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Todo orientado hacia el mismo lado, los programas coordinados de entidades como la Cámara Colombiana del Libro, Cerlalc, Fundalectura, Asolectura, las Secretarías de Educación y de Cultura del Distrito y BibloRed le han dado continuidad y coherencia al proyecto de fomento, haciendo imposible que los alcaldes capitalinos ya no se fijen en este tema. Lo propio ha hecho la industria editorial, que está participando activamente en los diversos eventos, ofreciendo sus productos.
La ciudad estaba lista. Al menos eso demuestran los escenarios llenos de asistentes hambrientos de cultura. Al parecer es el primer paso para que gente como Guillermo Ruíz, de 66 años que es el primero de la fila al abrir la Biblioteca Pública La Peña en Los Laches, no tenga que repetir que "podría haber sido alguien en la vida pero no hubo quién me ayudara, sólo una maestra que me tendió la mano, pero no estuvo lo suficiente en su puesto". Ahora sí no hay excusa. Las herramientas están dadas para que la ciudad se convierta en una ciudad lectora.
LOS RETOS
Hay que resolver algunos temas para que la eficacia sea aún mayor. Falta que el proceso se ate más a la educación, para que no se pierda el interés despertado por un autor y que en realidad se llegue a su libro. Para Moisés Melo, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, "hay que estudiar y mirar cómo es el uso que se la da a esos materiales en el ámbito escolar para ver cuál es el impacto que tienen porque no es lógico que a mayor oferta de materiales de consulta en el aula de clase no mejora el desarrollo de las competencias de los niños en las diferentes áreas". Lo cual para muchos tiene una explicación, como para la pedagoga y filósofa Adriana Urrea: "Que haya unos libros en una biblioteca no garantiza absolutamente nada, debe hacerse un análisis concienzudo de cómo se están armando los catálogos allí y cómo se invita a un futuro lector a acercarse a esos libros". De otro lado, la industria editorial, ya de por sí beneficiada por este interés por la literatura, debe ampliar sus espacios de distribución en la ciudad, excesivamente concentrados, a través de ferias, almacenes de cadena, más librerías en diversos puntos de la ciudad y que las editoriales, "ante la avidez de nuevos lectores, se arriesguen a sacar ediciones más grandes y económicas para que los precios del libro puedan bajar y así completar un ciclo al que aún le falta un eslabón", termina Ana Roda.
551.800.000 PESOS fueron destinados por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte para actividades de fomento a la lectura en 2006.