En primera persona

Obra: Atrabiliarios, 1996-2004.

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Memoria de las víctimas

Para Salcedo, haciendo referencia al poeta Paul Celan, cuando un artista hace una obra es como cuando una persona escribe una carta a otra y luego la pone en una botella y la lanza al mar. "Si la carta llega o no su destinatario no es lo esencial, lo esencial es escribir la carta, es ese gesto de escribirla y de dirigirla a alguien. Por eso, trato de hacer una obra orientada hacia alguien en especial, es como hacerle una regalo a ese alguien".

Para la artista bogotana hacer una obra de arte implica un acto de generosidad con el 85% de los habitantes del planeta que viven en condiciones inhumanas. "La experiencia de esas personas que están en el borde de la vida, viviendo esa experiencia extrema en los epicentros de las catástrofes, en la miseria, en la indigencia, es la que realmente está definiendo el tiempo en el que vivimos". A ellas les rinde homenajes silenciosos y, asegura, vanos porque no alivian su pena, pero no obstante, lo hace para que nadie olvide el dolor, la pérdida y la ausencia de ese otro que son muchos.

En sus investigaciones en busca de una característica común a los seres humanos, encontró la respuesta en el filósofo Franz Rosenzweig, que considera que lo puramente humano aparece contundente en la tragedia. "Lo que nos caracteriza como humanos no se encuentra ni en las peculiaridades de la personalidad, ni en las diferencias de esa palabra horrible, raza; ni en las diferencias de religión, ni en las diferencias culturales. Se encuentra en nuestra condición humana, es decir, en nuestra vulnerabilidad".

La obra de Doris Salcedo siempre parte de la historia de una víctima que, dice, "es de poco interés para los historiadores o para el sistema judicial". Pero ella intenta, por medio de los relatos de sus familiares, recorrer sus pasos y recuperarla, aunque en un momento dado se desprende de esa historia particular para dar un salto y crear una imagen que pueda ser interpretada por cualquier persona en cualquier galería, museo o calle del mundo. Es allí cuando la tragedia privada se vuelve pública y los espectadores se encuentran en el dolor que es universal.

Recordar, como un esfuerzo deliberado de la memoria, para narrar y de esta manera impedir el olvido. "Si limitamos la memoria al acto de recordar, la convertimos en una memoria solitaria. La víctima, traumatizada, recuerda en soledad -sostiene Salcedo-. Como acto narrativo, en cambio, la memoria busca interlocutor y así se transforma en memoria social, en memoria colectiva, que es lo que nos atañe".

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