Junio 1 de 2007

Uno no es suficiente

Salvo el Premio Luis Caballero y unos pocos espacios, artistas con trayectoria y mucho futuro carecen de espacios para exponer sus obras.

EL PREMIO Luis Caballero de artes plásticas fue creado en 1996 por el IDCT -hoy Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Bogotá- para artistas de más de 35 años y con más de 10 años de trayectoria. Es decir, para aquellos que con un trabajo más o menos consolidado aún están en proceso de desarrollo. El Premio, que se entrega cada tres años, lo han recibido Víctor Laignelet, Luis Fernando Roldán y María Elvira Escallón, y la obra propuesta debe crearse para la sala curva de la Galería Santafé del Planetario.

Para su cuarta versión, los artistas seleccionados fueron Alberto Baraya, Luz Ángela Lizarazo, Miguel Huertas, Fernando Uhía, Édgar Guzmán, Humberto Junca, Beatriz Eugenia Díaz y Johanna Calle. Cada uno recibió 11,5 millones de pesos para realizar el proyecto y el que gane obtendrá 50 millones de pesos. El Premio editará dos catálogos: uno con los procesos que sigue cada artista para cristalizar su proyecto y el otro con las obras ya concluidas y montadas en el espacio.

El Premio es una de las pocas oportunidades que tienen artistas de una generación intermedia entre los novatos y los definitivamente consagrados para exponer su trabajo. "No son muchos los espacios para esta generación intermedia -le dijo a CAMBIO hace un tiempo el curador José Roca-. Esto contrasta con una oferta cada vez mayor de espacios para los artistas novatos".

Los artistas de la generación intermedia se baten entre dos aguas: la de los nuevos por quienes hay muchas apuestas y múltiples espacios de exhibición, como los salones Botero, Arte Joven,  Pintura Joven, Cano, Arte Joven del MamBo, muestra ArteCámara, Curator Choice, y el ciclo Jóvenes Artistas de la Alianza Colombo-Francesa, además de un buen número de galerías que miran en esta misma dirección, como Casa Cuadrada, El Callejón de Exposiciones del Jorge Eliécer Gaitán, LA Galería, Nueveochenta y El Bodegón, entre otras. Por otro lado están los espacios que mezclan novatos con maduros, como las galerías Casas Riegner, Alonso Garcés y Valenzuela & Klenner, entre otros, y los que montan retrospectivas de los consagrados, como la Galería El Museo y los museos Nacional y MamBo.

Para la generación intermedia existen los salones regionales pero sólo si son invitados por los curadores; las becas de creación; los salones Del Fuego, Bidimensional y el BBVA; muestras que organizan instituciones como la ASAB y las universidades de Los Andes y la Nacional, dirigidas casi en forma exclusiva al mundo académico y artístico, y el Premio Luis Caballero. No hay mucho más en el panorama y pocas galerías comerciales se interesan por ellos.

La paradoja es que, frente a los pocos espacios que tienen en Colombia para mostrar su obra, los artistas de esta generación intermedia están empezando a ser reconocidos en los círculos internacionales. Nombres como los de María Fernanda Cardoso, Luis Roldán, Delcy Morelos, Nadín Ospina, Carlos Blanco, José Alejandro Restrepo y Rosario López, entre otros, están ganando terreno por fuera y, por ejemplo, los dos últimos fueron invitados por el curador de la Bienal de Venecia, Robert Storr, para la edición de este año, y Alberto Baraya a la Bienal de Sao Pablo. 

No obstante estos avances parciales y la seriedad de sus propuestas, los artistas que participan este año en el Premio Luis Caballero e incluso los que han estado presentes en las ediciones anteriores, no tienen hoy mayor repercusión precisamente por la falta de una exposición más permanente de su obra que no sólo tiene que ver con exhibir en galerías, sino con la carencia de escenarios institucionales e independientes que muestren su trabajo. Por ejemplo, Johanna Calle sólo entró en el circuito de las galerías el año pasado, cuando Casas Riegner hizo una exposición de su obra. "Me pareció increíble que no estuviera mostrando -dice Catalina Casas, directora de la galería-, pero es que ella era muy recelosa del trabajo de las galerías y justamente eso fue lo que creó tanta expectativa. Y su primera exposición fue todo un éxito no sólo aquí sino en las ferias internacionales".

