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"Ella hace lo que todos los artistas quisieran hacer, pero pocos pueden: combinar la materia con la poesía. Eso sólo lo logran Richter, en Alemania, y Doris Salcedo, en Colombia", dice Madeleine Grynsztejn, curadora del Museo de Arte Moderno de San Francisco. "Su nombre ha sido ejemplo de lucidez para la articulación entre lo local y lo global", asegura la artista y curadora Beatriz González. Y en un artículo del prestigioso diario británico The Guardian, el comentarista de arte escribió: "Todo su arte está marcado por un sentido de la historia de la Justicia. Pero, al mismo tiempo, es muy silenciosa y nada tiene que ver con los mensajes directos".
Son solo tres de los múltiples comentarios elogiosos que ha recibido Doris Salcedo a lo largo de 20 años de trabajo, hoy convertida en la artista contemporánea colombiana con más renombre internacional, cuyas sus obras hacen parte de las colecciones de importantes museos del mundo, y quien ha sido invitada al Turbine Hall de la Tate Modern de Londres.
Camisas atravesadas por una varilla de metal, en alusión a muertos y desparecidos por la violencia; enormes instalaciones públicas temporales, como las sillas que colgó sobre las fachadas sur y suroriental del Palacio de Justicia, los días 6 y 7 de noviembre de 2002, para recordar por medio de cada una de ellas a todos aquellos que murieron en la toma por parte del M-19; un mural de 40.000 rosas que, con la ayuda de voluntarios, hizo en la carrera 5ª con calle 28, frente de la casa del humorista asesinado Jaime Garzón; una estructura de cuatro pisos de sillas instalada en un lugar en ruinas en Estambul, en homenaje a los griegos y judíos que vivieron allí y que, perseguidos en 1942 por el Gobierno, terminaron sus días en campos de trabajo forzado, obra que presentó en la Bienal de 2003; el enrejado de las paredes de la galería londinense White Cube que generaba en los visitantes la ambigua sensación de estar encerrados sin estarlo, una referencia a los campos de concentración...
Elusiva con la prensa, sus obras, de fuerte contenido político, hablan por ella. Invitada por el Turbine Hall de la Tate Modern de Londres, la más reconocida galería de arte contemporáneo, es la primera artista no europea o estadounidense elegida para intervenir ese espacio, como ya lo hicieron artistas de la talla de Louise Bourgeois, Anish Kapoor, Juan Muñoz, Olafur Eliasson y Bruce Nauman.
CAMBIO logró que la artista autorizara la publicación de apartes de una charla cerrada que dio a estudiantes de Arte a finales del año pasado en el Museo Nacional, en la que toca temas como la tragedia y la memoria, de la necesidad de hacer público un dolor privado para que no se olvide y sobre la función del artista.