes han sido fundamentales. El próximo año vamos al Festival del Imaginaire, en París. En 2009 vamos al Congreso Iberoamericano de Cultura en 2009, en Brasil, y en 2011 Colombia es invitado de honor al Folklife Festival, en Washington. Esas apuestas grandes las vamos a seguir haciendo porque son fundamentales.

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