En blanco y negro

Con influencias del Ecuador y el Putumayo, el Carnaval le rinde tributo a la Pacha Mama y hace alusión a los chamanes. Foto: Luis Ponce

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"Existe la idea de que el patrimonio cultural es una guaca y que el turismo trae toda la plata del mundo, que un museo va a atraer a millones de personas que dejarán su dinero y generarán bienestar -explica Monika Therrien, del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH-. Sin embargo, la realidad es que en San Agustín y Tierradentro la venta de boletería para entrar representa apenas la tercera parte de lo que se necesita para sostenerlos y desarrollar programas de divulgación".

Lo que escoja a 200

El antropólogo Javier Romero, uno de los investigadores que más conoce el Carnaval de Oruro -proclamado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad en 2001- le contó a CAMBIO que aunque la declaración sí generó más visitantes, también dejó en evidencia que no estaban preparados para recibirlos. "La venta del Carnaval de Oruro como paquete turístico dejó por fuera a los pequeños productores, que son los que de verdad hacen la fiesta -explica-. Además, estas representaciones de lo exótico para 'los otros', terminan siendo meros objetos de consumo".

Esta preocupación es la misma que el investigador argentino Néstor García Canclini plantea en el libro Culturas populares en el capitalismo. Para él, más allá de la discusión bizantina sobre la autenticidad de la fiesta rural y su decadencia en las variaciones urbanas, la pregunta que hay que responder es "por qué cada vez más las fiestas rurales van cediendo a modelos mercantiles urbanos y son parcialmente sustituidas por diversiones y espectáculos".

En ese sentido, Margarita Reyes, coordinadora de patrimonio del ICANH, señala cómo las multinacionales cerveceras, las tabacaleras y las compañías de telefonía celular están privatizando muchas de las fiestas de América Latina. "Es necesario que la gente no deje comercializar la celebración, porque el ritual perdería su esencia, justamente la que hizo que fuera declarada como patrimonio mundial", dice.  Los mismos expertos de la Unesco advierten que cuando grupos externos a su esencia intervienen en el proceso cultural por razones más mercantilistas o por manipulaciones políticas, la fiesta corre un riesgo tremendo. "Nos encontraremos con un carnaval en vías de peligro de desaparición", aseguró en Pasto Yves de la Goubaye de Menorval.

"Aunque los aportes privados son imprescindibles, hay que tener cuidado con éstos, porque se perdería la esencia

de las fiestas si permitimos que la empresa privada las controle, pasando de ser un evento cultural a uno comercial o promocional", confirma Nelson López, director del Carnaval de Riosucio en Caldas.

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