Falta de identidad

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POR FERNANDO GÓMEZ GARZÓN

EN 'BUSCANDO A MIGUEL', un joven político sinvergüenza -una especie de prototipo del concejal corrupto- cae de repente en manos de unos atracadores al morder el señuelo típico del bizcocho irresistible de discoteca. Total, pierde la plata, el carro, la ropa... y la memoria. Claro que uno no sabe si la perdió por la burundanga que recibió en el baile o por el guarapazo que le dieron unos asesinos que se dedican a matar indigentes para vender los cuerpos a un traficante de órganos.

Sólo, empeloto y sin memoria, el político no puede sino obedecer a la compasión de un travestido y a la de un cartonero de la calle del Cartucho, y en ese angustioso trance, intentar averiguar quién diablos es.

Juan Fischer, el mismo director de El séptimo cielo, pretende con ello trazar una historia sobre la búsqueda de identidad, "no solo desde la perspectiva del individuo solo sino, en especial, la de la ciudad misma", ha dicho. La película, de plano, no puede descubrir la identidad urbana, pues solo se mueve entre la miseria y el cabaret de mala muerte. En cambio, se concentra en la redención del político, en su camino de Damasco hallado en la cuadra más putrefacta de la ciudad. Pero hay un problema, y es que Miguel -el político- no puede redimirse porque no tiene memoria.

Quizás es por este error fatal que la película anda tan despistada como el propio Miguel. Incluso su rostro desorientado describe muy bien a quien lo encarna, Luis Fernando Bohórquez, confundido porque no hay guión ni director que le digan hacia dónde diablos debe ir.

Tal vez por eso ni la película ni Miguel encuentran una identidad y al final ambos se contentan, en detrimento de la historia, que no era mucha, con servir de redentores: Miguel, dedicándose a trabajar en un centro de rehabilitación de indigentes; la película, improvisando al final un documental sobre esa fundación caritativa.

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