Por Roberto Burgos Cantor
Hay libros que asumen los riesgos de montarse en la cresta de la actualidad y de realizar un esfuerzo conceptual por desembrujarla. Así es el del joven investigador Gustavo Duncan, quien sin caer en la jerga especializada y con un lenguaje no exento de elegancia ensayística asume el reto de construir un panorama sobre la violencia colombiana de hoy. Los señores de la guerra, libro subtitulado De paramilitares, mafiosos y autodefensas en Colombia, alienta la tesis, a la cual no le faltan demostraciones, de cómo Colombia desde la violencia llamada clásica no ha logrado desarmar los elementos que constituyen la justificación del conflicto. A partir de ahí es posible mostrar esa especie de renovada potencia que adquiere el fenómeno.
Sobre esa base el autor se empeña en demostrar cómo las autodefensas no pueden reducirse a un simple reflejo de respuesta contrainsurgente, ni a un mecanismo del narcotráfico, sino que en ellas existe toda una implicación en la configuración del Estado y la sociedad.
Pocos ensayos se han detenido en las consideraciones, de sumo interés por demás, referidas a las transformaciones culturales que la violencia ha producido en territorios o sociedades tradicionalmente atrasadas y cohesionadas alrededor de principios y valores si no arcaicos, por lo menos injustos. Entre ellos la educación, las creencias, la religión y el derecho. Una de las tesis más sugerentes del examen de Duncan es aquella que muestra la consolidación del poder local a partir de circunstancias históricamente anómalas. Se encuentran allí aspectos de autonomía y control económico que desvertebran cualquier intento de aplicación de políticas públicas.
Una virtud de Los señores de la guerra es abrir un espacio fundado a la polémica con participación amplia sobre un tema tan doloroso como urgente. De allí podrían afinarse conceptos como región y localidad y ahondar más los vínculos del poder central con las formas de dominación privada violenta. Por lo pronto el autor, con cierto optimismo estructural, espera que del ahondamiento de la democracia y el desarrollo de un capitalismo moderno surjan las condiciones de solución social. Mientras tanto, su augurio es desolador: se viene una recomposición impredecible en las formas de la coerción de los particulares en las regiones.
Los señores de la guerra
Gustavo Duncan
Planeta, 2007