Todos los eventos de 'Bogotá Capital Mundial del libro' están repletos: Una mirada a un resultado de siete años de trabajo.
NADIE TENDRÍA la osadía de decir hoy, en septiembre de 2007, que Bogotá no está leyendo y hablando de libros. Puede ser que la medición de lectura en libros por cabeza siga siendo por unos años más la temible cifra de dos libros leídos al año, pero sería mentira decir que la gente no está concurriendo a las bibliotecas ni está asistiendo masivamente a los eventos con autores invitados. Eso ya, de por sí, es un cambio y sin duda alterará las mediciones futuras de índices de lectura. "El problema no es que todos sean lectores, ya que no todos en una sociedad tienen que ser deportistas o cirujanos, pero sí todo el mundo debe tener derecho de acceso a la lectura -dice Ana Roda, coordinadora de Bogotá Capital Mundial del Libro-, además, más allá de las cifras hoy deberíamos analizar mejor la composición de los lectores que se ha ampliado gracias a los clubes de lectores por el trabajo de BibloRed y por los diferentes programas como Libro al viento".
Lo último: en el laspo de dos semanas, Bogotá vivió la invasión por toda la ciudad -bibliotecas, colegios, universidades cafés y librerías- de 39 escritores menores de 39 años de toda América Latina, seleccionados como plumas prometedoras, quienes les leyeron sus textos a un público ávido de letras, de mundos imaginados, acentos disímiles y visiones de sus países. También hubo otra grata conversación entre autores en el evento Elogio de la lectura -que se realiza quincenalmente en la ciudad y se extenderá hasta abril del próximo año, e invita a diversos autores a conversar sobre temas diversos de literatura- en donde Julio Villanueva Chang, editor y periodista peruano, Marcelo Birmajer y Santiago Roncagliolo, autores argentino y peruano se reunieron a hablar de un ícono del periodismo literario: Truman Capote. Ya para el mismo evento había venido el Nobel José Saramago a charlar sobre su obra con la también escritora Laura Restrepo.
Y, totalmente distinto a los eventos anteriores, hubo la reunión anual de 450 abuelos en la Biblioteca Virgilio Barco -es la quinta edición-, todos cautivos asistentes de las 19 bibliotecas públicas de la ciudad, leyendo poesías y recuerdos, además de hacer sus presentaciones de baile, todo propiciado por el programa El rincón de los abuelos, uno de los más exitosos implementado por la red de bibliotecas públicas de Bogotá, BibloRed. Son estos apenas tres eventos de la inmensa cantidad de otros espacios en donde la lectura es la protagonista y que de manera permanente están siendo agendados en la ciudad.
Una ciudad lista
Más de 430.000 personas están asistiendo a la red de bibliotecas públicas y a sus múltiples programas que incluyen además de la lectura, sesiones de cine, talleres de animación y diseño manga, charlas de rock, ópera o ballet, entre otro sinfín de actividades, este año relacionadas especialmente con el libro y la cultura. "Lo que estamos tratando de hacer los promotores de lectura en las bibliotecas y en los programas en los barrios es que la gente cree hábitos de lectura que pueda replicar en sus hogares", cuenta Ricardo Ruíz, licenciado en Filosofía y letras que tiene a su cargo 65 viejitos en la Biblioteca El Tunal.
Por algo la ciudad fue calificada en 2007 como Capital Mundial del L ibro por la Unesco. Ya la Biblioteca Luis Ángel Arango venía cumpliendo la tarea sirviéndole a centenares de niños y jóvenes semanalmente. Y lo sigue haciendo. Pero se quedó corta y era claro que la ciudad necesitaba más cobertura en sus diversas localidades -hay 20-, por eso, desde 1997 y hasta 2001 fueron construidas tres megabibliotecas para que suplieran a la ciudad con bibliotecas en diferentes puntos: La Virgilio Barco, cerca al Parque el Salitre, la del Tintal y la del Tunal, cada cual en estos barrios. Hoy esta red se ha ampliado a 19 bibliotecas, entre locales y barriales.
Todo orientado hacia el mismo lado, los programas coordinados de entidades como la Cámara Colombiana del Libro, Cerlalc, Fundalectura, Asolectura, las Secretarías de Educación y de Cultura del Distrito y BibloRed le han dado continuidad y coherencia al proyecto de fomento, haciendo imposible que los alcaldes capitalinos ya no se fijen en este tema. Lo propio ha hecho la industria editorial, que está participando activamente en los diversos eventos, ofreciendo sus productos.
La ciudad estaba lista. Al menos eso demuestran los escenarios llenos de asistentes hambrientos de cultura. Al parecer es el primer paso para que gente como Guillermo Ruíz, de 66 años que es el primero de la fila al abrir la Biblioteca Pública La Peña en Los Laches, no tenga que repetir que "podría haber sido alguien en la vida pero no hubo quién me ayudara, sólo una maestra que me tendió la mano, pero no estuvo lo suficiente en su puesto". Ahora sí no hay excusa. Las herramientas están dadas para que la ciudad se convierta en una ciudad lectora.
LOS RETOS
Hay que resolver algunos temas para que la eficacia sea aún mayor. Falta que el proceso se ate más a la educación, para que no se pierda el interés despertado por un autor y que en realidad se llegue a su libro. Para Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, "hay que estudiar y mirar cómo es el uso que se la da a esos materiales en el ámbito escolar para ver cuál es el impacto que tienen porque no es lógico que a mayor oferta de materiales de consulta en el aula de clase no mejora el desarrollo de las competencias de los niños en las diferentes áreas". Lo cual para muchos tiene una explicación, como para la pedagoga y filósofa Adriana Urrea: "Que haya unos libros en una biblioteca no garantiza absolutamente nada, debe hacerse un análisis concienzudo de cómo se están armando los catálogos allí y cómo se invita a un futuro lector a acercarse a esos libros". De otro lado, la industria editorial, ya de por sí beneficiada por este interés por la literatura, debe ampliar sus espacios de distribución en la ciudad, excesivamente concentrados, a través de ferias, almacenes de cadena, más librerías en diversos puntos de la ciudad y que las editoriales, "ante la avidez de nuevos lectores, se arriesguen a sacar ediciones más grandes y económicas para que los precios del libro puedan bajar y así completar un ciclo al que aún le falta un eslabón", termina Ana Roda.
551.800.000 PESOS fueron destinados por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte para actividades de fomento a la lectura en 2006.