Abril 20 de 2007

En primera persona

De Doris Salcedo, invitada al Turbine Hall de la Tate Modern de Londres, se ha dicho mucho pero pocos saben qué piensa sobre la función del arte.

"Ella hace lo que todos los artistas quisieran hacer, pero pocos pueden: combinar la materia con la poesía. Eso sólo lo logran Richter, en Alemania, y Doris Salcedo, en Colombia", dice Madeleine Grynsztejn, curadora del Museo de Arte Moderno de San Francisco. "Su nombre ha sido ejemplo de lucidez para la articulación entre lo local y lo global", asegura la artista y curadora Beatriz González. Y en un artículo del prestigioso diario británico The Guardian, el comentarista de arte escribió: "Todo su arte está marcado por un sentido de la historia de la Justicia. Pero, al mismo tiempo, es muy silenciosa y nada tiene que ver con los mensajes directos".

Son solo tres de los múltiples comentarios elogiosos que ha recibido Doris Salcedo a lo largo de 20 años de trabajo, hoy convertida en la artista contemporánea colombiana con más renombre internacional, cuyas sus obras hacen parte de las colecciones de importantes museos del mundo, y quien ha sido invitada al Turbine Hall de la Tate Modern de Londres.

Camisas atravesadas por una varilla de metal, en alusión a muertos y desparecidos por la violencia; enormes instalaciones públicas temporales, como las sillas que colgó sobre las fachadas sur y suroriental del Palacio de Justicia, los días 6 y 7 de noviembre de 2002, para recordar por medio de cada una de ellas a todos aquellos que murieron en la toma por parte del M-19; un mural de 40.000 rosas que, con la ayuda de voluntarios, hizo en la carrera 5ª con calle 28, frente de la casa del humorista asesinado Jaime Garzón; una estructura de cuatro pisos de sillas instalada en un lugar en ruinas en Estambul, en homenaje a los griegos y judíos que vivieron allí y que, perseguidos en 1942 por el Gobierno, terminaron sus días en campos de trabajo forzado, obra que presentó en la Bienal de 2003; el enrejado de las paredes de la galería londinense White Cube que generaba en los visitantes la ambigua sensación de estar encerrados sin estarlo, una referencia a los campos de concentración...

Elusiva con la prensa, sus obras, de fuerte contenido político, hablan por ella. Invitada por el Turbine Hall de la Tate Modern de Londres, la más reconocida galería de arte contemporáneo, es la primera artista no europea o estadounidense elegida para intervenir ese espacio, como ya lo hicieron artistas de la talla de Louise Bourgeois, Anish Kapoor, Juan Muñoz, Olafur Eliasson y Bruce Nauman.

CAMBIO logró que la artista autorizara la publicación de apartes de una charla cerrada que dio a estudiantes de Arte a finales del año pasado en el Museo Nacional, en la que toca temas como la tragedia y la memoria, de la necesidad de hacer público un dolor privado para que no se olvide y sobre la función del artista.

Memoria de las víctimas

Para Salcedo, haciendo referencia al poeta Paul Celan, cuando un artista hace una obra es como cuando una persona escribe una carta a otra y luego la pone en una botella y la lanza al mar. "Si la carta llega o no su destinatario no es lo esencial, lo esencial es escribir la carta, es ese gesto de escribirla y de dirigirla a alguien. Por eso, trato de hacer una obra orientada hacia alguien en especial, es como hacerle una regalo a ese alguien".

Para la artista bogotana hacer una obra de arte implica un acto de generosidad con el 85% de los habitantes del planeta que viven en condiciones inhumanas. "La experiencia de esas personas que están en el borde de la vida, viviendo esa experiencia extrema en los epicentros de las catástrofes, en la miseria, en la indigencia, es la que realmente está definiendo el tiempo en el que vivimos". A ellas les rinde homenajes silenciosos y, asegura, vanos porque no alivian su pena, pero no obstante, lo hace para que nadie olvide el dolor, la pérdida y la ausencia de ese otro que son muchos.

En sus investigaciones en busca de una característica común a los seres humanos, encontró la respuesta en el filósofo Franz Rosenzweig, que considera que lo puramente humano aparece contundente en la tragedia. "Lo que nos caracteriza como humanos no se encuentra ni en las peculiaridades de la personalidad, ni en las diferencias de esa palabra horrible, raza; ni en las diferencias de religión, ni en las diferencias culturales. Se encuentra en nuestra condición humana, es decir, en nuestra vulnerabilidad".

La obra de Doris Salcedo siempre parte de la historia de una víctima que, dice, "es de poco interés para los historiadores o para el sistema judicial". Pero ella intenta, por medio de los relatos de sus familiares, recorrer sus pasos y recuperarla, aunque en un momento dado se desprende de esa historia particular para dar un salto y crear una imagen que pueda ser interpretada por cualquier persona en cualquier galería, museo o calle del mundo. Es allí cuando la tragedia privada se vuelve pública y los espectadores se encuentran en el dolor que es universal.

Recordar, como un esfuerzo deliberado de la memoria, para narrar y de esta manera impedir el olvido. "Si limitamos la memoria al acto de recordar, la convertimos en una memoria solitaria. La víctima, traumatizada, recuerda en soledad -sostiene Salcedo-. Como acto narrativo, en cambio, la memoria busca interlocutor y así se transforma en memoria social, en memoria colectiva, que es lo que nos atañe".

La función del artista

"Considero que la actividad primordial de un artista en época de crisis como la que estamos viviendo, es elaborar imágenes que posibiliten la articulación de una memoria cultural, basada en el conocimiento colectivo del pasado -dice Salcedo-. Pienso que es esencial trabajar, reelaborar, trabajar una y otra vez los sucesos históricos desde nuestra perspectiva actual. Rememorar es la principal tarea de un artista que vive en un país en guerra".

"Al enfrentar un hecho pasado cuyo recuerdo ha sido borrado de manera intencional, cuando los objetos y el sitio que llevaban las huellas de esa violencia han sido destruidos para imponer olvido, trato de convertir este olvido en presente y, más exactamente, en una presencia. Cuando no hay rastros físicos sólo queda una cosa, una fecha: 6 y 7 de noviembre de 1985. Una fecha para conmemorar".

 "Yo quisiera proponer un ser artista diferente, en lo discreto, en el silencio, en lo íntimo. No hay por qué figurar, el artista no tiene por qué ser un personaje público -dice con convicción-. Si yo me pongo por delante sería muy poco ético. Mi obra no es acerca de mí o mis experiencias, yo no soy más que una mediadora. En el momento en que yo aparezca en televisión y periódicos o dando charlas cada ocho días, desplazo a la víctima, que es quien está en el centro de mi obra. ¿Tengo yo derecho a desplazarla? No creo".

"La idea del artista creador está sobrevalorada y la inspiración no es más que un mito. El artista no se inventa nada, ni crea nada, ni juega a ser Dios creando. Tiene que saber filosofía, tiene que leer poesía, tiene que leer mucho, de todo...Las obras no se hacen en el aire, ni mirando revistas de arte o la publicidad de galerías. Las obras se hacen pensando y trabajando mucho y eso toma tiempo".


 

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2007 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.