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En adelante, la necesidad de retomar el teatro y la familia lo llevaron, en la boca del crítico francés Alain Bergala, a "renunciar al cine como arte mayor, en beneficio de un cine pobre, de miedo". Esto es explicable en sus últimos trabajos más majestuosos, en los que la pobreza es un recurso para volver a sus orígenes de infancia, anteponiendo la idea del pecado en medio de ellos, todos realizados entre los años 70 y 80: La flauta mágica, Sonata de otoño, De la vida de las marionetas y Fanny y Alexander, entre los más destacados.
Para Bergman el teatro es, fue y será una forma de vida. "La verdadera representación no tiene lugar en el escenario sino en el interior de las personas que asisten al teatro", dijo. Y de hecho, a pesar de su amor por el cine, su vida era el teatro. Sus últimos trabajos, Zarabanda y En presencia de un payaso insinuaron el deseo por abandonar el cine para siempre. "Mi idea es recluirme en la isla (su residencia), y venir a Estocolmo para hacer teatro, que es el único medio que me satisface ahora, porque creo que el teatro es el lenguaje, la capacidad de la palabra para hacerse cuerpo e imaginación a un tiempo", sentenció entonces.
A sus 70 años consideró concluída su obra cinematográfica. Bergman cuestionaba continuamente la imposibilidad de entender el cine actual. Sin embargo, el teatro logró unirlo al cine de nuevo. Al fin y al cabo, según el propio Bergman, "el cine es una inmensa máquina que se pone en movimiento en un abrir y cerrar de ojos que te arrastra y es imposible pararla. Eres impotente".
Como lo sería también el director francés François Truffaut, quien a pesar de su admiración por el sueco, guardó respetuosas reservas por el pesimismo de su obra: "A veces me pregunto si Bergman encuentra realmente la vida tan desesperada como nos la muestra en sus películas... está claro que Bergman no nos ayuda a vivir, Renoir sí. Con razón o no, me parece que un artista optimista -a condición de que no se trate de un optimismo bobo sino, más bien, de una especie de pesimismo superado- me parece, digo, que este artista es más grande o más útil a sus contemporáneos, que el nihilista, que el desesperado" .
Y, sin embargo, ese artista desesperado ha dejado uno de los legados más importantes del cine.
Augusto Bernal Jiménez
Black María.
MICHELANGELO ANTONIONI ÚNICO E IRREPETIBLE
El mismo día de la muerte de Bergman ocurrió la de Antonioni, otro monstruo de la cinematografía mundial. Nacido en Ferrara en 1912, fue uno de los hijos del neorrealismo italiano. Sin embargo, desarrolló un lenguaje cinematográfico tan obsesivo por la imagen y tan propio en su interpretación, que muchos especialistas clasificaron su estilo como único.