Casas no coincide con la tesis de la falta de interés y de espacios para los artistas de la generación intermedia y tal vez se debe a que es una de las pocas que le ha apostado en forma clara a artistas con alguna trayectoria y mucho futuro, como Calle, Maria Fernanda Cardoso, Rosario López, Luis Roldán y Danilo Dueñas, entre otros.

El curador Jaime Cerón, quien lleva una década detrás del Premio Luis Caballero, cree que es necesario que otras instituciones le apuesten a este tipo de premios y abrir más espacios para que los artistas hagan exposiciones en la mitad de sus carreras. "Uno esperaría, por ejemplo, que el MamBo fuera el escenario natural de este tipo de propuestas -dice-. Pero la última fue la de Miguel Ángel Rojas, hace más de una década, y en la Luis Ángel Arango estas iniciativas no son tan recurrentes".

Son artistas con camino recorrido a los cuales no pueden hacerles cualquier tipo de propuesta o exhibir sus obras como exposiciones de relleno, como le sucedió a Beatriz Eugenia Díaz. El año pasado, por invitación de la curadora Natalia Gutiérrez, expuso por primera vez  una instalación sonora en la fundación Cu4rto Nivel, pero su experiencia fue desafortunada. "Por el miedo a perder plata, alquilaron la galería para lanzar unas joyas con mi obra allí -cuenta. Es el irrespeto mayor que he vivido y por eso me fui y la curadora renunció".

Y no es que estos artistas tengan pesadillas por no exponer en galerías comerciales, es que están preocupados por la falta de interés del circuito artístico en la experiencia que han acumulado. "La desatención de esta generación tiene que ver con la no valoración de la experiencia -sostiene Miguel Huertas, coordinador del posgrado de Educación Artística de la Universidad Nacional. Uno supondría que algo más decantado tiene más valor, pero lo que vemos es que no es así porque la idea es dar respuestas inmediatas a problemas inmediatos". En el mismo sentido se pronuncia Cerón: "No parece vigente, necesario o valioso el aporte de artistas con trayectoria".

Por estas razones muchos artistas de esta generación intermedia sobreviven dictando clases o toman otros rumbos como la publicidad o la música. "Se resignan, dejan de dar la pelea y desisten de la idea de crear un proyecto artístico", dice Huertas y Cerón agrega: "Terminan abocados a hacer las obras que demanda el mercado". Queda claro, entonces, que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo y que falta mucho por hacer para que artistas con hoja de vida, bagaje y trayectoria tengan más espacios para exhibir en su propia casa. La paradoja es que sobre ellos tienen hoy puestos los ojos los galeristas internacionales.

LAS 8 PROPUESTAS

LUZ ÁNGELA LIZARAZO:  a través de un profundo estudio del cuerpo, continúa su recorrido íntimo alrededor de la pérdida.

MIGUEL HUERTAS: por medio del dibujo y la fotografiía intenta hacer una revisión crítica de lo que es llamado tradición.

FERNANDO UHÍA:  con referencia a la crítica de arte, propone unir las voces de todos para crear la cacofonía del mundo de hoy.

ÉDGAR GUZMÁN: plantea la estrecha relación de la arquitectura con el arte, cada día más perceptible en las ciudades.

HUMBERTO JUNCA: propone una mirada a las crudas realidades de hoy desde la frivolidad del entretenimiento.

BEATRIZ EUGENIA DÍAZ: cambia la percepción cálida y optimista de Bogotá por medio de los sonidos cotidianos .

JOHANNA CALLE: por medio de un complejo entramado de dibujos intenta demostrar que la imposibilidad de desentrañarlos es una metáfora de la realidad caótica de la sociedad actual.

ALBERTO BARAYA: su proyecto apunta a una profundización de su herbario de plantas artificiales y constituye una mirada que se mueve entre la violencia y la fe en la tierra que produce el caucho del sur del país.

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