Julio 13 de 2007

En blanco y negro

Los pastusos buscan que su Carnaval sea patrimonio de la humanidad, pero nadie tiene muy claro para qué.

HACE DOS SEMANAS los pastusos celebraron el Primer Encuentro Global de Carnavales, durante el cual les mostraron a colombianos y extranjeros que su Carnaval de Negros y Blancos está listo para ser declarado Patrimonio Nacional Inmaterial, un paso fundamental para intentar ingresar a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La iniciativa es promovida directamente por el Gobernador de Nariño y por la Alcaldía de Pasto y hasta dicen que en septiembre será una realidad.

Lo cierto es que, con una inversión de 170 millones de pesos, los organizadores del Encuentro de Carnavales hicieron un simulacro de las fiestas, que se celebran los primeros días de enero desde hace 90 años, ante la mirada expectante de los invitados: por un lado, representantes de la Unesco -la oficina de las Naciones Unidas que avala el ingreso de los bienes patrimoniales a la Lista-; por el otro, delegaciones de los carnavales de Oruro (Bolivia), Viareggio (Italia), Río de Janeiro (Brasil), Veracruz (México) y Latacunga (Ecuador), entre otros, y de algunos colombianos como el de Barranquilla y Riosucio, que representaron sus propios carnavales y expusieron en seminarios sus ideas acerca del tema de las fiestas populares y los carnavales.

Al margen de la algarabía, sin embargo, salieron a flote algunas inquietudes acerca de la pertinencia del nombramiento que busca el Carnaval de Negros y Blancos y la dificultad que implica tener que proteger, por patrimonial, una costumbre que por definición está en constante movimiento. En pocas palabras, los analistas se preguntan si, en realidad, podría servir de algo que el Carnaval sea declarado patrimonio de la humanidad.

En efecto, la Unesco tiene como una de sus misiones estimular la preservación de los bienes patrimoniales del mundo. Y lo hace de manera simbólica, enmarcándolos con una declaratoria que no hace sino alertar sobre la obligación de las autoridades locales de conservarlos. La distinción, que se estrenó en 1972, se limitó durante más de 20 años a bienes materiales y monumentales, y entre ellos cupieron por Colombia las murallas y el casco histórico de Cartagena, y el complejo arqueológico de San Agustín y Tierradentro. Hasta que en 1997 la Unesco decidió extender la repartición de sus diplomas a patrimonios intangibles o inmateriales, tales como fiestas, rituales y carnavales, a los que llamó Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. No contentos con ello, los miembros de la organización, reunidos en la convención anual de París, en 2003, resolvieron que el título de Obras Maestras era excluyente y antidemocrático. De manera que inventaron un nombre menos opulento y con mayor capacidad: Lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad, que comenzó a aplicarse en 2006 y en la que tiene cabida cualquier manifestación cultural que tenga alguna tradición. Tan amplio es el rango de selección, que muchos escépticos han empezado a criticarlo al decir que si todo cabe como patrimonio no tiene sentido señalarlo.

Mientras que en las altas esferas de la Unesco la paradoja es motivo de discusión diaria, en los países miembros crece la falsa idea de que la declaración de un bien como patrimonio de la humanidad trae bajo el brazo un generoso cheque en dólares, como si la declaración fuera un premio. Quizás por eso muchos políticos toman el tema como bandera de sus campañas y prometen el cielo y la tierra para sus regiones. Basta decir que prácticamente todas las declaratorias de patrimonio inmaterial, así como las candidaturas  en el país han salido del Congreso, con la esperanza de que el sello patrimonial le abra las puertas al turismo.

"Existe la idea de que el patrimonio cultural es una guaca y que el turismo trae toda la plata del mundo, que un museo va a atraer a millones de personas que dejarán su dinero y generarán bienestar -explica Monika Therrien, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH-. Sin embargo, la realidad es que en San Agustín y Tierradentro la venta de boletería para entrar representa apenas la tercera parte de lo que se necesita para sostenerlos y desarrollar programas de divulgación".

Lo que escoja a 200

El antropólogo Javier Romero, uno de los investigadores que más conoce el Carnaval de Oruro -proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en 2001- le contó a CAMBIO que aunque la declaración sí generó más visitantes, también dejó en evidencia que no estaban preparados para recibirlos. "La venta del Carnaval de Oruro como paquete turístico dejó por fuera a los pequeños productores, que son los que de verdad hacen la fiesta -explica-. Además, estas representaciones de lo exótico para 'los otros', terminan siendo meros objetos de consumo".

