El 'boom' del arte chino

Los artistas chinos tocan temas como la suerte de los inmigrantes, la reinterpretación de los íconos (foto) y la entrada del capitalismo.

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EL COLECCIONISTA NEOYORQUIN Ho-ward Farber, reconocido en sector inmobiliario, pronto podrá decir que se ganó el Baloto si todo sale como debiera en la subasta de Phillips de Pury & Co. en octubre próximo.  Todo apunta a que así será.En 1996, compró la obra Great criticism: Coca Cola de Wang Guangyi por 25.000 dólares y ahora el precio base en la subasta es de 1.2 millones. Algo similar le pasó al artista Zhang Xiaogang, hoy convertido en ícono por sus obras sobre la masacre de la Plaza de Tiananmen en 1989: Christie¿s subastó su trabajo por 76.500 euros en 2003 y en octubre de 2006, la obra fue adquirida en Londres por 1,12 millones. 

El arte chino vive un boom que se retroalimenta en forma permanente. Cada día es más frecuente la figuración de artistas chinos en bienales y ferias internacionales y el distrito Dashanzi, el barrio de las galerías desde hace tres años en Beijing, hoy vende el 80% de las obras a clientes extranjeros. A esto se suman las múltiples exposiciones internacionales: en 2003, se celebró en Francia El año de China en el Centro Georges Pompidou con una gran exposición; en 2005, la Universidad de California expuso la muestra Regeneration, una mirada al arte chino producido en Estados Unidos; a comienzos de este año el China Institute de Nueva York montó la exposición Shu: reinventando los libros en el arte chino contemporáneo; El Artium y el Palau de la Virreina de Barcelona mostró en marzo Zhù Yi! Fotografía actual en China, y  la Fundación Miró de Barcelona exhibirá en este semestre obras hechas entre 1986 y 2006; el coleccionista británico Charles Saatchi abrirá su galería con una colección china luego de haber adquirido, también de Zhang Xiaogang, la obra Camarada 120, de la serie Líneas de sangre, por 769.600 libras esterlinas.

Algo que llama poderosamente la atención de Occidente es la mirada de los artistas al pasado reciente de su país, que no puede olvidar la carga que dejó el régimen impuesto por Mao Zedong. Del mismo modo, la entrada del capitalismo ha sido clave en la reformulación del arte chino contemporáneo. "Son artistas preocupados por cuestiones como la recuperación de la memoria cultural, la identidad propia y colectiva en una sociedad cambiante, la degradación de la naturaleza y del paisaje urbano a los pies del desarrollo económico, así como otros efectos provocados por éste, el interés por la moda o el consumismo irrefrenable entre ellos", dice la curadora española Susana Iturrioz, encarga de la muestra del Artium de Barcelona.

Perseguidos y más cotizados

China se abrió al mundo en 1978 cuando Deng Xiaoping tomó el poder tras la muerte de Mao en 1976, pero aún hoy hay censura a los artistas que tocan temas espinosos. Curiosamente, mientras la autoridades culturales dejan exhibir desnudos y obras de contenido sexual explítico en las galerías, no hacen lo mismo con obras que hacen referencia a la situación política o critican a miembros del Partido Comunista. Obras de este tipo han sido descolgadas por la Policía. Así le sucedió a Xindong Chen, uno de los primeros galeristas víctimas de la censura. "Luego de 25 años de reformas económicas, pensé que China estaba lista para aceptar creaciones como estas", le dijo el galerista a The Guardian. Se refería a obras como las de Wu Wenjian, que pintó una obra con tanques y soldados disparándole a la gente mientras un cerdo mira la escena  o las de Hong Lei que pinta paisajes aparentemente apacibles pero cuyos ríos y cielos rojos aluden a la sangre derramada. A pesar de ello, los hermanos Gao -Zheng y Qiang-, reconocen que la situación ha mejorado, pues de 1989 a 2003 estuvieron en la lista negra de artistas que no podían abandonar el país so pena de duras represalias.

Este hecho, sin embargo, no ha hecho más que valorizarlos en el mercado del arte. Por ejemplo, una obra como la de Wang Guangyi, que muestra un grupo de soldados revolucionarios a punto de apuñalar el logo de la multinacional Coca Cola, se disparó en precio. Obras como estas responden al "realismo cínico" y al "pop político". Una y otra corrientes exhiben una especie de ambigüedad ideológica, cargada de ironía, que apunta a mostrar que la realidad política china está siempre puesta en duda.

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