Carta de una desconocida

Cinco edades, cinco mujeres. Cinco mujeres que son la misma, narrando la más triste historia de amor. Esa que cuenta cómo ésta se enamora de alguien, lo conoce, lo seduce, lo disfruta, pare su hijo y éste ni siquiera sabe de su existencia. 

Pero ella no está llena de resentimiento, simplemente narra el absurdo de su situación, cómo a los 13 lo vio y decidió amarlo de por vida, soñarlo, añorar su pronto encuentro. La de 18, que un día lo reconoce y ya no le es suficiente adorarlo, ahora el deseo la invade y como se ha convertido en una preciosa mujer, lo seduce fácilmente. La de 24, aquella que cuenta cómo después de ese único encuentro, fugaz y apasionado, él sembró su semilla en ella, para siempre. La de 29, rechazada, excluida, empujada a la prostitución para poder sobrevivir, desolada, infeliz e intentando borrar esta historia de su memoria. Y la de 32, esa mujer fuerte que ha vivido demasiado, es la que carga todo el dolor, pero también sabe que lo único bueno de esta obsesión fue su hijo. Ella es el fin de su propia historia.  

Bien podría parecer un melodrama, pero nunca unas palabras de Stephen Sweig podrían serlo, además, resulta profundamente humana. Está tan bien narrada, la actuación de estas cinco mujeres es tan delicada y apasionada como lo requiere la emoción de lo que están contándole al público, que logran desgarrar en un muy equilibrado juego de palabras, gestos, risas y llantos que hacen de la obra algo magistral. La dramaturgia, dentro del género del teatro a domicilio, lleva a las actrices únicamente con sus atuendos, una mínima escenografía y su talento, a exponer esta historia en la casa de quien contrate esta suerte de confesión para pasar un rato distinto, realmente distinto, en la noche. Un deleite muy particular en donde el espectador alcanza a sentir la respiración angustiosa de la protagonista de turno y sus gritos avasallantes hacen imposible la huida. Allí está uno, el espectador, en medio de una increible historia de amor. "Me encantan las historias de amor, y ésta es una confesión maravillosa, el homenaje a una amor desconocido en la que seguramente todos nos podemos reconocer", concluye Manolo Orjuela, su director. 

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