Esta preocupación es la misma que el investigador argentino Néstor García Canclini plantea en el libro Culturas populares en el capitalismo. Para él, más allá de la discusión bizantina sobre la autenticidad de la fiesta rural y su decadencia en las variaciones urbanas, la pregunta que hay que responder es "por qué cada vez más las fiestas rurales van cediendo a modelos mercantiles urbanos y son parcialmente sustituidas por diversiones y espectáculos".

En ese sentido, Margarita Reyes, coordinadora de patrimonio del ICANH, señala cómo las multinacionales cerveceras, las tabacaleras y las compañías de telefonía celular están privatizando muchas de las fiestas de América Latina. "Es necesario que la gente no deje comercializar la celebración, porque el ritual perdería su esencia, justamente la que hizo que fuera declarada como patrimonio mundial", dice.  Los mismos expertos de la Unesco advierten que cuando grupos externos a su esencia intervienen en el proceso cultural por razones más mercantilistas o por manipulaciones políticas, la fiesta corre un riesgo tremendo. "Nos encontraremos con un carnaval en vías de peligro de desaparición", aseguró en Pasto Yves de la Goubaye de Menorval.

"Aunque los aportes privados son imprescindibles, hay que tener cuidado con éstos, porque se perdería la esencia

de las fiestas si permitimos que la empresa privada las controle, pasando de ser un evento cultural a uno comercial o promocional", confirma Nelson López, director del Carnaval de Riosucio en Caldas.

Menos carreta

Para los antropólogos, la solución no es ni económica ni turística. "Tenemos que empezar a manejar estrategias socioculturales", dice Monika Therrien. Para las investigadoras del ICANH, la región de San Agustín ha recibido pocos beneficios en los 12 años que lleva como Patrimonio de la Humanidad, y sus habitantes siguen viviendo de la guaquería porque no saben por qué deben preservar.

Sin embargo, en la Dirección de patrimonio del Ministerio de Cultura no piensan lo mismo y todas las baterías están enfiladas a impulsar la dinámica de mercadear el patrimonio, como lo reconoce su directora María Claudia López. Según ella, si bien es cierto que no hay mejor garantía para la conservación del patrimonio que la apropiación social, también es claro que "el patrimonio cultural debe ser un insumo fundamental del desarrollo económico y social -explica López-. En la medida en que eso sea así, el patrimonio cultural va a cumplir su papel: que sirva para algo".

Con todo, las declaratorias de patrimonio nacional o internacional no garantizan ni protección ni bienestar regional. A veces implica una responsabilidad imposible de cumplir por el gobierno local y, en consecuencia, que termina dejando en manos de la empresa privada, siempre al acecho en su afán de explotar la fiesta comercialmente.

Para lo único que sirvió la declaración del Carnaval de Oruro, concluye el boliviano Javier Romero, fue  para demostrar en otros países que determinadas danzas y expresiones folclóricas, eran bolivianas y no chilenas. "la Danza de los Caporales, que orgullosamente Chile demuestra como suya, es nuestra, y pudimos recuperarla gracias al nombramiento de la Unesco". Así que bien vale la pena que los pastusos se pregunten para qué buscan ser patrimonio de la humanidad y si no sería mejor dejar los santos quietos y la tradición intacta.
Agradecimiento a Pablo Andrés Bacca por el préstamo de imágenes del libro Carnaval de Negros y Blancos de Pasto.

DATOS: 

- 90 bienes intangibles fueron declarados de 2001 a 2005 .
- El Carnaval de Barranquilla fue declarado Patrimonio en el año 2003.
- 4.000 personas y más de 300 familias viven de la tradición del Carnaval.

LOS PASTUSOS HABLAN

"El Carnaval de Negros y Blancos no dejará de serlo sin la nominación, porque lleva cocinándose 90 años, y ese título sería la cereza que adorna la torta, pero ésta no dejaría de ser torta" .
Miguel Ortega, artesano hace 60 años e historiador.

"La nominación permitirá que la ayuda económica que ahora da la Alcaldía y Corpocarnaval que son tres millones de pesos se pueda incrementar para mejorar la calidad de las carrozas".
Julio Jaramillo, presidente de la Asociación de Artistas de Cultores de Pasto.

"Creemos que desde la cultura podemos cambiar la imagen de Colombia en el mundo, así que la nominación sería un paso muy positivo para Pasto".
Leonardo Sansón, Director de Corpocarnaval.

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