Los nuevos cultos

Foto: Mauricio Moreno

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ALGUIEN QUE TENGA 40 años no podrá negar algunos libros fundamentales de juventud: El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger; Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato; El extranjero, de Albert Camus; El lobo estepario, de Hermann Hesse; Retrato de un artista adolescente, de James Joyce. Cada uno aborda problemas típicos de la adolescencia: la inconformidad con el mundo, el miedo a la soledad, la muerte, la búsqueda de un lugar en el mundo, la certeza de que existe algo qué hacer a pesar de que todo es mentira y de que el amor es un problema de poder y de perder el control sobre sí mismo.

Para Cristina Puerta, coordinadora del sello juvenil de editorial Norma, el fenómeno nació fruto de una adolescencia que, en 1968, vivió cambios fundamentales para el mundo, como la liberación femenina, la guerra de Vietnam, los conflictos raciales, las drogas y el jipismo. Todas estas transformaciones sociales produjeron un nuevo interés entre los jóvenes por una literatura que quebrara los caminos del bien trazados por Luisa May Alcott en Mujercitas o Charles Dickens en David Copperfield.

Sin embargo, sería difícil saber cuáles son los libros de culto de los adolescentes de hoy. Profesores y escritores están de acuerdo de que los grupos de lectores jóvenes son tan variados que es imposible generalizar. Juan Carlos Rodríguez, profesor de literatura de 10º y 11º del colegio Juan Ramón Jiménez, asegura que los intereses de sus alumnos son bastante disímiles. Algunos leen a J.R.R. Tolkien, con sus juegos de rol; otros están obsesionados con los poemas del cantante de The Doors Jim Morrison; a otros tantos les interesan los relatos sangrientos y rebeldes del español José Ángel Mañas; uno que otro es devoto de El decamerón de Boccaccio, y a muchos les encanta La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa; una mezcla que hace imposible agruparlos a todos bajo un mismo culto literario.

Esto no quiere decir que clásicos juveniles como Demian, de Hesse, y La metamorfosis, de Kafka, hayan quedado rezagados. Sin embargo, ahora compiten con una oferta mucho mayor en temas y preocupaciones, aunque el principio siga siendo el mismo. "Los problemas que tocan libros de iniciación siguen siendo los mismos de Oliver Twist: aprender que el mundo que nos pintan es pura mentira, pero, al final, hacer las paces con ese mundo", explica el escritor Ricardo Silva Romero, autor de Navidad en la Gran Vía y Tic, entre otras novelas. Antonio García, autor de Recursos humanos -ganador de la beca Rolex que apadrinó Mario Vargas Llosa-, opina por su parte que a diferencia de lo que sucede en la novela negra, donde el personaje pierde el norte pero siempre logra restablecer el orden establecido, lo fundamental de la novela iniciática es justamente nunca volver a ser el mismo luego de la lectura. "Los personajes tienen una pregunta existencial que se resuelve a lo largo de la trama y que definitivamente hace que no sean los mismos una vez pasan todas las peripecias narradas". Lo malo es que este tipo de libro ya la juventud no lo identifica tan claramente.

Los escritores saben que nada volverá a ser como antes y que aquella literatura erótica que tal vez hacía ruborizar hace unas décadas, ya no les produce ni sonrisas pícaras a los jóvenes de hoy, cuyos intereses varían permanentemente. Eso hace que hallar un tipo de libro que los emocione sea cada día más difícil.

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