Febrero 12 de 2007

Los tres de Venecia

Los artistas colombianos seleccionados para la 'Bienal de Venecia', hablan sobre el tema que proponen: la ausencia.

ÓSCAR MUÑOZ (1951), consagrado en la escena internacional por un trabajo de más de 30 años cuyo norte es la preservación de la memoria; José Alejandro Restrepo (1959), que en los últimos 10 años en la investiga el poder de la imagen y su connotación política por medio de la viodeointalación, y Rosario López (1970), que, obsesionada por encontrarle representación al vacío, ha desarrollado una nueva manera de ver la escultura, son los tres artistas seleccionados seleccionados para representar a Colombia en la LII Bienal de Venecia que se celebra en junio.

Los tres fueron escogidos por el curador de la Bienal, el reputado crítico estadounidense Robert Storr, porque su trabajo, desde ópticas y técnicas diferentes, coincide en una preocupación común: el hombre frente a sí mismo, a su desaparición, a sus reacciones frente a una imagen, frente a la desolación , el silencio y el vacío.

A pesar de que Storr es conocido por su hermetismo,  ha dado a conocer su posición sobre que para él debe ser el arte. Crítico del discurso de la posmodernidad por considerarlo ajeno al mundo de hoy, su mirada está enfocada en la crisis política internacional, como lo deó en claro en una conversación con la historiadora de arte española Anna María Guasch, en la que sostiene que las teorías contemporáneas, excesivamente radicales, podrían convertirse en amenazas tanto para el pensamiento como para las acciones concretas. "Ya no somos 'post-políticos', como tampoco estamos en la 'post-historia' -le dijo a Guasch-. Por el contrario, estamos viviendo la historia. Si queremos dar testimonio de lo que está ocurriendo y salvaguardarnos de las más nefastas consecuencias, necesitaremos rotundas imágenes y un lenguaje incisivo y eficaz".

Estas declaraciones permiten entender por qué la selección de los colombianos: sus obras responden a esta perspectiva, a este enfoque.

Hilo conductor 

José Ignacio Roca, curador de la pasada Bienal de Sao Paulo, encuentra semenjanzas entre las obras de los tres seleccionados que apuntan al mismo tema: la ausencia. "Uno podría pensar que con los tres hay una reflexión sobre la ausencia, sobre el vacío", explica Roca.

El trabajo de Óscar Muñoz apunta a   la construcción de una imagen que tiende a desaparecer y a la insistencia en no dejar perder las huellas de la memoria. En el caso de sus obras Re-trato, Biografías y Línea de vida -aún desconocida para el público-, la imagen se desvanece, se va por entre las manos, se evapora.

El trabajo de José Alejandro Restrepo es una reflexión de muchos años que él ha llamado Iconomía, una reflexión   sobre cómo el hombre oscila entre la fascinación con las imágenes y el impulso de destruirlas, y la forma como esto se manifiesta en la religiosidad popular y en la cultura de un país como Colombia que está en conflicto permanente.

En la obra Video Verónica, Restrepo apela al mito cristiano del manto de Verónica con la imagen de Cristo y lo trae a la escena contemporánea por medio de figuras femeninas que sostienen en su pecho la imagen de un ser querido secuestrado o desaparecido. Ahí también está la ausencia, la de alguien que no está.

En el caso de Rosario López, lo interesante es que su trabajo durante mucho tiempo ha sido la idea de las trampas de viento, de cómo asir eso imposible de atrapar, de sostener. La obra elegida, Abismo, es la bella historia de un desierto peruano donde corre el rumor, que es como el aire, de que van a construir una planta eólica . La gente llega a invadir el terreno y gracias a eso nunca construyen la planta. La consecuencia es un vacío sobre el vacío: el rumor que se desvanece, la planta de aire que no se materializa y la invasión, que es una ocupación del vacío y que, al mismo tiempo, impide que la planta sea una realidad. Es la obsesión del vacío la que se impone.

Falta ver con qué otras piezas  el curador Storr va aponer a dialogar las obras de los colombianos, pues de esa forma les creará nuevas perspectivas y lecturas.  

ÓSCAR MUÑOZ

PENSADOR DEL RECUERDO

"Pensando que la fotografía es el presente congelado de una persona, que implica un antes y un después, Biografías tiene un pasado y un presente que construyen una imagen reconocible, con facciones y rasgos propios de una fotografía que luego derivan en un después. Me gusta la idea de algo que sale de la tierra y vuelve a la tierra, que sale del fondo y vuelve al fondo; me gusta la fuerte relación que hay en mi trabajo con la idea de la muerte, de la ceniza, de la cosa calcinada y de la idea del agua como vida y movimiento, esa condición de inestabilidad y cambios constantes". 

 

JOSÉ ALEJANDRO RESTREPO

ICONÓFILOS VS. ICONOCLASTAS

"Trabajo sobre la validez de la representación. Qué es una imagen verídica frente a otra que no lo es porque es hecha con la mano del hombre. Es el debate bizantino en los ámbitos teológico, filosófico y artístico de cómo representar a Dios si es intangible, eterno e invisible, de cómo encerrarlo dentro del mundo de las formas. Esto, porque vivimos un tiempo inquietante en el que Dios les habla al oído a los presidentes, en el que hay guerras contra el mal y cruzadas santas. El fenómeno teológico político es un motor en pleno fragor.

Latinoamérica tiene, además, sus propias manifestaciones. Las luchas y las protestas sociales pasan por una serie de representaciones religiosas durante las cuales la gente se crucifica, se cose los labios, se entierra. Son formas de ejercer presión y de llamar la atención a partir de la iconografía católica. Es un mundo católico ambivalente, porque por un lado está una ideología de la represión y del sufrimiento, pero por el otro, todo un universo erótico y sofisticado en términos plásticos. Justamente esa ambigüedad es la que ha mantenido tan viva esa tradición".

 

ROSARIO LÓPEZ

METÁFORAS DEL VACÍO

"Cuando estaba haciendo una maestría en Inglaterra, visité diferentes locaciones en Bélgica y Holanda porque Londres me agobiaba. Buscaba un espacio abierto, no contaminado, donde esa relación del lugar con el sujeto fuera más plena. Comencé a hacer marcaciones en el paisaje, indicando el paso del viento por medio de pequeños límites (como triángulos de cuerda), con la excusa de señalar el vacío, una problemática que siempre aparece en la escultura.

Abismo, la obra que va a Venecia, concreta muy bien esta idea. Al tener -además de las fotografías del desierto en Perú- una casita de junco en la sala de exposición, le pongo al espectador la prueba fehaciente de que el vacío es una realidad y que no está tan lejos como en la foto. Quien mira dentro de la casita es consciente de ese vacío, porque lo rodea y se lo están mostrando, y  eso puede ser más angustiante, a pesar de que no hay agresión alguna en la obra".

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