Uno no es suficiente

Obra: Circundante; autor: Édgar Guzmán.

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La paradoja es que, frente a los pocos espacios que tienen en Colombia para mostrar su obra, los artistas de esta generación intermedia están empezando a ser reconocidos en los círculos internacionales. Nombres como los de María Fernanda Cardoso, Luis Roldán, Delcy Morelos, Nadín Ospina, Carlos Blanco, José Alejandro Restrepo y Rosario López, entre otros, están ganando terreno por fuera y, por ejemplo, los dos últimos fueron invitados por el curador de la Bienal de Venecia, Robert Storr, para la edición de este año, y Alberto Baraya a la Bienal de Sao Pablo. 

No obstante estos avances parciales y la seriedad de sus propuestas, los artistas que participan este año en el Premio Luis Caballero e incluso los que han estado presentes en las ediciones anteriores, no tienen hoy mayor repercusión precisamente por la falta de una exposición más permanente de su obra que no sólo tiene que ver con exhibir en galerías, sino con la carencia de escenarios institucionales e independientes que muestren su trabajo. Por ejemplo, Johanna Calle sólo entró en el circuito de las galerías el año pasado, cuando Casas Riegner hizo una exposición de su obra. "Me pareció increíble que no estuviera mostrando -dice Catalina Casas, directora de la galería-, pero es que ella era muy recelosa del trabajo de las galerías y justamente eso fue lo que creó tanta expectativa. Y su primera exposición fue todo un éxito no sólo aquí sino en las ferias internacionales".

Casas no coincide con la tesis de la falta de interés y de espacios para los artistas de la generación intermedia y tal vez se debe a que es una de las pocas que le ha apostado en forma clara a artistas con alguna trayectoria y mucho futuro, como Calle, Maria Fernanda Cardoso, Rosario López, Luis Roldán y Danilo Dueñas, entre otros.

El curador Jaime Cerón, quien lleva una década detrás del Premio Luis Caballero, cree que es necesario que otras instituciones le apuesten a este tipo de premios y abrir más espacios para que los artistas hagan exposiciones en la mitad de sus carreras. "Uno esperaría, por ejemplo, que el MamBo fuera el escenario natural de este tipo de propuestas -dice-. Pero la última fue la de Miguel Ángel Rojas, hace más de una década, y en la Luis Ángel Arango estas iniciativas no son tan recurrentes".

Son artistas con camino recorrido a los cuales no pueden hacerles cualquier tipo de propuesta o exhibir sus obras como exposiciones de relleno, como le sucedió a Beatriz Eugenia Díaz. El año pasado, por invitación de la curadora Natalia Gutiérrez, expuso por primera vez  una instalación sonora en la fundación Cu4rto Nivel, pero su experiencia fue desafortunada. "Por el miedo a perder plata, alquilaron la galería para lanzar unas joyas con mi obra allí -cuenta. Es el irrespeto mayor que he vivido y por eso me fui y la curadora renunció".

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